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Opinión

Anatomía del pacto fiscal ¿Nos vamos o nos quedamos? – Primera Parte

El presidente tiene tal poder presupuestal que puede quebrar a un Estado si así lo quisiera: supongamos que se pelea políticamente con un gobernador de oposición y decide que a ese Estado le va a mandar menos dinero, así lo revienta económicamente hablando.

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Anatomía del pacto fiscal ¿Nos vamos o nos quedamos? - Primera Parte

Amira Ibrahim Ruano

El poder ejecutivo actualmente tiene en su poder el 80% de absolutamente toda la recaudación de impuestos y pide a gobiernos locales apoyos a sus empresarios cuando sabe que el presupuesto de ellos es el 20% restante.

Para dejarlo más claro: lo que se recauda en los Estados y municipios va directo al gasto del gobierno federal para los “proyectos” como Santa Lucía o Dos Bocas o el Tren Maya, cualquier proyecto sea cual sea.

Esta repartición 80/20 es el pacto fiscal que nace de un presidencialismo radical y absolutista: en 1978 se vivía en México una concentración notable del poder en la figura presidencial, pero ahora y entonces, el poder viene del dinero y el presupuesto, por eso aunque los gobernadores sean “autónomos” ante la ley, en realidad no lo son, porque su administración y presupuesto depende en enorme medida del presidente.

Y recordemos que el dinero que cae en manos del gobierno lo aportamos NOSOTROS, más bien nos lo cobra el servicio de administración tributaria, nuestro amigo el SAT, que recauda pagos de ISR, IVA, IEPS, aranceles en importaciones, etcétera.

De lo que obtiene el SAT, el presidente se lleva ¡el 97% de toda esta recaudación! y ¿qué toca entonces a los Estados de la República? bien, pues los Estados, y aquí tenemos que hacer la enorme diferencia entre Estados y municipios, se llevan el 2% con el “impuesto sobre nómina “ mientras que a los 2500 municipios del país les toca el “predial”, que representa el 1% de todo lo recaudado de ese gran 100% del cual el presidente toma el 97%.

Hasta aquí sólo hablamos de ingresos, pero ahora los egresos. El presidente dispone o se lleva, el 80% del total se reparte a su gasto federal mientras que el 16% se convierte en presupuesto estatal de cada entidad y el 4% es para esas 2500 administraciones municipales. Ahí tienen el 100% del presupuesto del país de todo absolutamente todo el dinero .

El presidente tiene tal poder presupuestal que puede quebrar a un Estado si así lo quisiera: supongamos que se pelea políticamente con un gobernador de oposición y decide que a ese Estado le va a mandar menos dinero, así lo revienta económicamente hablando.

Dejemos de ver al gobierno como si ellos generasen dinero, ellos recaudan dinero más no generan un peso y de lo que recaudan reparten.

Si los Estados fueran empresas estarían perdiendo cerca del 80% de sus ganancias, les regresarían el 20% y con ese 20% tienen que sacar la empresa adelante; pero ese 20% es un lujo porque a Coahuila sólo le tocó de regreso el 16% de su recaudación, todo lo demás se lo quedó el ejecutivo.

¿Ya entendimos cómo se gastan los impuestos? ¿Ya nos quedó claro qué le toca a cada quién? ¿Ya nos quedó claro que no podemos tener una ley de recaudación y distribución que fue creada en 1978 cuando había un partido político prácticamente autocrático? Pero sobre todo, y lo más importante que debería enseñar en las escuelas hasta que nos entre en la cabeza como el juramento a la bandera: “El Estado no genera dinero, recauda dinero y reparte dinero” No generan un peso y no es su función hacerlo, a ellos les toca la justa y sana recaudación y distribución pero ese es otro tema.

¿Quieren salvar la economía en México? olvídense de darle el 80% de todo lo recaudado a presidencia y menos en estos momentos; ¿Quieren salvarnos de una devaluación histórica? denle más poder a los gobernadores y cuando digo “poder” hablo de presupuesto, dinero y punto, entonces si el gobernador del Estado que quieran puede salvar a su Estado y así mismo aumentar el presupuesto de los municipios y así podrían salvar municipios.

Tenemos que entender que es demasiado el presupuesto que el presidente tiene en sus manos, por eso un error por mínimo que sea se convierte en una crisis y ya ni hablamos de la situación en la que estamos actualmente.

La naturaleza del pacto fiscal era sencillamente que la concertación del dinero fuera en el ejecutivo, siempre y cuando éste repartiera equitativamente por Estado. Romper el pacto fiscal es darle “la mayoría de edad a los gobernadores” serían responsables de su recaudación y de sus gastos, el tema se pone complejo cuando en un país con 60 millones de pobres este pacto “beneficia” a los Estados más pobres del país .

El problema para el ejecutivo viene cuando los gobernadores no están dispuestos a pagar locuras como refinerías o Santa Lucía, en pocas palabras, ya no estarían dispuestos a que ser ignorados para la repartición del gasto e inversión públicos, porque éstos salen de los impuestos que paga su población; políticamente hablando es quitarle poder económico al presidente y dárselo a los gobernadores.

Romper el pacto fiscal nos llevaría a una independencia y autonomía estatal que no conocemos, pero también podría disparar la pobreza en ciertos Estados de la República y si ponemos sobre la mesa cuánto aporta Nuevo León y cuánto aporta Oaxaca se complica aún más y no creo que este sea el mejor momento, desde un punto de vista humanitario.

Para romper el pacto hay un gran obstáculo y es que en medio de una pandemia se viene una crisis económica de dimensiones que asustan a los gobernadores, por ahora simplemente están optando por salvarse de decisiones económicas en donde no están siendo tomados en cuenta y el pacto tiene que ver más con lo mal que se está llevando la economía, esta es una guerra contra los “proyectos presidenciales” no es una guerra entre gobernadores.

Los Estados tienen que ser económicamente autónomos para poderse salvar, literalmente salvarse a sí mismos de errores presidenciales, esto es una manera de blindarnos a todos, ¡A TODOS!. Si en este momento los Estados tuvieran un presupuesto que los hiciera solventes, económicamente viables y autodeterminados, ¡AUTÓNOMOS! no estarían los empresarios más ricos de cada Estado preocupados por hablar con el presidente, estarían más bien hablando con sus gobernadores y sacando a cada Estado a flote a como fuera, pero si todos dependemos de una sola persona y esa persona pierde el control de la economía, se lleva al país entero entre las patas, se lleva consigo a los 32 Estados, a los 2,500 municipios, a sus empresarios y con ellos a todos sus empleados, sus familias, se lleva consigo a México.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.