Por: Manuel Lucio/Retratista
Con una familia ejemplar que alberga buenas costumbres a la usanza conservadora, Laura Angélica Hernández Guerrero ha dedicado gran parte de su vida a la docencia en diferentes casas de estudios. Siempre construyendo y con gran responsabilidad hacia sus alumnos, se muestra carismática y con amplia cultura, inquieta y estudiosa, actualizada en su desarrollo interno y en su menester como educadora de grandes y chicos: “Soy tapatía de corazón. No recuerdo desde cuándo quise ser docente, fue quizás jugando a la escuelita con mis hermanas o por el ejemplo de las buenas maestras que tuve en la primaria. Mi primera experiencia en lo escolar fue como auxiliar de educadora, a los 14 años trabajé en un kínder cerca de casa, lo hice porque en la Normal nos dijeron que si podíamos trabajar dentro de la docencia nos convendría mucho para ir tomando experiencia antes de ir a las prácticas profesionales. Luego me recomendaron para una suplencia en una primaria privada y tomé el reto, ya que era yo muy joven; no había que estudiar la preparatoria en ese entonces para poder entrar a la Lic. en Educación Primaria; una vez titulada me quedé en ese plantel como maestra titular de 1º y 2º, y luego como maestra de Inglés en diferentes grados”.


En su actualidad: “Actualmente me desempeño como maestra de prácticas en los semestres de 5º. A 8º. Volver a poner los pies en las escuelas primarias me ha renovado, me ha hecho viajar en el tiempo cuando yo era maestra de pequeños. Me veo en mis alumnos en formación, los acompaño lo mejor que puedo en esta etapa de su vida y creo que lo estoy haciendo bien. Una de mis perspectivas a corto plazo es llegar a publicar algún artículo colaborando en conjunto con otros compañeros de la UDI del plantel; ser maestro investigador es algo que me hace falta por trabajar. No cabe duda que la docencia nos hace un poco expertos en muchos campos profesionales, se es psicóloga, enfermera, mamá, abogada defensora, pintora, pero lo más importante es hacerlo desde el corazón”.

