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Buenos Días

Andando de pata de perro

Frases con las que las nuevas generaciones no están familiarizadas…

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Por cierto, a propósito del título, hace algún tiempo comentaba con una muy querida amiga sobre las frases con las que las nuevas generaciones no están familiarizadas… como esta “andar de pata de perro”, que incluso debe ser tan vieja como hacer del “2” agachado. Que yo recuerde esta frase se la escuché muy frecuentemente a mi abuela materna y ni se diga a mi madre. En dicha expresión va implícita la intención de irse a caminar sin límite alguno, para volver a casa solamente a comer o dormir. O sea, que de niños (que sí se podía andar por todo el barrio y hasta un poco más allá, caminando y de visita en las casas de los amigos sin que corriera uno peligro de ninguna índole), adolescente (ya llegaba uno más lejos) y ni se diga de mayor edad, se podía ir hasta donde uno quisiera y tardarse mucho tiempo y llegar a casa a deshora y encontrarse con la expresión en calidad de reclamo de: “¿Andabas de pata de perro?”. En exacta alusión a lo que hacían también las mascotas o perros callejeros que hacían sitio para dormir en alguna casa en aquellos ayeres (hoy hasta los pobres perros están sujetos a ya no llegar más a casa si se les permite andar de callejeros). Recuerdo muy bien a un perro que tuvieron mis amigos los Páramo Reyes, al que le llamaban “Cayser” (creo en alusión a algún emperador alemán). Y para que vean cuan bucólica era aquella época de la niñez en mi generación, el perro, no obstante andaba siempre de callejero y solo iba a la casa de mis amigos a comer y a dormir ¡Murió de viejo!, no atropellado ¡Y todos los chamacos jugábamos con el perro y éste nos identificaba a todos!

“MANAZO” O “SOBAR”
Otra expresión que el otro día utilicé con uno de los nietos de esta gran amiga, fue la de “manazo”, aquella amenaza de nuestras abuelas y autoras de nuestros días cuando por motivo de algún enfado que les habíamos provocado y que estaban a punto de tomar las cosas cuenta de ellas decían: “Te estás quieto o te voy a dar un manazo”. O sea, esto podía ser un golpe con la mano abierta en algún brazo o incluso en pleno “coco” o de plano se podía convertir en una cachetada guajolotera. Obvio, de inmediato ponía uno distancia de por medio, pues de que se podía cumplir tan temeraria amenaza ¡Se llevaba a cabo! Excuso decirles que no obstante se materializara, con una sobada del sitio donde se recibía el “manazo” con eso bastaba, no hubo jamás necesidad de psicólogo o analista alguno, pues además no existían (al menos en provincia). También la palabra “sobar” indicaba que le iban a dar a uno una “pela”, o sea, castigo de ser golpeado con algo, desde una chancla hasta un cinturón (tampoco nos traumatizamos cuando esto llegaba a suceder).

¡NI DE ADIVINANZAS SABEN LOS INFANTES Y CHAMACONES DEL PRESENTE!
En fin, ahí dejo este espacio, porque ya casi consumí esto y lo que les quería platicar era algo que he observado en mi periplo por la todavía bella Angelópolis –Puebla- (amenazo hacerlo mañana). ¡Y miren que hay un sinfín de expresiones tan caídas en desuso por motivos de la tecnología en que ahora estamos imbuidos, que sería una larga lista por citar!

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