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Medicina Funcional

Emociones: ¿debilidad o biología?

Emociones: ¿debilidad o biología?. Artículo cortesía del Dr. Alexander O. Krouham.

Publicado

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Dr. Alexander O. Krouham

Como latinos nos cuesta comprender que en muchas sociedades las señales de afecto y el mostrar emociones no sean cosa bien vista. Por el otro lado, nuestro machismo genera conductas y juicios aberrantes. Inculcamos conceptos equivocados como “los hombres no lloran” o, quienes valoran la posición femenina, “la mujer tiene que ser fuerte y no dejarse oprimir por nadie”. Las reglas sociales funcionan como una camisa de fuerza que crea convencionalismos con el único propósito de limitar la espontaneidad y controlar las relaciones interpersonales.

Palabras como depresión, ansiedad y angustia se han convertido en parte del léxico cotidiano; incluso, por enfermo que parezca, en algunas circunstancias se utilizan como reconocimiento a quien ha entregado un esfuerzo superior a la causa. En algunos ámbitos ser perfeccionista y pasar largas horas en la oficina se consideran virtudes.

El problema se hace todavía más complejo dado que las generaciones jóvenes tienen poca tolerancia a la frustración, requieren de gratificación inmediata y que, en muchos países como es el caso del nuestro, el fracaso no es bien apreciado. Si a todo esto sumamos la velocidad con la que avanza la humanidad y el gran reto que representa la simple subsistencia, entonces es fácil dimensionar el grado de estrés que hoy padecemos.

El estrés es parte de la vida, eso no se cuestiona, el tema es cómo lo afrontamos y las consecuencias que tiene para nuestra salud. Las preguntas del cuestionario en el artículo de “Estrés y Adaptación nos orientan a definir su impacto y la capacidad de sobreponernos a él.

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El encabezado de esta sección plantea que el estrés puede ser mental y emocional. ¿Qué diferencia? El primero es producto de desequilibrios químicos, hormonales e inmunológico – inflamatorios, mientras que el segundo deriva de la forma en la que vemos la vida, nuestras creencias y código de valores. Esta no es una distinción semántica pues se trata de trastornos que deberán abordarse de maneras distintas; por más intentos que hagamos, las anomalías biológicas no se revertirán con sólo psicoterapia ni las crisis circunstanciales de vida únicamente con fármacos.

Así como el organismo cuenta con sistemas digestivo, cardiovascular y respiratorio, tenemos también un sistema de control denominado eje neuro-endocrino-inmunológico. Esto significa que las funciones neurológica, de producción hormonal y defensa están vinculadas, por lo que la alteración de una afectará a las otras dos.

Las células responsables de conducir los estímulos nerviosos, las neuronas, no se contactan directamente una con la otra sino que comunican sus mensajes mediante sustancias químicas llamadas neurotransmisores. Algunos son estimulantes o activadores, mientras que otros son relajantes o inhibidores y en condiciones normales se encuentran equilibrados entre sí. Son los determinantes de nuestra personalidad, el que seamos emprendedores, aventureros, artísticos o “bohemios” depende del neurotransmisor dominante. Son proteínas elaboradas por el organismo a partir de los alimentos que consumimos. Sus deficiencias o excesos se traducen en ansiedad, angustia, ataques de pánico, trastornos del sueño, problemas de memoria y concentración, fatiga, dificultad para el mantenimiento del peso corporal, bochornos, etc.

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Las hormonas relevantes para este sistema son las tiroideas, sexuales y de estrés. Las dos primeras operan como reguladoras de la actividad cerebral, es por eso que en condiciones de hipo o hipertiroidismo, menopausia, andropausia, e incluso el mismo embarazo, pueden aparecer descompensaciones anímicas importantes. Respecto al estrés sus consecuencias pueden ser producto de crisis agudas con liberación de adrenalina, crónicas con fluctuaciones del cortisol o la combinación de ambas.

Finalmente, la actividad inmunológica – inflamatoria está mediada por elementos conocidos como citoquinas e interleucinas. Tienen múltiples efectos en el organismo y su expresión clínica es muy variable dependiendo de cada persona y de las circunstancias. Para visualizar su participación pensemos en lo que ocurre cuando enfermamos con un proceso infeccioso de moderada a severa intensidad, al margen de los malestares físicos nos sentimos desanimados, apáticos, tristes y sensibles. A la inversa, cuando enfrentamos alguna situación de estrés o problemas afectivos no es inusual que el sistema inmune se vea comprometido y aparezcan herpes labial o susceptibilidad a desarrollar infecciones.

Es posible medir estos marcadores biológicos con estudios de laboratorio y valorar su origen y trascendencia a través de cuestionarios y baterías de pruebas especializadas de psicología. A pesar de su aparente subjetividad, ansiedad, depresión, desmotivación y variabilidad en el estado anímico no deben ser relegadas a un segundo plano como simples rasgos de personalidad o consecuencias del estrés, ya que bien podrían ser la causa de éste. Se puede ser muy fuerte y tener la mejor actitud y aun así sufrir terribles desequilibrios emocionales. El individuo merece el beneficio de la duda, de ahí la metodología analítica de la Medicina Funcional que integra los antecedentes, hábitos de vida y procesos funcionales fundamentales con la esfera neuro-emocional y espiritual.

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