sábado, octubre 16, 2021
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Fundación Yépez: La trascendencia y el legado de una causa

Por: Andrés de Jesús Palacios Sarabia

La protección de las especies en peligro no es algo nuevo. Muchas familias han realizado grandes esfuerzos para asegurar la conservación de especies que incluso son parte de nuestra identidad el día de hoy.

Ricardo Yépez Gerón es el director general de Fundación Yépez, una organización ambiental que se dedica a la protección y conservación de las tortugas marinas, y a la reversión del daño y restauración del equilibrio ecológico.

Ricardo es hijo de una pareja de pescadores; de una familia común, sencilla, ordinaria como muchas en el estado de Veracruz.

“Tuve la… no sé si fue fortuna, privilegio o desgracia, de ser hijo de ambientalistas porque es un precio muy alto a pagar”, nos comenta Ricardo.

Pioneros en la protección de tortugas marinas

“Ricardo es una persona afortunada y con un gran reto a vencer, y que heredó uno de los legados más importantes, pues la encomienda que dejaron mis padres trasciende y va más allá de ellos mismos.

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Los padres de Ricardo fueron los fundadores y pioneros en la protección de tortugas marinas en la zona centro-norte del Golfo de México. Este proyecto se remonta a hace más de 50 años cuando el padre de Ricardo, Don Marcelino Yépez, comenzó cuidando y protegiendo un lagarto cola amarilla que fue un regalo de su abuelo.

Lamentablemente, personas de su comunidad empezaron a cazar estas especies hasta que un día mataron a su mascota. Este hecho lo lastimó mucho, por lo que decidió mudarse y colocar una pequeña choza de madera.

Él era pescador, y una vez vio a una tortuga lora salir del mar con una caña de pescar enredada en su aleta justo debajo de su palapa. El padre de Ricardo decidió cuidar a esta tortuga y hacer un compromiso con ella, decisión que daría lugar a la creación de Fundación Yépez; así comenzó la lucha de su familia.

Después de 15 años de sacrificios y dedicación, nació el primer campamento tortuguero de protección y conservación marina fundado por los padres de Ricardo.

Fundación Yépez busca la educación ambiental

Su familia está convencida de que el único objetivo para lograr la meta del cambio es la educación ambiental. Es una organización que busca proteger y cuidar el esfuerzo de toda una vida y el conocimiento que se adquirió y se aprendió durante tantos años.

Esta labor de protección y conservación de tortugas va más allá de la familia de Ricardo; ha logrado trascender con el tiempo a la vez que ha impactado a muchas personas en toda su historia.

“Hemos recibido a personas adultas de mi edad que conocieron a mi padre, y me dijeron: ‘Tu padre me marcó cuando yo tuve la oportunidad de conocerlo’. Tengo amistades que mi papá los atendió cuando eran niños y que hoy están regresando con sus hijos, y me dicen ‘hoy traigo a mi hijo para que pueda vivir esta experiencia’”.

Las tortugas marinas son el centro de la fundación

Las tortugas marinas han sido el centro de estos esfuerzos. La primera problemática a la que se enfrentaron fue la caza, pues no existía un marco regulatorio que las protegiera.

“Ese fue el reto más grande: tener que luchar contra tu propia comunidad para evitar la matanza de estos ejemplares”.

Después descubrieron otra problemática: la pesca incidental. “La mayor cantidad de muertes que se han registrado en franjas costeras a través de los años han sido provocadas por la pesca incidental”.

En el presente se enfrentan a un desafío muy fuerte que es la invasión de su hábitat. Las tortugas y el cangrejo azul tienen la necesidad de regresar al mismo lugar en donde nacen.

Sin embargo, todas sus colonias están empezando a ser invadidas debido a la tala de manglares y la falta de pasos de fauna para su protección, por ejemplo.

“Tienen que hacer lo que su información genética les dice, pero cuando regresan, encuentran a Boca del Río, la carretera, hoteles, construcciones, turismo y vehículos en franjas costeras. Lo que nos indica la estadística de disminución de la especie es que, de 10 mil bebés que se reintegran al océano, solo sobrevive uno”.

Resultado de 40 años de trabajo

Antes de la pandemia, Fundación Yépez recibía entre 8 mil y 9 mil niños al año que se educaban y sensibilizaban en cuanto a la protección y conservación de las tortugas.

“Es importante que descubras y entiendas primero cuál es la problemática, pues cuando te tomas el tiempo de explicar la situación y empiezas a tocar el corazón, mente y alma de las personas, logras transformar su manera de pensar y romper estos paradigmas”.

Este resultado ha sido fruto del trabajo de toda una vida que ha costado mucho esfuerzo, sacrificios, e incluso vidas humanas.

“Yo vi de niño agarrarse a machetazos a mi papá salvando una tortuga marina. Vi cómo mataron a mi padre en la playa, cómo lo golpearon, y cómo me lo quitaron”.

Una tortuga marina alcanza la madurez entre 20 a 40 años. De acuerdo con las estadísticas que manejan, desde las primeras reintegraciones que se hicieron, la población de tortugas marinas incrementó alrededor de un 200% hasta la fecha.

“Lo que tenemos hoy es el resultado de lo que se sembró hace más de 40 años atrás”.

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