Un pequeño cuadro en la pantalla mostraba a Marlon morderse las uñas y voltear a la cámara nervioso, mientras que el juez le dictaba 70 años de prisión por el feminicidio de su novia Monserrat Bendimes Roldán.
“Monserrat tenía 20 años (…) ninguna pena la devuelve, pero la condena cumple con la responsabilidad del Estado”, dijo el juez Rubén Adrián Romero Maldonado, casi por cerrar la audiencia para dictar la sentencia.
Frente a 15 personas, entre el juez, la defensa, la Fiscalía, asesoría jurídica y los papás de Monserrat, Víctor Bendimes y Cecilia Roldán, finalmente se dio a conocer que estará en prisión 70 años, por lo que le faltan 65 años 10 meses aún en la cárcel.
Al iniciar la audiencia, Marlon apareció en la pantalla, en videoconferencia desde el Centro de Readaptación Social (Cereso) de Tuxpan, ataviado con su playera naranja característica de la prisión, barba, cabello corto y unos audífonos de diadema con micrófono.
Desde allí escuchó como la fiscal y la asesoría jurídica pedían la pena máxima de 70 años, por la gravedad de sus actos, mientras colocaba las manos para cubrirse la boca o hacía pequeños estiramientos.
También oyó la forma en que su defensa argumentaba que debía de ser la pena mínima, 40 años, bajo el argumento de que llamó a sus papás para que la ayudaran o que la fiscalía no enlistó todas las pruebas en esa audiencia. Escuchó el anunció de que apelarían el fallo como culpable. Él no se inmutaba.
Entonces le dieron la oportunidad de hablar y decir algo a su favor, pero solo prendió el micrófono para denegarlo.
El juez decidió tomar un receso, que duró cerca de una hora, tiempo en el que Cecilia y Víctor tuvieron que ver al ahora condenado feminicida de su hija platicar con alguien a quien el silencio del micrófono no permitía identificar, reír a carcajadas, estirarse, y recostarse desde la silla, como si el cansancio le hiciera estragos. Pasado un rato, los papás salieron de la sala pero la escena se repetía.
Cuando el juez regresó, Marlon se acercó a la cámara de manera que no podía tomarlo por completo y solo se veían los ojos, la audiencia se hizo hacia adelante: era el momento que se esperó desde aquel 17 de abril del 2021, la sentencia que condenaría al agresor.
Primero, aclaró que las pruebas ya se habían presentado y que ahora todo lo que se había entregado tenía que ser valorado para poner un número. Después, recordó que Monse tenía muchos golpes, muchas fracturas, muchos impactos repetidos y contundentes, incluidos en la cabeza donde todas las personas saben que puede costar la vida.
Tras cada golpe, dijo el juzgador, Marlon pudo haber reaccionado, se pudo detener, pero no lo hizo.
“La insistencia sobre un cuerpo que no podía defenderse”, aseguró.
Siguió contando que los golpes llegaron dentro de la casa de los papás de Marlon, justo después de ir a una fiesta familiar y acudir a cambiarse para ir con la otra familia. Justo en el sitio donde ella se sentiría segura y bajaría las defensas, pero donde encontró la agresión.
El sitio, dijo, fue limpiado antes de que Monserrat Bendimes fuera trasladada, lo que refleja las prioridades que se tenían
Cuando ella estaba golpeada y mal herida, Marlon llamó a sus papás quienes la llevaron a un hospital. Pero él no la auxilió, no la trasladó, no fue al hospital y no preguntó por ella.
“Pudo detenerse antes del golpe, pudo detenerse en cualquier momento de los siguientes (…) pudo auxiliar a la víctima cuando todavía vivía”, señaló el juez mientras que en la pantalla Marlon comenzaba a morderse las uñas y a perder la calma que había mantenido.
El hecho de que se trataba de una persona que se había integrado a su familia, que ambos iban a convivios familiares y ambas familias hacían actividades juntas, fue considerado por el juez como un vínculo de confianza mayor.
Dijo que la pena debía ser alta, pues según los convenios internacionales y mandamientos judiciales la impunidad no es solo la ausencia de castigo sino que este no guarde proporción con la gravedad de los hechos, lo que generaría tolerancia y perpetúa este tipo de situaciones.
Por eso los 70 años de prisión que es la pena máxima por feminicidio, pues sostuvo que nunca debe compararse con que otros pudieran ser peores sino tomar en cuenta todo lo sucedido aquel 17 de abril, cuando Monse fue agredida y le costó la vida.
También dijo no se puede hacerlo en libertad o bajar la pena porque no hay argumentos y que, sumado a la condena de prisión, se deberá hacer la suspensión de sus derechos político electorales y una amonestación pública.
Además, tendrá medidas reeducativas desde la prisión donde se encuentre y pagará la remediación integral del daño, pues aunque nada devolverá a la vida a Monse, sí debe de hacer el pago por el daño moral, gastos psicológicos y demás que deriven del proceso a los papás.
La imagen de Marlon seguía en el cuadro cuando anunciaron que habrá una audiencia para hacer oficial la sentencia el 23 de julio, mientras que se mostraba tranquilo, sin sorpresas.
A diferencia de él, los papás de Monse estaban conmovidos, para su mamá, Cecilia Roldán, la sentencia es una prueba de justicia y es sobre todo una oportunidad de comenzar su duelo tras cinco años del feminicidio de su hija.
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