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Venezolanos salen a trabajar en plena pandemia del coronavirus

Se ha implementado un confinamiento desde el 17 de marzo, pero a medida que la comida se agotaba en muchos hogares, la gente comenzó a ignorar abiertamente las órdenes.

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Venezolanos salen a trabajar en plena pandemia del coronavirus

Venezolanos salen a trabajar en plena pandemia del coronavirus y se brincan las medidas de confinamiento.

El hambre impulsó a las familias de Venezuela a violar el aislamiento durante los tiempos en que el COVID-19 ha alcanzado nuevos récords.

La gente salió a abastecerse de víveres al mismo tiempo, llenando todos los centros comerciales y mercados en Caracas.

Venezolanos salen a trabajar a pesar de que aún hay aislamiento

Se compraban harina de maíz, hasta tomates y pasta de dientes, despensa que necesitaban para subsistir.

Casi la mitad de los lugares que no eran esenciales estaban abiertos, incluidas zapaterías, salones de belleza, entre otros, ocultos y operando sin permisos.

“Tenemos familias, no podemos seguir así”, asegura Érica, una peluquera de 44 años, con el rostro cubierto por un tapabocas casero. El salón en la calle Urdaneta abrió esta semana después de estar cerrado por dos meses. Solo tenía dos clientes el lunes, en lugar de la docena habitual.

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“Intentaremos trabajar hasta que nos obliguen a cerrar”, dijo, y declinó revelar su apellido por temor a represalias del Gobierno.

El Gobierno reportó un aumento de 77 casos nuevos el lunes para un total de 618 casos y 10 muertes, números bajos para una nación pero que en comparación con la depresión económica de la nación, es un golpe fuerte a su estatus.

Venezolanos salen a trabajar a pesar de que aún hay aislamiento

Se ha implementado un confinamiento desde el 17 de marzo, pero a medida que la comida se agotaba en muchos hogares, la gente comenzó a ignorar abiertamente las órdenes.

El Gobierno dice que el 85 por ciento del país está cumpliendo con las medidas de cierre, aunque un estudio realizado la semana pasada por la Academia Nacional de Medicina publicado el viernes estimó la cifra en 48 por ciento.

“Ya bajamos a dos comidas al día, y tengo una tía mayor en casa que tengo que cuidar”, asegura Richard Gonzáles, de 56 años, que vendía ramos de flores por 3 dólares cada uno en el centro.

“Cada día que me quedo en la casa es otro día de estómagos vacíos”.

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