domingo, abril 21, 2024
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Cinéfilos: ROJO, BLANCO Y SANGRE AZUL

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Se estrenó “Rojo, Blanco y Sangre Azul”, por Prime Video, la película LGBT basada en el libro de Casey McQuiston, y para mi gusto, lucha por demostrar las buenas intenciones que tiene con su pareja protagonista que trata de darnos momentos memorables, pero falla principalmente por sentirse fría en su tacto, insípida en su argumento, superficial en su entorno y no goza de ese poder sentimental que se necesita, dejándola más como un pago de cuota forzado lleno de clichés típicos para sumarse a todas las películas de temática actuales.

La película narra la historia de Alex Claremont-Díaz (Taylor Zakhar Pérez), quien, tras la elección de su madre como presidenta de la nación, se convierte en el equivalente estadounidense de un joven miembro de la realeza. Guapo, carismático y brillante, su imagen es muy valiosa para el marketing de la Casa Blanca. Solo hay un problema: Alex tiene una enemistad declarada con el Príncipe Henry (Nicholas Galitzine). Cuando la prensa amarilla se hace con una foto de un altercado entre los dos, las relaciones entre Estados Unidos y Gran Bretaña se resquebrajan; es así como se diseña un plan para controlar el impacto, escenificando la paz entre ambos. Lo que al principio comienza como una falsa amistad, se convierte en algo más significativo de lo que Alex o Henry podrían haber imaginado, iniciando un romance secreto que podría poner en peligro dos naciones.

La mayoría de los sets se muestran acartonados y abusan del uso de pantalla verde para la creación de ambientes y lugares, haciéndola visualmente superficial. La historia se muestra muy forzada, en especial por cada una de las situaciones que se viven alrededor de la pareja protagonista, donde su química es el principal problema; independientemente que los actores Taylor Zakhar Perez como Alex y Nicholas Galitzine como el Príncipe Henry tratan de hacer su mejor esfuerzo por agradarnos y ser encantadores, no se respira su unión natural, luciendo forzados al agradarse entre ellos.

No profundiza en sus personajes secundarios, y pese a que nos recuerda a “Jóvenes altezas”, la serie de Netflix, el tema gay aquí no está abordado con respeto y cae en referencias grotescas, además los momentos “emotivos” son pocos y no proyectan sentimentalismo (Uma Thurman es una mamá muy simple); muestra el lado negativo de la prensa, algo también ya muy trillado, sobre la invasión a la privacidad, pero llegando al minuto 33, con el beso entre los dos, mejora medianamente, repito, por el intento de los actores de querer darnos algo memorable.

“Romperé la barrera del sonido por ti”, sería la frase que definiría el amor entre Alex y Henry, pero en general deja un sabor insípido aun cuando el final de esta película ofrece un abrazo a la comunidad, proyectando ese grito de libertad hacia el amor entre iguales y a saber que la diferencia no tiene nada de malo y que puede romper con los estereotipos que por años se han dictado en la sociedad.

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