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jueves, septiembre 24, 2020

Desmitificando obesidad, resistencia a insulina y diabetes

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Liderando el movimiento: Cortesía del Dr. Alexander O. Krouham.

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Dr. Alexander O. Krouham

Hablamos de glucosa y de sus desequilibrios, diabetes, resistencia a insulina y obesidad y mencionamos que estos trastornos son causa de estrés “oculto” para el organismo. Asumimos que todas las personas están familiarizadas con esta terminología, sus consecuencias y dimensiones como problema nacional de salud pero, ¿es eso correcto? Si partimos del hecho de que existe discrepancia sobre las implicaciones de estas anomalías para la medicina convencional y la Funcional, ¿por qué esperaríamos que la población general tenga claridad sobre estos temas?

Se pretende crear consciencia sobre estas, que son las enfermedades más graves que azotan a México, pero de manera inadecuada o persiguiendo objetivos perversos. En el sector público el IMSS convoca a la sociedad a checarse mediante tonadillas pegajosas, pero el sistema está rebasado y es incapaz de brindar un servicio digno y efectivo. Además, al igual que en la práctica privada, el abordaje se limita a indicar fármacos que han demostrado su ineficacia o en el mejor de los escenarios sólo controlan pero no curan. No se trata al individuo con respeto, no se le educa ni se le proporcionan las herramientas para que tome las riendas de su salud; no se hace prevención.

Perversión porque basta ver el papel de la industria farmacéutica en el tratamiento de diabetes para comprender que sus incentivos son económicos y no asistenciales. El primer producto desarrollado para el control de esta enfermedad fue la insulina, en 1922 (el trastorno imperante era diabetes tipo 1, caracterizada por destrucción inmunológica de las células productoras de esta hormona; la diabetes tipo 2, ocasionada por resistencia a insulina, ha predominado a partir de la epidemia de obesidad surgida en los 1970). Desde entonces 10 diferentes familias de medicamentos se han sumado al armamentario para tratar diabetes, a pesar de lo cual la prevalencia de la enfermedad ha crecido dramáticamente. Es absurdo que existan tantas opciones, que se asocien a graves efectos adversos y que ninguna resuelva el problema; pero, eso sí, todas le representan jugosos ingresos a los laboratorios.

 

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No existe la píldora mágica que solucione esta situación, esto sólo se logrará con educación y mejorando los hábitos de vida. Ubiquémonos entonces y pongamos el problema en perspectiva:

  • La población mexicana posee ciertos genes que la predisponen a desarrollar obesidad y diabetes; el que se activen o no depende de alimentación y actividad física.
  • Además de ser un factor de riesgo para diabetes, la elevación de glucosa también incrementa las probabilidades de desarrollar artritis, demencias y diferentes tipos de cáncer.
  • El desequilibrio se manifiesta como “síndrome metabólico”, que representa el conjunto de sobrepeso u obesidad, glucosa alta, hipertensión arterial y elevaciones de colesterol y/o triglicéridos. En algunos casos también se observa ácido úrico aumentado.
  • La anomalía química de fondo que precipita el síndrome metabólico y diabetes es la resistencia a insulina. Esto significa que sí se produce esta sustancia, pero no funciona adecuadamente por lo que el organismo compensa aumentando su producción.
  • La insulina ejerce muchas acciones, las dos principales son: transportar la glucosa al interior de las células para que sea utilizada como combustible y crear depósitos de grasa que sirven como fuente de energía durante el periodo de ayuno. De ahí que resistencia a insulina, entre otras cosas, genere obesidad y un círculo vicioso por alta concentración de glucosa en sangre.
  • Pre diabetes no es pre nada, en esos rangos ya es mayor la frecuencia de infartos cardiacos y de trombosis (“derrames”) cerebral que en la población normal.
  • No es lo mismo resultados de laboratorio “normales” que ideales; aunque los valores se encuentren dentro de los rangos reportados eso no implica que se esté sano.
  • La diabetes si es curable dependiendo de las circunstancias particulares de cada persona.

Asumir la responsabilidad de nuestra salud inicia con un diagnóstico certero y la decisión de incorporar hábitos saludables de vida. La siguiente información te orientará sobre tu condición actual:

Peso corporal: la medición más utilizada es el índice de masa corporal, que divide el peso (kg) entre el cuadrado de la estatura (m). Menor a 18 se considera bajo, de 18.1 a 25 normal, 25.1 a 30 sobrepeso, 30.1 a 35 obesidad clase I, 35.1 a 40 obesidad clase II y mayor a 40.1 obesidad clase III. No es completamente certera ya que no contempla si el peso depende de grasa o de músculo. Para valorar la cantidad y distribución de grasa se miden el perímetro abdominal a nivel de la cintura, que en la mujer no debe pasar de 88 cm y en el hombre de 102 cm, o la relación cintura – estatura, donde la primera tiene que ser menos de la mitad de la segunda. La forma más precisa de determinar el peso es con equipos de bio-impedancia.

Glucosa en sangre: aunque la mayoría de los laboratorios reportan hasta 100 como normal, cada punto por arriba de 80 va incrementando los riesgos de demencia y de cáncer. Entre 101 y 125 se considera pre diabetes y por arriba de 126 diabetes. Este parámetro cambia de un día al siguiente por lo que se mide la hemoglobina glucosilada que representa el promedio de los 2 a 3 meses previos. El máximo normal es hasta 5.6%, entre 5.7 y 6.4% equivale a pre diabetes y 6.5% o más a diabetes. Cuando existe la sospecha de diabetes pero los resultados anteriores no lo corroboran se realiza la prueba de tolerancia oral a glucosa (conocida como la “curva”).

Resistencia a insulina: al margen de los estudios ya mencionados, existe una prueba específica que mide si se tiene sensibilidad o resistencia a la insulina. Se llama Quantose RI y se obtiene de una muestra aislada de sangre. Mide 4 elementos, que incluyen la cantidad total de insulina y el efecto de esta en el metabolismo de las grasas. Indirectamente se determina el que exista esta anomalía cuando hay una concentración elevada de triglicéridos.

En el artículo de nutrición se mencionó que el peso depende de una variedad de factores además de la alimentación y el ejercicio. Por lo mismo, habiendo definido cómo te encuentras el paso siguiente consiste en valorar en detalle todos tus hábitos de vida y posibles problemas agregados de salud contribuyentes al desequilibrio metabólico. Aun en circunstancias complejas se pueden establecer las causas y trabajar para revertirlas. Es grande el margen de maniobra y no es válido asumir que por herencia estamos sentenciados a un deterioro en nuestra calidad de vida.

Para más información del tema visita Vita Plenus

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