domingo, junio 28, 2026
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Cinéfilos: EL DÍA DE LA REVELACIÓN

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Necesito decir algo: Steven Spielberg, MUCHAS GRACIAS por permitirme regresar a mi infancia y recordar aquellas películas con las que me vi cautivado y que me hicieron, hasta hoy, conservar mi amor al cine. No estaba listo para esta película, y es que si bien “El día de la revelación” tiene todos los elementos típicos de ciencia ficción, posee ese toque que ha caracterizado al director por todo este tiempo, y en su regreso a este género nos demuestra cómo una historia por demás conocida y contada, puede aún tener una forma distinta de ser presentada a las audiencias, y de paso, inyectarle una cantidad brutal de emotividad que nos permitió tener una conexión muy especial con un acto que desde siempre el ser humano ha realizado y que sobra decir es incorrecto: Ante el temor de lo inexplicable, tiende a atacar, destruir y violentar aún cuando no se le esté haciendo nada.

En un futuro no muy lejano, la humanidad está a punto de descubrir la verdad sobre la existencia de extraterrestres, un secreto que ha permanecido oculto durante varias décadas y por los que la humanidad siempre ha tenido especial curiosidad. Mientras millones de personas se preparan para recibir la revelación, algunas viejas creencias se ven cuestionadas, y la forma en la que entendemos el universo empieza a cambiar. Entre conspiraciones, avances de la tecnología y encuentros inesperados, la revelación promete cambiar vidas, relaciones y la propia percepción de nuestro lugar en el universo para siempre.

La película comienza en plena persecución de Daniel Kellner (Josh O’Connor), huyendo y matones corporativos que, pisándole los talones, intenta esconderse a plena vista en un combate de lucha libre profesional cuando uno le apunta con una pistola. Lo escoltan hasta el estacionamiento, donde lo espera un elegante villano llamado Noah Scanlon (Colin Forth). Scanlon era el jefe de Kellner en Wardex, una empresa privada contratada para mantener en secreto el hecho de que, efectivamente, una nave se estrelló en Roswell, Nuevo México, hace algunos años. La prueba del encubrimiento está en la mochila de Kellner. Él y algunos cómplices dentro de la organización quieren hacer pública la información, por lo que Scanlon quiere recuperar la información de la empresa y está dispuesto a matar a la novia de Daniel, Jane (Eve Hewson), si es necesario, pero termina obteniendo un beneficio de ella, ya que Kellner tiene un “dispositivo”, uno de tres, que puede destruir ciudades, permitir a los usuarios sumergirse en la conciencia de otra persona y volver invisibles a grupos enteros de personas.

Mientras tanto, en Kansas City, Missouri, la meteoróloga Margaret Fairchild (Emily Blunt), está teniendo un día extraño. Pero en su día normal, entra volando a su apartamento un ave cardenal, interrumpiendo brevemente una discusión entre ella y su estresante novio (Wyatt Russell). La rareza alcanza su punto álgido cuando, de repente, ella comienza a hablar frente a él un dialecto de otro mundo, lo que continúa momentos después durante una transmisión en vivo, atrayendo así la atención de Scanlon y Hugo (Colman Domingo), el exempleado de Wardex que le confió a Daniel los discos duros con décadas de evidencia. De alguna manera, Margaret se ha activado por la presencia de ese pájaro, y ahora puede hablar cualquier idioma, leer la mente, hacer que la gente vea a sus seres queridos fallecidos y recibir transmisiones de información clasificada aparentemente de la nada. Al igual que Daniel, ella también está huyendo. Pero fuerzas ajenas a su control los atraen el uno hacia el otro, y tienen una cita con el destino que lo cambiará todo.

Es precisamente a ese viaje al que nos lleva Spielberg  en ‘El día de la revelación’, una película de ciencia ficción de narrativa clásica que confirma, una vez más, por qué es uno de los más grandes narradores del cine contemporáneo, y es que desde el minuto uno, el director genera una tensión que no afloja ni un segundo hasta el último segundo, comenzando a presentar a cada uno de sus personajes dentro de un relato que te va arrastrado sin respiro por una historia que mezcla lo íntimo con lo épico, lo increíble con lo verdadero, lo esperado que genera tensión hasta su escena final, que desde que comenzó a acelerarse la musicalización, algo me decía que nos dejaría así, sin respuestas, pero enormemente satisfechos por la inteligencia de demostrar que aún con ello nos obtuvo por completo.

La primera mitad avanza de manera serena pero con firmeza, repleta de todo tipo de hallazgos, en especial visuales de forma conveniente acompañados por la música inconfundible de John Williams, quien hace de cada instante un momento demasiado especial y representativo, ya que eso viene de la mano con una carga emocional en donde la colocación de la cámara es siempre acertada, y los movimientos dotan de ritmo y densidad informativa a cada secuencia, porque dura más de dos horas y no se siente cansada, llevándonos de la emoción más visceral a la reflexión profunda, insertando preguntas sobre la fe, la soledad, la naturaleza de la verdad que por lo regular no siempre tiene respuestas, invitando al debate una vez terminados los créditos.

Las actuaciones están a la altura, con una Emily Blunt que entrega una de las interpretaciones más sobresalientes de su carrera, aun cuando su rostro ahora es poco expresivo por su retoque estético, pero resulta contenida y devastadora cuando la situación lo requiere. El resto del elenco, con nombres como Colman Domingo y Josh O’Connor, responden con solidez y hacen buen equipo con ella en ese camino de entendimiento, hechos y respuestas, ante la necesidad de dar a conocer una información a la humanidad, y a ellos se suman Colin Firth y Eve Hewson, que también tienen peso en la historia, el primero como villano y la segunda como interés romántico del joven que también comparte un acercamiento con los extraterrestres en su infancia, dándonos con ello cine que emociona, que inquieta y que recuerda por qué seguimos yendo a las salas a dejarnos sorprender.

No voy a mentir: El inicio es lento y puede sentirse pesado. Sin embargo, cuando la historia llega a su punto de inflexión, todo cobra sentido y la película despega de una forma espectacular. Su tercer acto es impactante, fuerte y culmina con un final que dejó a toda la sala en absoluto silencio después de que las emociones se fueron al suelo y el dolor se apoderó de todos, incluso existimos personas llorando a mares, otras simplemente inmóviles, tratando de procesar lo que acabábamos de ver, y si, vimos arte puro en todo el sentido de la palabra.

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