La erosión del suelo que puede tener origen hídrico o eólico a través de la historia aparece a escala global incluyendo a países tan poderosos como los Estados Unidos de Norteamérica de efectos críticos como sucedió en la década de los 30s consecuencia del olvido deliberado de las leyes de la naturaleza. Se dieron frecuentes tormentas de polvo.
En el vecino territorio del norte, grandes extensiones de pasto pasaron a desierto.
Llanuras, antes ecosistema perfecto, perteneciente a Texas, Oklahoma, Kansas y Colorado estaban soportados con raíces profundas y fuertes que fijaban la tierra y retenían la humedad incluso en las peores sequías, cambiaron de rostro.
Ese equilibrio se rompió con la Primera Guerra Mundial, afloró la extrema necesidad de alimentos y el rápido aumento de precio del trigo urgió la activación de respuesta donde producir comida era la prioridad.
En ese momento apareció Hugh Hammond Bennett, agrocientífico de gran sensibilidad, el primero en advertir que la erosión destruiría al país sino se cambiaba drásticamente la forma de cultivar la tierra.
En región de Los Tuxtlas se pierden 400 toneladas de suelo por hectárea en cada ciclo de lluvias
En la reseña enviada por el ingeniero Francisco Javier Ugalde Acosta, coordinador de Divulgación del Inifap señala la llegada del doctor Bennett a México, formaba parte del grupo enviado por la Fundación Rockefeller con la misión de capacitar a los agrónomos locales en el uso de tecnología de terrazas y curvas de nivel para controlar las cárcavas causadas por la erosión hídrica.
Definitivamente, en un suelo desnudo ya sea por la fuerza del agua o viento, la naturaleza terminará erosionando y sobran ejemplos como citamos al principio con la región de Los Tuxtla en pendientes de 20 % – la mayoría – se pierden 400 toneladas de tierra por hectárea en cada ciclo lluvioso.
Lo mismo sucede en la versión eólica ubicada en Valle de Perote,Veracruz; arrasa con 100 toneladas por hectárea en un año y en la zona rural de Veracruz Puerto por cada 1000 metros cuadrados desaparecen 20 toneladas de suelo de vocación agrícola.
Además de la insuficiencia en apoyos destinados a pequeños y medianos productores de básicos como maíz, frijol, arroz, agregamos ausencia de personal técnico que recorra el campo en el papel de asesor frecuente de quienes cultivan la tierra, como existió con los llamados extensionistas, también se requiere inversión en programas de conservación de suelos, frenar la pérdida del activo principal del cual obtengamos el alimento sin dependencia del exterior.
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