martes, julio 7, 2026
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Cinéfilos: FRANKENSTEIN

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¡ESTO ES PERFECCIÓN… EL AMOR Y EL PERDÓN! Ser una creación, de la cual la misma ambición de su creador lleva a querer deshacerse de ella por no considerarla digna, pero el sentimiento de ese ser que ha regresado a la vida, el dolor de sentirse rechazado y verse solo en un mundo totalmente desconocido, permite una necesidad que lo va consumiendo poco a poco. En el camino busca pertenecer, trata de entender la violencia que existe en el mundo, pero verse en la necesidad de ayudar para encontrar un lugar, una familia, escondido entre las sombras, reflejo de un hogar, da continuidad a un sentimiento poderoso, el amor, por esa persona que lo ve como su igual y no como un monstruo.

Y ahí, entre la devastación y la locura, se permite aprendizaje y enseñanza de aquello que no sabe por la falta de interés de alguien que solo quería perfección, el verdadero monstruo que lo considera una imperfección, y después de una importante pérdida, de aquel que lo llama “el espíritu del bosque”, no desea seguir sufriendo, por lo que intentando sanar y pese a que arde en su interior la necesidad de venganza que no del todo comprende, la soledad y el sufrimiento, buscan ir q exigirle a su creador una compañera, con el fin de impulsar la humildad, sin la necesidad de agradecimiento ni respuestas, solo otro “monstruo” con quien estar, ya que no puede morir, no puede vivir, pero desea existir tal cual lo necesita…

Sin olvidar que estamos ante una historia de amor puro, visualmente poderosa, con una narrativa desde dos perspectivas distintas para conocer más a fondo la historia, lo que ofrece esta película es muy personal, dándole una visión distinta a la que todos conocemos pero sin perder su esencia, bañada con la misma crueldad de saber que lo que es juzgado como diferente, es difícil que pueda pertenecer en la realidad y ante los ojos de los demás, lo que hace aún más sensible a ese ser que lo único que necesita es hablar, escuchar y brindar el perdón que sabe que puede sanar.

Hablar de actuaciones que valen muchísimo la pena, una musicalización que va de la mano con una exquisitez en sus vestuarios, maquillaje, y ambientación, sumándose un sonido intenso, que la verdad te hace vivir una experiencia única dentro de la sala de cine, es referirme a la sensación que me dio ver “Frankenstein”, la esperada cinta de Guillermo del Toro, que antes de su estreno en Netflix, logró tener una proyección discreta en algunas salas de cine de México, y la experiencia ha superado, por mucho, mis expectativas.
Es bien sabido que Guillermo del Toro tiene una relación muy especial con los monstruos que protagonizan algunos de los relatos de terror más representativos del cine, pero lo suyo con “Frankenstein” es íntimo y personal, es una historia de amor, una que lleva un largo tiempo queriendo adaptar y que, por fin, ha llegado para brindarnos a un Oscar Isaac convertido en un déspota Victor Frankenstein por el que también sentimos empatía, mientras que Jacob Elordi sublima la inocencia quebrada de la criatura que tiene demasiado dolor, al quien que inicia un andar descubriendo y aprendiendo, viendo la crueldad a su alrededor, pero enormemente sensible para permitirnos adentrarnos en su interior, y eso queda reflejado en pantalla al brindarnos ambos actuaciones destacables que merecen reconocimiento.

Como una adaptación cinematográfica de la novela escrita por Mary Shelley en el año 1818, la historia cuenta cómo la obsesión de un doctor por revivir a los muertos y darles la vida de manera científica hace que nazca el monstruo Frankenstein. Después de indagar y emplear su valioso tiempo en documentarse y estudiar si su plan podría tener buenos resultados, sabe que debe adquirir miembros del cuerpo de muertos. Con la forma de humano ya en su mesa de laboratorio y un rayo eléctrico, el doctor Viktor Frankenstein consigue el éxito que esperaba: un ser creado a partir de partes de cadáveres que tendrá que lidiar con la vuelta a la vida y vagar sin saber quién es ni cual es su identidad. Siendo marginado por la sociedad por su apariencia.

Por su parte Mia Goth como Elizabeth Lavenza es fuerte, decidida y permite un nacimiento de sentimientos nuevos hacia ese ser que conoce y que desea proteger; por su parte Christoph Waltz como el Dr. Pretorious desea y busca, necesita y trata de conseguir; Felix Kammerer es William, el hermano que desea entender las locuras de un ser que desgraciadamente ve consumirse en la ambición, lo que lo lleva a su propia perdición, pero que busca comprender con el pasado triste que tienen de una familia que no existe más.
El nivel audiovisual de la cinta destaca, y cabe destacar el apego de Del Toro a los cuerpos venosos y las manos surgidas del subsuelo, mientras la partitura de Alexandre Desplat armoniza las imágenes más espantosas de la película con un espíritu especial. Así, con todos estos retazos de inspiración artística, Del Toro elabora su humanista y personal versión de “Frankenstein”, una en la que el mayor pecado no es la presunción de creerse un Dios, sino su manifiesta falta de empatía en un mundo por igual, un mundo que solo necesita una palabra para tranquilizar el dolor, y eso es, el perdón.

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