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jueves, septiembre 24, 2020

Entre engaños y villanos

Liderando el movimiento

Liderando el movimiento: Cortesía del Dr. Alexander O. Krouham.

Exitoso Campeonato Estatal de Fundamentos de Gimnasia Rítmica

Asociación Veracruzana agradece apoyo del IVD.

Emociones: ¿debilidad o biología?

Emociones: ¿debilidad o biología?. Artículo cortesía del Dr. Alexander O. Krouham.

El fino control entre glucosa y estrés

Glucosa y estrés. Artícula cortesía del Dr. Alexander O. Krouham.

Desmitificando obesidad, resistencia a insulina y diabetes

Artículo cortesía del Dr. Alexander O. Krouham.

Dr. Alexander O. Krouham

Ancestralmente la medicina se caracterizaba por ignorancia e impotencia, estaba limitada y tenía poco o nada que ofrecer. Sustentada en un pensamiento mágico y místico, atribuía la enfermedad a “miasmas y humores”. En este escenario pensaríamos que la comunidad médica estaría ávida y abierta al conocimiento que la iluminara, pero no fue así.

Tomó siglos de observaciones, experimentos y polémica para que la razón se abriera camino. Hubieron de ocurrir las primeras visualizaciones microscópicas y descripciones de bacterias en los 1600, la creación de la primera vacuna en los 1700, la demostración de la falacia de la generación espontánea y la confirmación de que las bacterias si afectaban la salud a fines de los 1800, para que la medicina comprendiera el origen de la enfermedad.

Fue una revolución. Con el advenimiento de los antibióticos por primera ocasión el hombre tomó el control sobre su cuerpo y prolongó su longevidad. No obstante, la fiesta duró poco.

La mayor sobrevida, la contaminación de tierras, mantos acuíferos y el aire, el daño de la atmósfera, la exposición a una gran diversidad de tóxicos, los alimentos procesados y los efectos adversos de muchos de esos medicamentos que nos prometían salud, nos enfrentaron con otra realidad. Conforme mayor afluencia han alcanzado las sociedades, las enfermedades infecto-contagiosas son reemplazadas por las crónico-degenerativas como sus principales causas de muerte, de sufrimiento prolongado en pacientes y familias y del desequilibrio de las finanzas públicas.

En el México de hace sólo 30 a 40 años la mayor mortalidad provenía de gastroenteritis infecciosas y de neumonía e influenza. Hoy es por diabetes mellitus, enfermedades cardiovasculares, eventos cerebrovasculares, hipertensión y cáncer. El problema es que el sistema de salud imperante en el mundo occidental no está diseñado para lidiar con estos padecimientos. Invertimos fortunas en infraestructura médica y campañas de comunicación para concientizar a la población pero los resultados son mediocres y nuestras sociedades están cada vez más enfermas.

El caso mexicano es un ejemplo. Somos la 15ª economía global y la 2ª en América Latina. Sólo 4% del PIB proviene del sector agrícola, 63% de servicios financieros y turismo y 33% de las industrias automotriz, petrolera y electrónica. El PIB ampliado del sector salud es de 1,229,703 millones de pesos, 5.6% del PIB total (a 2017). Son cifras de una nación desarrollada, sin embargo, según la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) nuestras estadísticas son terribles:

  • Asignamos el gasto público más bajo en protección social de los 36 países, 7.9% del PIB contra el promedio de 21.6%.
  • Para salud presupuestamos el 6.2% del PIB, 1,048 USD per cápita (pc), versus el 8.9% y 3,453 USD; sólo Chile y EUA están por debajo de México pero sus sistemas privados de atención médica son mucho más desarrollados que los nuestros.
  • 9% de ese presupuesto es gasto administrativo, el más alto de la OCDE.
  • Nuestro gasto de bolsillo para servicios médicos es del 45%, equivalente al 4% del total disponible para los hogares, el mayor de la OCDE.
  • Tenemos la menor cantidad de hospitales públicos versus privados.
  • Ocupamos el 2° lugar mundial en obesidad del adulto y 1° infantil.
  • 9% de los adultos mexicanos tienen diabetes, el promedio de la OCDE es 6.9%.
  • Presentamos la mortalidad más alta por infartos cardiacos y eventos cerebrovasculares y la expectativa de vida más reducida y con menor incremento en casi 15 años.

La situación es grave y no se revertirá vertiendo más dinero de las arcas nacionales, es un tema de valentía para cambiar el sistema, cultura, educación y responsabilidad.

Sin importar el sector en el que laboren, las empresas tienen que buscar sustentabilidad y crecimiento financiero velando por los intereses de sus accionistas. El que en algunos casos sus productos e influencia impacten la salud social implica un gran compromiso, que muchas no asumen por privilegiar sus economías. Hay un sinnúmero de prácticas antiéticas de la industria para incrementar sus ventas, en menoscabo de la salud de los consumidores. Ejemplos:

Nuestra salud depende, entre otras cosas, de lo que comemos y, por ende, de lo que comió lo que comemos. Se nos miente cuando afirman que la res, el cerdo, el pollo y el pavo, son de libre pastoreo. Los animales se encuentran hacinados en condiciones de inmovilidad, se les alimenta con granos que no constituyen su dieta natural y que fomentan obesidad (para aumentar el precio de venta) y se les administran antibióticos y hormonas sexuales que también incrementan su masa corporal.

Con el fin de mantener sus tierras productivas la industria agrícola evita periodos de barbecho y utiliza abundantes fertilizantes y pesticidas sin importarle la pérdida de calidad y concentración de nutrientes ni los riesgos de toxicidad para los consumidores y el medio ambiente. Recurre a semillas genéticamente modificadas y rocía químicos como el glifosato (Roundup) para secar los granos días antes de cosecharlos para aumentar el volumen recogido. Deshidrata y almacena sus productos durante largos periodos según convenga a sus intereses comerciales, sin importar lo que suceda con su contenido nutrimental.

La industria alimentaria se colude con la agropecuaria a través de subsidios que promueven la siembra de granos utilizados para la producción de elementos como el jarabe de maíz de alta fructosa, determinante de la epidemia de obesidad que hoy nos azota. Dado que el azúcar es más adictiva que la cocaína, muchas compañías la incluyen en la elaboración de sus alimentos para fomentar mayores ventas. Además, manejando maquiavélicamente los medios de comunicación manipulan y engañan al público creando mercados de consumo y tergiversan la información científica para exonerar a sus productos de la generación de enfermedades.

También la historia de las farmacéuticas es tenebrosa. Literalmente secuestraron a la comunidad médica estableciendo las normas de cómo debía de practicarse la medicina y limitando la oferta terapéutica al uso exclusivo de fármacos. Habiendo allanado el camino deciden qué se estudia, qué se financia y manipulan los resultados a su favor. Engañan a la gente ensalzando las virtudes de sus medicamentos pero ocultando o minimizando sus efectos negativos. Indoctrinan a los médicos hasta convertirlos en fieles clientes y agreden ferozmente a todo aquel que se les opone o que pretende recurrir a otras opciones de tratamiento.

La historia es larga y el recuento de canalladas muy extenso pero existe otra opción, la Medicina Funcional. Se trata de un nuevo modelo de atención médica que pone al centro al individuo reconociendo el papel que juegan sus hábitos de vida y el medio ambiente en la aparición de enfermedad. Educa y empodera a la persona para tomar las decisiones correctas para recuperar y preservar su salud, rompiendo las ligas que lo atan al sistema convencional impidiéndole alcanzar su máximo potencial. Este sistema es ya una realidad, pero antes de hablar de él debemos comprender las raíces de la problemática que enfrentamos.

Para más información del tema visita Vita Plenus

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