Películas de terror muchas, pero aquellas que con el paso del tiempo vas a recordar… muy pocas, y “Obsesión” es una de las grandes sorpresas del año, y que pese a no tener un gran presupuesto, logra muchísimo con una historia que puede resultar de lo más básica, pero que se apoya de todos los elementos que tiene a su alcance para hacerla memorable, entretenida, llena de comedia involuntaria, pero de una tensión tan intensa que traspasa la pantalla gracias a la ansiedad que provocan sus protagonistas, muy bien interpretados, y que vienen de la mano de otro de los elementos que destaca por completo: su musicalización.

El anhelo romántico desesperado de un chico por su amor platónico desencadena un siniestro hechizo: Niki se vuelve irracionalmente obsesiva hasta convertirse en la sombra de Bear. Una fantasía aparentemente inofensiva, que se logra por un artículo comprado en una tienda, se convertirá en una perturbadora pesadilla para un joven que soñaba con estar con la chica de sus sueños, pero también para una joven inestable que explotará por completo lo que representa el apego, enamoramiento y capricho hacia alguien, todo en una intensa metáfora sobre la cosificación de las relaciones románticas y de los límites a los que estamos dispuestos a llegar movidos por el deseo de ser correspondidos, entre aquellos que desean amar o los que buscan ser amados alterando la naturalidad de lo que debe ser una relación sana y normal.
Este thriller de terror es sorpresivamente divertido a un grado de reírte a carcajadas, pero también sentirás incomodidad de ver por todo lo que pasa la joven pareja protagonista, interpretados por Michael Johntson e Inde Navarrete, que como Bear y Nikki son sencillamente explosivos y te harán alucinar en el camino de una relación tóxica de la que, cuando piensas que ya viste todo, aún viene cosas más peores y sangrientas de lo que te puedas imaginar, con un grado de violencia explícita que te permitirá ser parte de la explosión de sangre, de la suciedad y de los comportamientos demasiado extraños.

Pero también junto a ellos tenemos a dos de sus mejores amigos, interpretados por Cooper Tomlinson y Megan Lawless, quienes son parte de las situaciones incómodas y raras por las que pasa Nikky y tratarán de apoyar a Bear, aun cuando la situación emocional entre todos ellos está patas arriba. Principalmente la cinta me gustó porque tiene alma de los noventas, por lo descarado de su guión sin complejos, su atrevimiento para ser salvaje y el elemento mágico que le da un toque especial, y es que pareciera que todo esto no puede ser tomado tan enserio, pero en realidad si lo sufres, si te desesperas y si te angustias porque poco a poco comienzas a saber cuál sería la solución para que todo esto se termine. De fondo es una historia de jóvenes que refleja lo que muchos viven, en donde tenemos a un Bear que está profundamente enamorado de Nikki, pero no está seguro de ser correspondido. El miedo le puede y no se atreve a declarar su amor, su timidez le paraliza, pero el peor error que pudo cometer fue entrar un día a una tienda esotérica donde venden un artículo mágico, aquel que te concederá un deseo, por lo que Bear pide el amor incondicional de Nikki…

Es por ello que resulta demasiado agradable meterte al cine sin tener ni idea de lo que vas a ver, y que de repente te sorprendan de una manera tan fresca y entretenida como lo hace aquí Curry Barker en su dirección, y es que los actores están muy a la altura, y ya sabemos que sin eso es muy difícil que una historia nos entre bien. Para seguir, el tema del silbato mágico es todo un acierto. Meter un elemento en el que tienes que creer, con ese concepto de “ten cuidado con lo que deseas porque se puede cumplir” resulta muy divertido, y es algo que podríamos haber hecho cualquiera de nosotros, desencadenado auténticas catástrofes. Y para acabar, que Barker no escatime en salvajada y consiga dar auténtico miedo, algo para celebrar como un absoluto entretenimiento, lo que demuestra un gran acierto en el director; del cual se trata de su segundo largometraje tras haber hecho bastantes cortos c brindando algo entre lo romántico, lo grotesco y lo trágico con una seguridad sorprendente para un debut: empieza como comedia de instituto, se desliza hacia el thriller psicológico y acaba en un infierno emocional sin redención posible, por lo que con una Inde Navarrette que sostiene el film con una interpretación magnética, dulce y aterradora, infantil y predadora, le da entrada al protagonista masculino, Michael Johntson, interpretado con torpeza deliberada cual víctima perfecta lleno de ingenuidad, fragilidad y cada vez más atrapado en su propio deseo cumplido, todo entre luces de neón, planos cerrados, horror artesanal, pero con una intención muy clara: convertir lo cotidiano, una cita, un mensaje, una mirada, en amenaza y horror puro, en donde cada escalada emocional responde a la lógica de una historia que entiende el amor como una enfermedad incurable.
