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jueves, septiembre 24, 2020

Medicina: peligrosa y deshumanizada

Liderando el movimiento

Liderando el movimiento: Cortesía del Dr. Alexander O. Krouham.

Exitoso Campeonato Estatal de Fundamentos de Gimnasia Rítmica

Asociación Veracruzana agradece apoyo del IVD.

Emociones: ¿debilidad o biología?

Emociones: ¿debilidad o biología?. Artículo cortesía del Dr. Alexander O. Krouham.

El fino control entre glucosa y estrés

Glucosa y estrés. Artícula cortesía del Dr. Alexander O. Krouham.

Desmitificando obesidad, resistencia a insulina y diabetes

Artículo cortesía del Dr. Alexander O. Krouham.

Dr. Alexander O. Krouham

No hace tanto tiempo que el médico era una figura respetada por la sociedad. Guía y confidente, no siempre tenía la capacidad de curar pero siempre sanaba. Tristemente esto ha cambiado. Los sistemas de salud, los intereses económicos de las compañías aseguradoras, farmacéuticas, alimentarias y agropecuarias, la tecnificación y el rezago en materia educativa en la formación de profesionales de la salud, han acabado con la relación médico – paciente.

Además, las enfermedades que hoy padecemos no son las mismas de antaño y el planeta que habitamos es mucho más tóxico de lo que era apenas hace unas cuantas décadas. Ante estos retos cualquier otra industria se habría adaptado, por el simple temor de perder su vigencia y desaparecer. La medicina occidental no. Los médicos, en su infinita arrogancia creen saberlo todo, siguen practicando como lo hacían en el pasado y tratan al paciente de manera paternalista, sin hacerlo partícipe en la toma de decisiones concernientes a su propio cuerpo. Los casos de Miguel y de Gabriela, víctimas del modelo actual de atención médica, ejemplifican esta situación:

Miguel, de 29 años al inició de sus malestares en junio de 2005, un mes después de emprender un nuevo negocio y en un momento de estrés adicional por problemas de salud de su hija y esposa. Al otro día de hacer ejercicio presentó fuertes dolores en todo el cuerpo, mismos que semanas después se asociaron a severas inflamación y rigidez de articulaciones.

Después de muchos meses la situación se tornó intolerable, limitando y afectando de manera dramática su calidad de vida. Fue evaluado por múltiples especialistas, ortopedistas y reumatólogos, quienes lo etiquetaron con diagnósticos diversos, desde artritis reumatoide hasta lupus eritematoso sistémico. Radiografías, estudios de laboratorio, medicamentos de todo tipo (incluyendo cortisona, mediadores inmunológicos y fármacos biológicos) e internamientos hospitalarios fueron inútiles. El cuadro progresó agregándose fiebre, vómitos, importantes dolores de cabeza, gran cansancio y recurrentes infecciones respiratorias, digestivas y urinarias que eran tratadas con grandes cantidades de antibióticos.

El caso de Gabriela fue todavía peor. A los 29 años dejó de fumar, en una etapa de su vida de mucha tensión nerviosa por problemas de pareja y diagnóstico de cáncer en ambos padres. Como consecuencia de esto aumentó significativamente de peso e inició con síntomas gastrointestinales caracterizados por náusea, vómitos frecuentes e importante distensión abdominal. Por endoscopía se le diagnosticó hernia hiatal, a la que erróneamente se le atribuyeron todos los malestares, y se le sugirió someterse a una cirugía para reparar esa alteración.

A partir de esa intervención lo que Gabriela vivió fue una historia de terror. En el lapso de unos cuantos meses la operaron 8 veces más (para quitar la vesícula biliar, sellar una perforación del esófago, retirar el apéndice, hacer una traqueostomía, drenar una colección de sangre dentro del abdomen, reparar la pared abdominal, etc.), tuvo 2 paros respiratorios, le transfundieron múltiples unidades de sangre, le administraron muchos antibióticos y pasó una larga temporada en el hospital.

Durante casi 12 años ningún médico consideró importante escuchar a Miguel, realmente escucharlo. Si lo hubieran hecho se habrían enterado de que en su juventud, de los 12 a los 18 años de edad, estuvo muy expuesto a fertilizantes, en promedio 4 a 5 veces por año; que entre los 12 y 29 años sufrió de rinitis alérgica matutina; y que su lugar de trabajo es una húmeda bodega sin ventilación a la que diariamente entran camiones por la mañana dejando un intenso olor a diesel que se concentra y persiste por muchas horas.

Sabiendo esto se implementaron tratamientos específicos para revertir anomalías de la permeabilidad intestinal y para desintoxicación por metales pesados y se dieron recomendaciones para modificar su entorno laboral. Lo que no había sido posible con 12 años de fármacos se logró en apenas 7 meses, todos los síntomas desaparecieron. Hoy, más de año y medio después, Miguel se encuentra en muy buenas condiciones de salud y sin limitaciones físicas de ninguna especie.

Por lo que concierne a Gabriela su problema nunca debió de haberse abordado con cirugía. Desde niña había padecido de rinitis alérgica y asma, en su adolescencia presentó trastornos tiroideos que se reactivaron poco antes de empezar la crisis digestiva, unos años antes había sufrido de frecuentes infecciones de vías respiratorias que se trataron con diversos antibióticos. Todas estas circunstancias, además del estrés y el aumento de peso, explicaban su condición y debieron manejarse de otra forma. Se le puso al borde de la muerte y, 6 años después, no termina de recuperarse de los efectos adversos de los tratamientos y del desgaste secundario a todas las complicaciones. Es cierto que en medicina existen riesgos, pero es inadmisible que por ignorancia o codicia el médico ponga en peligro la vida de una persona.

El enfoque específico en la enfermedad, en lugar de en la salud y el equilibrio, la visión reduccionista que fragmenta a la persona en órganos y sistemas y no en el reconocimiento de la interacción entre sistemas biológicos y la percepción de que los problemas de salud tienen una sola causa y, por lo mismo, requieren de una única modalidad de tratamiento son producto del pensamiento filosófico del siglo XVII y del surgimiento de la microbiología a fines del XIX.

El modelo actual de la práctica médica fue muy efectivo para resolver los problemas agudos de salud como infecciones, trauma y cirugía, pero es inútil para enfrentar las enfermedades crónico degenerativas que hoy abruman y exceden las capacidades de los sistemas de salud en todo el mundo.

Estos padecimientos, como obesidad, diabetes, trastornos cardiovasculares, cáncer, artritis, demencia y otros, tienen orígenes multifactoriales y de manera natural evolucionan hacia el deterioro. Para tratarlos y revertirlos, y no sólo controlarlos, requerimos de un modelo diferente; la Medicina Funcional es la respuesta. Gracias a ella Miguel ha quedado curado y Gabriela tiene ahora una genuina oportunidad de recuperarse.

El símil más cercano de lo que representa la salud lo vemos día a día en la naturaleza, donde cada evento es producto de una serie de circunstancias perfectamente vinculadas entre sí y que operan con precisión absoluta. Sólo la mano del hombre ha podido interferir e impactar en esos procesos, y con consecuencias terribles.

De la misma forma, la Medicina Funcional reconoce que el organismo tiene sus propios mecanismos de auto sanación por lo que su objetivo fundamental consiste en restablecer el equilibrio identificando aquello que le falta y lo que le sobra al organismo. Recuperando y fortaleciendo la relación médico – paciente obtiene la información necesaria para determinar el origen de las desviaciones, corregirlas y recobrar el bienestar.

El estado propio del ser humano es la salud y si la hemos perdido no es obra de la casualidad. Salud no equivale a ausencia de enfermedad sino a la condición de plenitud física, mental y emocional que todos deberíamos alcanzar. Con la Medicina Funcional es posible lograr esta meta y a través de ella trabajamos para mejorar la calidad de vida de las personas y para “Devolverle la Salud a México”.

Para más información del tema visita Vita Plenus

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