Bajo el aire acondicionado, en toallas sobre la arena o en el borde de una piscina, el verano es para leer. Julio y agosto pueden ser los meses en los que adentrarse en universos complejos de miles de páginas, pero también son aquellos en los que abrir un libro al despertarse y terminarlo al inicio de la puesta de sol.
A continuación, 10 libros de lectura rápida, para devorar en una jornada con los que descubrir desde un retrato descarnado y sin filtros de la adolescencia hasta una novelista de culto de la literatura británica.

“Nada” (2000), Janne Teller
El primer día del nuevo curso, Pierre Anthon abandona el aula y se sube a un ciruelo clamando: “Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena hacer nada. Eso acabo de descubrirlo”. Ante la situación, 20 de sus compañeros de clase se proponen reunir un “montón de significado” con objetos que para ellos tienen un valor esencial para que su amigo descubra que merece la pena vivir.
Lo que en ‘Nada’ comienza como una intención inocente, deriva en un juego macabro y obsesivo que exige a los personajes renunciar a sus valores en pos de un significado exagerado que los lleva a olvidar por qué iniciaron la misión y a moverse por la venganza puesto que, quien aporta el objeto es el que decide quien tendrá que entregar el siguiente.
“La casa en Mango Street” (1983), Sandra Cisneros.
Esperanza Cordero, hija de inmigrantes mexicanos, no ha vivido siempre en Mango Street. Tampoco desea quedarse allí. Sin embargo, es incapaz de escapar, de desprenderse de la casa propiedad de su familia en los arrabales de Chicago, en un vecindario con una amplía población chicana.
A lo largo de ‘La casa en Mango Street’, Cisneros se personaliza en Esperanza, quien se debate entre la identidad personal y la lealtad a su comunidad, y construye una historia de biculturalidad, clase social, maduración personal y educación.
“Bluets” (2009), Maggie Nelson.
240 fragmentos, sin conexión aparente, crean ‘Bluets’, una oda al color azul que hunde sus raíces en el dolor y la pérdida. Memorias, filosofía, citas, análisis, meditaciones, reflexiones… todo es material que nutre esta colección de cosas azules que no es sino un híbrido experimental que oscila entre el ensayo lírico y la prosa poética.
Nelson toma el azul y ofrece un mosaico de sus azulejos vitales en los que habla de su depresión, sus rupturas amorosas, la paraplejia de una amiga tras un accidente, una tarde de intenso sexo en un hotel o de sus referencias artísticas como Cézanne, Warhol o Goethe.
“El acontecimiento” (2000), Annie Ernaux.
En octubre de 1963 Annie Ernaux, estudiante en la Universidad de Ruan, descubre que está embarazada y decide jugarse la vida en un aborto clandestino. 37 años después, decide plasmar en ‘El acontecimiento’ su desamparo ante una sociedad en la que el aborto es un tabú y un delito.
La obra es un ejercicio de memoria y análisis de una mujer sola, sin apoyo, sin dinero y sin opciones legales movida por la búsqueda a contrarreloj de una persona que le practique un aborto de forma barata y segura.
“Autobiografía de rojo” (1998), Anne Carson.
En la tradición clásica, Gerión es un monstruo de alas rojas y tres torsos que protagoniza el décimo de los doce trabajos de Heracles. En ‘Autobiografía de rojo’, Carson toma el mito de la ‘Gerioneida’ —poema épico compuesto por Estesícoro de Himera— y lo reelabora en clave posmoderna: Gerión es un niño enmadrado, consciente de su condición monstruosa, que sufre acoso de su hermano y que, al llegar a la adolescencia, se enamora de Heracles con consecuencias fatales.
El anacronismo, las referencias y la mezcla de registros son la norma de esta novela en verso que conecta la herencia griega clásica con el mundo moderno.
“Kim Ji-young, nacida en 1982” (2016), Cho Nam-joo.
Kim Ji-young es el nombre más común de Corea. Y así es como se llama el personaje principal de Cho Nam-joo, una mujer de 33 años de clase media, promedio, con una vida sin éxito ni penuria. Todo cambia cuando, de repente, Kim empieza hablar y actuar como su madre, su amiga desaparecida y muchas otras mujeres.
Lo que parece una enfermedad, no es sino un modo de insurrección a través del cual narra su vida, la de su abuela, madre y hermana. Porque Kim no es solo ella, sino todas las mujeres de su generación sometidas a las normas sociales y retos que enfrentan las mujeres surcoreanas.
“Huaco retrato” (2021), Gabriela Wiener.
En su ‘Huaco retrato’ —una pieza de cerámica prehispánica que buscaba representar los rostros indígenas y que capturaba el alma de las personas— Gabriela Wiener encierra aquello en lo que se reconoce: la muerte de su padre, los celos, la culpa y el deseo, y una ascendencia corrompida por el saqueo y el racismo.
Situándose 143 años después de que el explorador judio-austriaco Charles Wiener, tatarabuelo de la escritora, expoliase cuatro mil huacos y se llevase a un niño, Weiner persigue las huellas de su familia peruana con apellido extranjero buscando construir una identidad en un mar de abandono, culpa, racismo y deconstrucción de un pensamiento colonial heredado.
“La lluvia amarilla” (1988), Julio Llamazares
En Ainielle, un pueblo abandonado del Pirineo aragonés, solo queda Andrés. Abandonado en una aldea en ruinas, a merced del olvido, el protagonista de ‘La lluvia amarilla’ rebusca en su memoria a sus vecinos y amigos, muertos o fuera de la villa.
Andrés y Ainielle son solo pasado, el de un éxodo rural masivo que sufrió España tras la Guerra Civil (1936-1939). El monólogo interior del protagonista de Llamazares no es sino el recuerdo constante del final de la propia vida de Andrés y de un mundo al borde de la extinción.
“El estado de la unión” (2023), Nick Hornby.
El matrimonio ficticio de Tom y Louise se desmorona. Para reconstruir los pedazos —o intentar encontrarles sentido— se reúnen cada semana en un pub londinense antes de su sesión de terapia de pareja. Sus conversaciones son recogidas y diseccionadas en ‘El estado de la unión’, una novela dialogada en 10 partes teñida de ironía y sarcasmo.
Los protagonistas, casados desde hace 15 años, con dos hijos y con una aventura extramatrimonial a sus espaldas, dialogan sobre el sexo, su amor, sus frustraciones, su vida en común las expectativas y desengaños e, incluso, la realidad política.
“La plenitud de la señorita Brodie” (1961), Muriel Spark.
Jean Brodie es espontánea, chocante, políticamente incorrecta, culta, mandona, cotilla y maestra en la Escuela Marcia Blaine para niñas, en el Edimburgo de los años 30. Cada año, entre sus alumnas, escoge a un grupo especial de seis niñas a las que acoge bajo su tutela e inculca sus ideas morales y estéticas que derivan hacia una manipulación consciente del grupo.
Con esta premisa, Spark relata, con ingenio y peculiaridad, en “La plenitud de la señorita Brodie” las aventuras de las pupilas de Brodie y la fascinación que sigue ejerciendo su antigua profesora sobre ellas aún años después de verse forzada a abandonar el colegio.
Andrea Insa Marco.
EFE REPORTAJES
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