Por: Manuel Lucio/Retratista
Verónica Gil estudió arquitectura, pero lo suyo siempre fueron los animales y la psicología; siempre mostró interés en la superación personal hasta que llega el momento en que dejó definitivamente el tema de la construcción y se dedicó a los caballos, certificándose en cuanto a psicoterapia asistida con equinos se refiere. También estudió en la universidad la logoterapia y análisis existencial, así como tanatología infantil, tomando diplomados y especialidades relacionadas. Hace 12 años comenzó a dedicarse al trabajo con los caballos, en 2015 constituye legalmente la fundación “Terapia sin riendas”, asociación donde apoya a niños y adultos con discapacidades como cáncer entre otras. La equinoterapia, también conocida como terapia ecuestre, no es una cura en el sentido tradicional, sino una terapia complementaria que utiliza la interacción con caballos para mejorar la calidad de vida de personas con discapacidades físicas, neurológicas, trastornos del desarrollo o problemas psicosociales y su eficacia radica en la combinación de estímulos físicos, emocionales y sociales, derivados del movimiento del caballo y la conexión humano – animal.




