Cempasúchil, la flor que cada mes de noviembre ilumina los altares mexicanos, es mucho más que una tradición. Detrás de su misticismo prehispánico se esconde una paradoja económica si consideramos que alimenta un mercado global multimillonario acaparado por China e India, mientras nosotros importamos el pigmento de alto valor extraído.
La Tagetes erecta cempasúchil de la que 35 de las 58 especies son nativas de México, resulta indispensable para celebrar el Día de Muertos; pero la mayor significación radica en el manejo agroindustrial y la salud. Es materia prima de luteína y xantofilas que contiene su oleorresina.
Adicionalmente, el extracto es lo que da el apetecible color amarillo a la yema de huevo y también a la carne de pollo a escala mundial .
La luteína es un poderoso preventivo contra enfermedades oculares como las cataratas y la degeneración macular, hallazgo reconocido incluso con el premio Nobel de Medicina en 1967. Sus propiedades funcionan como bioinsecticidas y antibióticos. La derrama económica por la venta de la producción de la flor se estima en 4 mil millones de pesos; en 2024 se comercializaron 16 millones de macetas en México.
El mercado mundial por el pigmento supera los 300 millones de dólares anuales. Un solo kilogramo de la oleorresina que se obtiene de 30 a 80 kilogramos de flor seca puede venderse hasta en 200 dólares, dependiendo de la concentración.
La gran ironía es que, a pesar de su origen mexicano, el país no capitaliza este “tesoro”. El 80% de carotenoides está controlado por China y el 18% por India. México fue líder en el año 2000; desafortunadamente, cedió su producción ante la migración de empresas.
FUGA DE DIVISAS
México se ha convertido en uno de los mayores consumidores globales del pigmento, comprando cerca de 100 toneladas al año.
Genera fuga de divisas entre 25 y 30 millones de dólares anuales en importación. Gran contraste, cuando disponemos de un enorme potencial de este cultivo en Puebla, Tlaxcala, Hidalgo y Estado de México, territorios donde los agricultores destinan 2,500 hectáreas a fines ornamentales, mientras la economía gasta millones en compras de la versión industrializada procedente de Asia en pigmento.
EL GRAN RETO
El Cempasúchil constituye un claro ejemplo de una riqueza biológica nativa de gran impacto económico global desaprovechada. Se requiere impulsar la investigación y el apoyo a los hombres de campo para potenciar la agroindustria.
Es una oportunidad más para revertir la fuga de divisas y posicionar la flor en el liderazgo mundial en los conceptos de salud y economía.
En Veracruz se siembran, según un reciente censo, 120 hectáreas en Naolinco, otras pequeñas superficies en Rafael Delgado y otros puntos serranos, incluyendo el área de influencia de Veracruz Puerto, con producción comercializada en el presente mes.
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