Por: Metzeri Ixchel Ávila San Martín
Cada 8 de marzo las calles se tiñen de morado y verde. Salimos a nombrarnos, a denunciar las violencias, a exigir justicia. Pero también es un momento para mirarnos hacia adentro y preguntarnos qué feminismo estamos construyendo y para quiénes. Descolonizar el feminismo implica reconocer que no todas vivimos las opresiones de la misma manera. Que las mujeres afrodescendientes, indígenas, campesinas, rurales, migrantes, tenemos historias atravesadas por el racismo estructural, el despojo territorial, la pobreza impuesta y la exclusión histórica. Y que muchas veces, incluso dentro de los propios movimientos feministas, nuestras voces han sido periféricas.
El feminismo tiene una deuda: integrar con profundidad y respeto los saberes ancestrales, las cosmovisiones comunitarias, las formas colectivas de sanar, de cuidar y de resistir que han sostenido a nuestros pueblos por generaciones. No se trata solo de “incluir” la diversidad como un gesto simbólico, sino de transformar las bases mismas del pensamiento y la acción feminista. Un feminismo descolonial es antirracista. Es interseccional no como consigna, sino como práctica política cotidiana. Reconoce que ser mujer afro o indígena en México o mejor dicho en nuestro estado Veracruz implica enfrentar violencias específicas y múltiples capas de discriminación. Y entiende, que nuestras luchas no pueden separarse de la defensa del territorio, de la memoria, de la lengua, de la espiritualidad y de la comunidad.

Descentralizar también es una forma de descolonizar. Significa que el feminismo no se piense únicamente desde las grandes ciudades, las academias o los espacios institucionales, sino desde las regiones, desde el Totonacapa, desde la Huasteca, desde los barrios, desde las casas donde se cuida y se resiste todos los días. Para quienes somos afros e indígenas, el feminismo no comenzó en los libros: Comenzó en las abuelas, en las madres, en las tías que sostuvieron la vida en medio de la violencia y el abandono del Estado. Comenzó en las redes de mujeres que se acompañan para decidir sobre sus cuerpos, para denunciar, para sanar juntas.
Este 8M no solo marchamos contra el patriarcado; marchamos también contra el racismo, el colonialismo y todas las formas de poder y opresión que nos han querido fragmentadas. Apostamos por un feminismo amplio, tejido, comunitario, que abrace la diferencia y que reconozca que la justicia solo será posible si es para todas. Porque descolonizar el feminismo no es una tendencia. Es una responsabilidad histórica. Y también es una oportunidad de hacerlo más honesto, más profundo y más nuestro.
Las violencias han calado, nadie sabe si preguntas. Exclusión el resultado, sigamos la lucha juntas, Sigamos la lucha juntas ¡tiremos el patriarcado! Yuyultzin Pérez Apango – Quinteta huasteca.
