Los manantiales secos, las parcelas con hidrocarburo y las instalaciones de Petróleos Mexicanos abandonadas, son para las personas de la zona totonaca de Veracruz una imagen evidente de la razón por la que rechazan el fracking “sustentable” que el Gobierno Federal busca realizar.
“Somos gentes, somos seres vivos y con sus ideas nos están matando poco a poco”, sentenció Gloria Domínguez, desde Rafael Rosas en Papantla mientas observa su parcela llena de petróleo crudo que quedó de la última fuga de la tubería que pasa por allí.
La región está ubicada sobre el campo Tampico- Misantla, uno de los sitios que tiene un alto potencial para la utilización del fracking para extraer el hidrocarburo en piedras no porosas, conocido como no convencional.
El Gobierno Federal anunció la conformación de un grupo de científicos que analizan la posibilidad de hacer un fracking “sustentable”, cuya existencia ha sido puesta en duda por grupos ambientalistas. A dos meses de haber sido creado, el comité debería estar por entregar sus conclusiones sobre la viabilidad de realizarlo.

La necesidad, refirió la presidenta Claudia Sheinbaum, es para incrementar la producción propia de gas, dado que el 75 por ciento del consumo actual del país es importado desde Estados Unidos.
El gobierno aseguró que se analiza si se puede hacer sin dañar el medio ambiente y anunciaron la existencia de tecnología que mitiga los problemas. Pero las personas que habitan una de las zonas donde se podría aplicar denunciaron que sus territorios han sido fuertemente dañados por Pemex, tanto con la extracción convencional como la no convencional.
En la región el fracking no es nuevo. Desde 2019, la entonces Comisión Nacional de Hidrocarburos (ahora extinta) reconoció en un documento que ya se había practicado la técnica en 8 mil 457 pozos y de esos en Veracruz fueron 2 mil 270, el segundo estado con mayor cantidad. En su mayoría, fueron para estimular los pozos de hidrocarburos convencionales. En el país solo 27 para no convencionales.
El uso del fracking, señalaron las personas de la región totonaca que ha sido una de las más afectadas, ha provocado la escasez de agua y la contaminación.

En Emiliano Zapata, una comunidad de Papantla, lo saben bien, pues el arroyo del que se abastecen de agua ha sido contaminado en múltiples ocasiones con el agua congénita o producida que sale del fracking llena de un sin número de químicos, dejando sin el líquido a la población.
Luis Pérez, un abogado y habitante de la zona, explicó que la planta de inyección del agua congénita que está en la comunidad ha tenido varios derrames del agua que está contaminada, pero aunque esta llega al arroyo, en ningún momento se ha realizado un análisis para conocer su situación y eso arriesga a la población a enfermedades.
Para el fracking se requieren millones de litros de agua que son mezclados con cientos de sustancias químicas e inyectado a presión en los pozos para lograr fracturas que generen la salida del hidrocarburo. Manuel Llano, integrante de Cartocrítica, señaló que estas sustancias son dañinas para la población y para el medio ambiente.
Los millones de litros de agua que se requieren, son otro factor de preocupación para las comunidades. Aunque la zona se ubica en una región considerada de bajo estrés hídrico, la realidad dista mucho de los documentos.
Habitantes de la zona totonaca de Veracruz rechazan el fracking “sustentable”
“No tenemos agua, no juntamos agua, nosotros compramos agua (…) nosotros, si somos pobres, pues más todavía nos amuelas, por lo mismo hay que comprar”, dijo Pastora García sobre su comunidad Reforma Escolín.
Allí los arroyos y manantiales que les abastecían de agua limpia se secaron por completo. Todos los cuerpos de agua desaparecieron y al intentar escarbar no encuentran más que tierra. Por eso dependen de la compra de agua hasta para lo más básico.
“Hay que tener agua en casa, aunque no haya algo de comer, pero con que haya agua, agua, eso es lo que es lo más importante (…) hasta ahorita el gobierno, ningún gobierno nos ha hecho caso”, contó y dijo que mientras ven los pozos trabajar y los camiones moverse, el pueblo sólo tiene el sacrificio.
El gobierno federal ha asegurado que el fracking se realizará con la reutilización del agua congénita que será tratada, con agua salada o con otros químicos, para evitar así la utilización del agua dulce. Sin embargo, Llano advirtió que cualquiera de esas opciones implica altos costos que no podrán ser pagados y que en todo momento se requiere de combinarlo con agua que también es para consumo humano.
“El agua cuando tú calculas y la cantidad de pozos que se tendría que realizar en la zona y la cantidad de agua que se requeriría, pues resulta que es más de la totalidad del agua disponible en esas cuencas y acuíferos”, aseguró.
Ante este tipo de situaciones, las personas aseguraron que no pueden considerar que Petróleos Mexicanos pudiera realizar esta técnica sin dañar el medio ambiente, pues lo que han hecho hasta el momento ya ha generado muchas afectaciones.
Gloria Domínguez observa su parcela muerta, donde antes se daba maíz y naranja ahora no se puede cultivar nada, mientras asegura que una empresa que ha generado esos daños no puede apostar por una técnica que causa más problemas al medio ambiente y a las personas.
La parcela de Gloria se ha llenado una y otra vez de hidrocarburo pues un ducto de petróleo pasa por ella. La única respuesta de Pemex es pedirle que se acostumbren, remover la tierra y dejar los desechos para que se pierdan allí, pues ni siquiera realizan la limpieza.
La tierra ya no sirve para sembrar. Tras un derrame en 2021 intentaron volver a sembrar maíz, pero no creció. Lo volvieron a hacer con uno en 2022. Desde 2023 se han registrado otros, pero ya no lo intentan pues saben que el hidrocarburo que solo fue removido por la empresa estatal está debajo de lo que siembran y hace que nada prospere.
Aunque firmaron acuerdos de reparación del daño para que Pemex les pague lo que perdieron en dos de los derrames, hasta ahora no lo han hecho.
“Están unos documentos donde dicen te vamos a pagar tanto pero resulta que no hay dinero”, contó.
Ese derrame no es el único en la zona. En 2024 una fuerte fuga contaminó gran parte de Ojital Viejo provocando muerte de especies, contaminación de la tierra y del arroyo del que se abastecen de agua. Los derrames también han afectado comunidades como El Tajín, El Remolino y Tlahuanapa.

El geoportal de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) reporta más de 50 sitios contaminados por hidrocarburos entre 2021 y 2025 únicamente en esa zona. La Agencia de Seguridad Energía y Ambiente señala 25 en todo el estado. Es decir, existen datos diferentes por cada dependencia.
Estos derrames, aseguraron las personas, se deben a la falta de mantenimiento de las instalaciones de petróleo y gas. Como en Tlahuanapa que junto a un pozo hay tanques oxidados y rotos que dejan caer el crudo al suelo y que provocan malos olores que, según contó Pedro García, generan dolores de cabeza y náuseas.
Los derrames no son el único reclamo que tienen para Pemex las comunidades. También ha dejado instalaciones abandonadas que ya no les son útiles, pero no desmantelan ni limpian, provocando contaminación. Como una planta con piletas de agua y costales llenos de un material que desconocen su origen en Emiliano Zapata o en Rafael Rosas donde quedaron quemadores de gas que aun expiden químicos y fuertes olores.
Por eso, las personas de la región se han unido en una sola voz: No al fracking.
A punto de vencerse el plazo para determinar si se realizará el fracking, piden que finalmente se determine que no es viable y que así eviten seguir dañando a una población que ya ha sido afectada.
“Que no que no nos dejen morir o que nos están dejando morir”, afirmó Pastora García.
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