Para muchas personas, acudir al nutriólogo sigue siendo sinónimo de dieta estricta, báscula, restricciones y alimentos prohibidos porque la idea de que la nutrición se limita a bajar de peso persiste, pese a que desde hace años existen enfoques que cuestionan esa lógica y colocan la salud más allá del número que marca una báscula.
Especialistas en salud alimentaria aseguraron que históricamente se ha asignado a la nutrición el rol de prohibir alimentos como parte de una “cultura de la dieta” normalizada socialmente que ha demostrado ser poco efectiva a largo plazo y que puede detonar problemas físicos, emocionales y conductas alimentarias de riesgo.
Por ello, aseguraron, que las personas dedicadas a la nutrición deben buscar la salud de las personas y dejar de lado el término del peso, como se hace a partir de la nutrición intuitiva.
“La salud va mucho más allá del número que marca la báscula (…) Nos enfocamos en otros marcadores de salud como los bioquímicos, salud hormonal, salud digestiva, pero gran parte va también enfocado en la relación que tenemos con la comida y nuestro cuerpo”, explica Mariana Reynoso, licenciada en nutrición y especialista en trastornos de la conducta alimentaria en Nutrimentalia.
Daniela Cancino, especialista en psicología alimentaria en Nutrimentalia, afirmó que las dietas restrictivas, ayunos prolongados, retos virales y discursos sobre “disciplina” y “fuerza de voluntad” forman parte de un entorno donde la restricción alimentaria se presenta como sinónimo de salud.
Sin embargo, estas prácticas responden a una cultura de la dieta profundamente arraigada, que coloca la responsabilidad del “fracaso” en las personas y no en los propios métodos.
“Terminó como rompiendo la dieta o con el atracón y el ciclo se vuelve a repetir, ¿no? Lo que le llamamos el ciclo de restricción a atracón. Entonces, el tema con las dietas es eso, no son sostenibles a largo plazo, porque entre más yo me prohíbo un alimento, más ansiedad me va a generar comerlo”, aseguró Reynoso.
Día del Nutriólogo: Conductas de riesgo normalizadas
Al patrón de hacer dietas de manera continua se le conoce de forma coloquial como “dietantes crónicos” o personas que pasan de una dieta a otra con la expectativa de que la siguiente sí funcionará. Pero la realidad, explicaron las especialistas, es que terminan existiendo el rebote y regresan a su peso regular una y otra vez.
Las especialistas subrayan que el problema no es la falta de voluntad individual, sino un sistema que ignora la respuesta del cuerpo.
“Si las dietas pasaran por el mismo proceso que los medicamentos para salir al mercado, no saldrían al mercado”, afirmó Cancino.
Más allá de la pérdida o ganancia de peso, la cultura de la dieta puede detonar conductas alimentarias de riesgo que suelen pasar desapercibidas porque están socialmente aceptadas y normalizadas e inclusive aplaudidas como disciplina.
“Tuve un atracón, rompí la dieta, me salí de mi plan de alimentación, no voy a vomitar, pero al rato en lugar de una hora de cardio voy a hacer dos o voy a saltarme la cena, aunque tenga hambre, aunque me esté gruñendo el estómago, no voy a cenar o mañana mi desayuno va a ser un jugo verde o mañana eliminamos los carbohidratos, voy a comer puras ensaladas. O sea, incluso luego nos lo llegan a vender como balance”, indicó la psicóloga alimentaria.
Este tipo de comportamientos, aunque no siempre derivan en un trastorno de la conducta alimentaria, sí pueden ser factores detonantes.
Qué es (y qué no es) la alimentación intuitiva
Frente a este contexto, la alimentación intuitiva surge como un enfoque que cuestiona la lógica de la restricción que comienza a estudiarse desde 1995.
“No significa que de aquí en adelante vas a comer todo lo que quieras en el momento que sea, sin importar la calidad nutricional (…) Es volver a reconectar con tus señales natas de hambre y saciedad (…) Buscamos formar hábitos alimentarios y de salud integral que sean sostenibles a largo plazo y desde un lugar de autocuidado, no desde el miedo y el control”, explicó Reynoso.
Cancino explicó que a través de ese modelo no se busca colocar una dieta estricta que se debe seguir sino que se añaden alimentos según lo que las personas requieren en base a indicadores alimentarios como caída del cabello, inflamación, energía, entre otros.
Señaló que uno de los ejes centrales de este enfoque, aseguró, es reconocer las condiciones reales en las que viven las personas como tiempo, dinero, jornadas laborales extensas y acceso limitado a alimentos determinan lo que es posible sostener.
“Muchas veces nos dicen: ‘como frijoles, tortillas’ (…) Y eso es la dieta de la milpa, que es lo más accesible económica y culturalmente. A veces no se trata de quitar nada, sino de sumar”, indicó Cancino.
Desde este enfoque, acudir a una persona especializada en nutrición deja de ser un acto de corrección corporal y se convierte en un acompañamiento en salud puesto que las especialistas aseguraron que la nutrición no tendría que ser un espacio de castigo ni culpa, sino de cuidado.
“La gente llega con mucho miedo, con ese nervio de subirse a la báscula y ser juzgada (…) Y cuando ven que no es así, es un respiro (…) “Hacerlo desde un lugar mucho más amable y respetuoso conmigo misma es lo más sostenible a largo plazo”, dijo Reynoso.
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