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miércoles, marzo 3, 2021

Sí, las estamos matando

Sí, las estamos matando. Mujeres veracruzanas, víctimas de violencia de género analizan las condiciones de inseguridad, vulnerabilidad y olvido.

Mujeres veracruzanas, víctimas de violencia de género analizan las condiciones de inseguridad, vulnerabilidad y olvido que viven en una entidad y un país que se les viene encima con toda su fuerza machista.

Duele. Tal vez ya no a cada respiro, pero sí durante momentos. Constantes y largos momentos, que arriban un día no y tres sí. Son cicatrices que reverdecen en herida al menor golpe.

Pasaron casi tres años desde que Giovanna* vivió no sólo la peor noche de su vida, sino las horas que marcaron el derrotero de su existencia, hoy compleja luego de que un cobarde le arañara su alma, que no el espíritu.

“Creía que sería una noche cualquiera, como tantas. Pero al final sí fue diferente y cambió todo; aún no sé decir si lo peor fue durante, después ahora mismo… depende del día, de cómo amanezca”, explica desde un refugio a más de 500 kilómetros del sur de Veracruz, su casa.

Giovanna, con 20 años a cuestas, burló la muerte una noche de primavera del 2019; pero si bien no perdió la vida, sí quedó con un boquete emocional, profundo y que recién hoy, tras casi un año de terapias y procesos ocupacionales comienza a tapar.

“Me violaron. Y me violó alguien muy cercano, alguien a quien quería y que creía era bueno; y lo peor tal vez fue que nadie me creyó, nadie, pues hasta mi familia reconoció que con la vida que según ellos llevaba  pues me metía en cosas raras. Prácticamente me culparon y me tuve que ir y terminé aquí después de andar vagando sola, en la nada, sintiéndome basura”.

Mujeres veracruzanas víctimas de violencia

Mujeres veracruzanas víctimas de violencia

Giovanna es una de las miles de veracruzanas afectadas  por una ola de violencia que creció exponencialmente los últimos dos años y que parece no tener fin, ni explicación, siquiera planes para frenarla por parte de unas autoridades atadas de manos por su propia incompetencia.

Tan sólo en 2019 en Veracruz, 677 mujeres denunciaron actos de violencia en su contra. Un número grande, sin duda, pero también simbólico, pues las víctimas reales se multiplican dramáticamente; de acuerdo con organizaciones de la sociedad civil, más del 90% de las víctimas no denuncian.

“¿Denunciar? No lo volvería a hacer ni volviendo a nacer. Fue mi peor decisión y por eso tuve que irme del estado, por haber cometido el error de confiar en las autoridades. No sólo, a pesar de las pruebas, hicieron por detener a mi agresor, sino que me revictimizaron de diversas maneras: filtrando a la prensa mis imágenes, juzgando mis acciones, exponiéndome todo el tiempo… El miedo de una víctima es doble, porque debe cargar con lo que le hicieron y con el papel de las autoridades”, dice Karla*, hoy ya graduada como licenciada en psicología, pero hace un par de años víctima constante de agresiones sexuales.

Para Karla, quien realiza terapias con víctimas de agresiones sexuales o intentos de feminicidio en redes de refugios y en asociaciones alrededor del país, los números ya terribles que la autoridades presenta y en ocasiones presume, no tienen nada qué ver con la realidad.

“Estamos hablando de que si sólo denuncia una de cada nueve, entonces la realidad nos golpea más duro de lo que creemos. En este país, ir a un ministerio público, enfrentarte a la burocracia policiaca y jurídica es el espinoso camino a la revictimización. Y no digamos en estados como Veracruz, con un machismo arraigado hasta la médula del sistema político, social y judicial”, añade.

Agresiones sexuales o feminicidios

Agresiones sexuales o feminicidios

Veracruz roto

“Hacemos lo que hay que hacer: seguir. ¿Tenemos opción”, pregunta Amparo*con una serenidad que asombra para unos 18 años que se revelan en una voz tenue, pero precisa.

A través de la pantalla de la computadora no parece expresiva, pero su resilencia podría cortarse con cuchillo incluso en un mundo virtual: violada, Amparo debió abortar en la Ciudad de México con ayuda de sus padres, los únicos que la sostienen desde el día de la desgracia. Para el resto es poco más que una apestada.

“Tal vez es que  los veracruzanos tenemos una doble moral y por eso nos asusta lo diferente, por eso juzgamos tan duro y no resolvemos los problemas y entonces sigue pasando (la violencia de género) y seguirá porque nadie hace nada porque prefieren pensar en estupideces”, cita con palabras apresuradas para narrar una realidad a la que lo simple no le quita lo brutal.

Una entidad donde los últimos tres años se perpetraron más de 4 mil delitos de género, o donde desaparecieron 277 mujeres tan sólo en 2019, no puede rechazar que es uno de los peores lugares para ser mujer. Aunque lo peor, insiste Amparo, es que nadie mueve un dedo para revertirlo.

“¿Qué se ha hecho? Nos siguen matando, a algunas en realidad las dejan tres metros bajo tierra, pero a muchas otras como a mí, nos matan en vida. Y quieren que luego estamos sonrientes y que entendamos que para ellos todo debe volver a la normalidad. Al final, la culpa es nuestra para el resto”.

El debate de la violencia de género ciertamente no logra alcanzar su cénit en la entidad. Pese a la emergencia de los feminicidios (277 en 2019: una tasa 160% superior a la nacional, lo que convierte a Veracruz en el número uno del país), el debate se centra en si la anterior fiscalía llevaba bien las cuentas, mientras una tras otra, las víctimas aparecen día y noche.

“Como mujer vales menos. Ese es el mensaje que creo nos han enviado los gobernantes, de uno y otro color. Veracruz está roto y no quieren enterarse, porque nos han dejado solas, nos han usado, nos han insultado y siguen viéndonos como parte de su mundo, pero una parte obligatoria, no una equitativa”, dice Karla.

Violencia de género

Violencia de género

“Sin ti todo está mal”

A Dolores todo le duele, hasta el nombre. Y le duele porque quisiera ser otra persona, otra mujer, no una veracruzana que huyó de su pueblo ante la burla, ante la consigna, ante el señalamiento brutal de una sociedad falocéntrica que no le deja, y mucho menos le comprende.

Dolores perdió dos veces porque no sólo fue atacada sexualmente por un par de sujetos, sino que vio a su prima, dos años menor que ella pasar por lo mismo; ocurrió todo una noche que decidieron salir. Y entonces la responsabilidad de lo ocurrido con la prima pasó a las manos frágiles de Dolores.

“Y me tuve que ir de mi pueblo, así nomás porque quedarme era vivir ya siempre como la apestada. A nadie le dolió lo que pasó como a mí, más por mi primita, porque uno se jode y se levanta, pero no se puede levantar si se jodió algo más, a alguien más”.

Muerta en vida, Dolores sólo encontró razones para continuar en las amistades que construyó entre otras víctimas, en un puño de las decenas de miles de mujeres caídas en una guerra a la que les sometieron sin siquiera permitirles defenderse.

“Desde ese día no he vuelto (a Veracruz). Y no quiero porque sin ella todo está mal. Ya no pertenezco más allá. El problema es que tampoco sé si quiera si me pertenezco a mi porque pues sigo rota”, añade, quebrándose.

Duele Dolores, como todas, como tantas que siguen vulnerables, como cientos y miles que permanecen como potenciales víctimas ante una autoridad indolente y una sociedad que prefiere voltear hacia otro lado en lugar de señalar la crisis brutal que viven las veracruzanas.

Porque sí. Las estamos matando.

* Nombres ficticios por petición de las entrevistadas

Herramientas:

“Me violaron. Y lo peor tal vez fue que nadie me creyó, nadie. Prácticamente me culparon y me tuve que ir”.

“Nos siguen matando, a algunas en realidad las dejan tres metros bajo tierra, pero a muchas otras como a mí, nos matan en vida”.

“No sólo, a pesar de las pruebas, (las autoridades) hicieron por detener a mi agresor, sino que me revictimizaron de diversas maneras”.

Veracruz:

4 mil delitos de género en los últimos tres años 277 feminicidios tan sólo en 2019 Tasa de feminicidios 160% arriba de la nacional 677, mujeres denunciaron agresiones el año pasado.

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