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jueves, septiembre 24, 2020

Disrupción sin justificaciones

Liderando el movimiento

Liderando el movimiento: Cortesía del Dr. Alexander O. Krouham.

Exitoso Campeonato Estatal de Fundamentos de Gimnasia Rítmica

Asociación Veracruzana agradece apoyo del IVD.

Emociones: ¿debilidad o biología?

Emociones: ¿debilidad o biología?. Artículo cortesía del Dr. Alexander O. Krouham.

El fino control entre glucosa y estrés

Glucosa y estrés. Artícula cortesía del Dr. Alexander O. Krouham.

Desmitificando obesidad, resistencia a insulina y diabetes

Artículo cortesía del Dr. Alexander O. Krouham.

Dr. Alexander O. Krouham

El término “disrupción” significa ruptura o interrupción brusca. En los negocios, la ciencia y la tecnología se emplea para denotar un cambio profundo de los paradigmas existentes por propuestas innovadoras y con un mayor alcance social. La Medicina Funcional es eso, es disruptiva.

Por definición es imposible cambiar al sistema sin ser políticamente incorrectos, los creadores del “establishment” no tienen interés alguno en matar a la gallina de los huevos de oro. Las propuestas tienen que surgir del desencanto, la frustración y el sufrimiento y no tendrán un impacto transformador a menos de que sean abrazadas por amplios sectores de la sociedad. El cambio en los modelos de atención médica por necesidad proviene de profesionales de la salud insatisfechos con los resultados, pero sólo logrará su permanencia si los beneficiarios del servicio, los pacientes, así lo exigen.

Como lo relata Antoine de Saint-Exupéry en su obra maestra, “El Principito”: a los adultos les encantan las cifras; los niños, inocentes y poco complicados, tienen mayor capacidad para comprender al mundo e intuir la esencia de las cosas. Buscamos en los números la justificación para el cambio. Le damos más valor al hecho de que México (con gran similitud a lo que ocurre en muchos otros países del mundo) gasta alrededor de 19,000 millones de USD al año en salud, equivalente al 5.4% del PIB, con evidente fracaso ante la epidemia de enfermedades crónico degenerativas, pero perdemos de vista los trastornos emocionales, privaciones y dolor que ello genera.

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Estado paternalista y sociedad sin decisión

Entre engaños y villanos

Contravenir al sistema imperante no es cosa menor por lo que las propuestas de transformación no pueden ser sólo conceptuales sino también prácticas y ejecutables. Deben incluir a todos los involucrados: usuarios, proveedores y pagadores, congraciando sus necesidades específicas con las del modelo.

La Medicina Funcional surge como consecuencia de estas inquietudes, más no como una ocurrencia de un momento ¡Eureka! de algún visionario en la regadera; es producto del profundo análisis por grupos de personas inteligentes y comprometidas con el bienestar social. En los últimos 25 a 30 años han aparecido diversas ideas, todas ellas con virtudes y defectos, de las que se ha alimentado la Medicina Funcional.

Así, la Medicina Personalizada reconoce la individualidad genética, bioquímica, fisiológica y ambiental, predeterminada en nuestros genes. Todavía limitada y de difícil traslación al diario cuidado de las personas, se concentra en el estudio de la farmacogenómica (respuesta y efectividad de los medicamentos).

Parecida a la anterior, la Medicina Prospectiva se sustenta en nuevas disciplinas como la genética (incluidas proteómica, metabolómica y nutrigenómica) y tecnologías informáticas para hacer diagnósticos tempranos y anticipar la aparición de enfermedades. Es personalizada, preventiva, predictiva y participativa y aunque comparte muchos principios con la Medicina Funcional, carece de una metodología clara, sistemática y reproducible.

Por otro lado el Modelo de Atención Crónica, que no aporta contenido sino un proceso de atención, promueve la creación de equipos multidisciplinarios para el cuidado de los pacientes pero apegado a la medicina convencional.

La Medicina Basada en Evidencia representa la corriente más aceptada por la medicina convencional. Propone que todos los tratamientos se hagan acorde a la información científica más sólida, lo que en principio parece lógico, pero generaliza y extrapola a toda la población sin reconocer la individualidad. Además, depende de la calidad de la investigación y de lo que se publique (definidas por los intereses comerciales de la industria farmacéutica).

Otro concepto, el de la Biología de Sistemas, propone que para comprender al organismo y sus enfermedades es necesario valorar las interacciones entre genes, proteínas y el medio ambiente. Al igual que la medicina personalizada, los trabajos realizados con esta disciplina se limitan hasta hoy a la  farmacogenómica.

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El modelo emanado, y perfeccionado, de esas propuestas es el de la Medicina Funcional que se diferencia radicalmente de la medicina convencional. Ésta última se enfoca en la enfermedad y sus manifestaciones, aborda al organismo de manera fragmentaria por órganos y sistemas, considera al paciente como un receptor pasivo de sus indicaciones, y privilegia el tratamiento farmacológico (medicamentos de patente) y la cirugía sin contemplar otras opciones terapéuticas.

Por el contrario, la Medicina Funcional se centra en la persona y la hace partícipe de su cuidado, la educa y empodera, modifica sus hábitos de vida y ejerce un efecto transformador y preventivo. Valora la unicidad del individuo integrando genética, entorno y costumbres. Contempla la interacción entre todos los sistemas biológicos. Promueve la salud como vitalidad positiva, permitiendo alcanzar el máximo de nuestro potencial, y el mantenimiento de las reservas orgánicas para mejorar la calidad y expectativa de vida. En suma, no sólo trata enfermedad sino que crea bienestar.

Consciente de que el organismo tiene sus propios mecanismos de auto sanación, reconoce 5 factores causantes de enfermedad – alimentos perjudiciales, toxinas, microbios, alérgenos y estrés – y aquello que necesitamos para funcionar óptimamente: nutrimentos adecuados, aire puro, luz, descanso, ejercicio, amor, gratitud y propósito de vida.

Para la Medicina Funcional el diagnóstico es sólo el principio del proceso de evaluación pues su meta no es controlar los padecimientos sino revertirlos y recuperar el equilibrio de manera definitiva. Esto se logra a través de una metodología clara, estructurada y repetible con la que se fortalece la relación médico – paciente. Para el análisis y diseño de estrategias diagnósticas y terapéuticas se analiza de manera crítica y con todo rigor la información científica más relevante de cada tema y se establece un compromiso compartido con la persona para alcanzar ciertos objetivos.

El empoderamiento inicia con la consciencia y ésta se cultiva con la educación, de ahí estos comunicados. En artículos futuros profundizaremos en los elementos que conforman la Medicina Funcional y su valor específico para la salud.

Para más información del tema visita Vita Plenus

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