El problema de la depresión siempre es algo que supera todo y hasta que uno mismo decida cambiar, mejorar y sanar, ni, aunque la persona junto a nosotros nos demuestre todo el amor e interés posible por hacernos sentir acompañados, nada de eso servirá hasta que nosotros mismos queramos…
Estamos siendo invitados a experimentar el dolor pero como telón de fondo de la actualidad de varios personajes que conoceremos en esta historia, pero no hablamos de algo desgarrador que nos lleve a las lágrimas, sino a la compañía de ese grupo de personas que decide tomar un tour como parte de un recuerdo de un pasado sobre la pérdida de un ser querido o de una etapa que necesita redención para un mejor presente, en donde se logre obtener paz interna después de visitar algunos espacios en los que personas de su pasado vivieron.

Dos personalidades totalmente distintas, a un grado de ser casi imposible el que pudieran permanecer juntos, es lo que nos lleva a conocer a dos primos enfocados en un mismo objetivo: Visitar el lugar donde vivió la abuela de ambos recién fallecida. Esa es la misión de David y Benji, interpretados por unos extraordinarios Jesse Eisenberg y Kieran Culkin en la cinta “Un dolor real”, de la cual el primero es su escritor y director y como resultado tenemos un trabajo honesto y cómico en el que todo aquello ligado al Holocausto consigue moverse con una inteligente sencillez dentro de lo delicado que encanta, en donde los personajes secundarios se acoplan y son clave para acompañar a uno de los jóvenes irritante y deprimido, y al otro responsable y sensato, en ese andar de un espacio que remueve los sentimientos de cada uno.

La historia sigue el viaje de dos primos judíos norteamericanos de Estados Unidos a Polonia, que, con motivo de la muerte de su abuela, están interesados en cumplir la promesa de empaparse y conocer sus raíces y el pasado de su familia. Pero también cada uno tiene su propia motivación para alejarse de su rutina: David vive para el trabajo, nunca tiene tiempo, está felizmente casado con su esposa y tiene una hija demasiado inteligente, mientras que Benji podríamos decir que es un bueno para nada, sin aspiraciones futuras, del que su comportamiento puede llegar a estresar por decir lo que piensa y no tener filtro, pero que curiosamente es encantador y encaja a la primera dentro de los grupos sociales que puedan estar cerca de él, algo que su primo no puede lograr.

A su llegada a Polonia, ambos se unen a un tour guiado por los campos de concentración y los lugares históricos de la Segunda Guerra Mundial, donde conocerán a otros viajeros con diferentes motivaciones, problemáticas y perspectivas; a lo largo de su aventura, David y Benji se enfrentarán a situaciones cómicas, dramáticas y conmovedoras que los harán reflexionar sobre su identidad, su historia y su relación con el mundo, porque existe un secreto del ayer que cala en lo más profundo del dolor y de la preocupación.

Este es un claro ejemplo de la mancuerna perfecta de una pareja de protagonistas que rápidamente se roban nuestra atención, tanto por el amor con el que realizan sus personajes, como por lo que representan en pantalla, quienes no solamente van a mostrar su verdadero ser, sino aquello que les causa incomodidad y no los hace sentir plenos, en donde sus propios traumas poco a poco se irán mostrando hasta el punto de explosión necesaria de un dolor compartido, disfrutando de un recorrido con silencios incluidos, momentos incómodos y tan realistas de lo que es en realidad el amor tan grande hacia un familiar, la necesidad de que nuestros cercanos, planteando preguntas sobre aquello que heredamos y lo que nos provocamos, ya que el dolor, aunque individual, es una experiencia muy humana que nos recuerda que todos somos parte de la misma especie.
