Por: Layda Jacqueline Estrada Bautista/ Colectivo Akelarre A.C
Desde el siglo XVIII hay registro de mujeres mexicanas desafiando el orden patriarcal. Pero fue en la década de 1970 cuando el feminismo en México se consolidó como movimiento social. En ese tiempo, grupos de mujeres comenzaron a reunirse para hablar de su situación, para nombrarse, para organizarse. Surgió así Mujeres en Acción Solidaria, el primer grupo feminista de esa década en el país. A la par, nacieron revistas y publicaciones que dieron voz al pensamiento feminista: La Revuelta Feminista, Fem, Cihuat, Debate Feminista y La Correa Feminista, entre otras. Desde mediados de los años ochenta y con mayor fuerza en los noventa, el movimiento feminista adoptó una nueva forma de organizarse: las organizaciones de la sociedad civil. Esto les permitió especializarse, tener mayor alcance y dialogar con instituciones de gobierno sin perder su autonomía crítica. Fue el inicio de lo que hoy conocemos como la tercera ola del feminismo en México.

El feminismo en Veracruz tiene sus raíces visibles desde la segunda mitad del siglo XX. Investigadoras como Fernanda Núñez Becerra y Rosa María Spinoso han documentado cómo las mujeres veracruzanas comenzaron a organizarse y a nombrar su situación mucho antes de que el feminismo tuviera ese nombre en la entidad. Desde entonces, la lucha por la igualdad ha caminado de la mano con las luchas populares, obreras e indígenas que han marcado la historia de nuestro estado. Fue en la década de los ochenta cuando el feminismo organizado cobró forma en la entidad, justo cuando la violencia contra las mujeres empezó a ser denunciada públicamente. En ese contexto nació el Colectivo Feminista de Xalapa, AC, una de las organizaciones feministas con décadas de trabajo contra la violencia de género. Poco después, en la región de las Altas Montañas, surgió el Colectivo Feminista Cihuatlahtolli, AC, impulsando la igualdad de género desde los territorios indígenas. En la Sierra de Zongolica, Kalli Luz Marina, AC comenzó a defender los derechos de las mujeres nahuas frente a la violencia intrafamiliar y la discriminación, articulando el feminismo con la perspectiva indígena y comunitaria.
En los años noventa y dos mil, el movimiento se diversificó. Nuevas organizaciones surgieron en distintas regiones del estado para atender la violencia, los derechos sexuales y reproductivos y la construcción de ciudadanía para las mujeres. En 2008, con la entrada en vigor de la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia en Veracruz, las organizaciones feministas comenzaron a generar datos y estadísticas propias sobre la violencia, llenándose así los vacíos que el gobierno no quería ver. Una nueva etapa de incidencia política intensa había comenzado, que culminaría años después con la conquista de las Alertas de Violencia de Género.

Un hito histórico ocurrió en septiembre de 2015: el Primer Encuentro de Mujeres Feministas de Veracruz, que reunió a feministas del norte, centro y sur del estado —lesbianas, indígenas, jóvenes, comunitarias— y dio origen a la Red de Mujeres Feministas de Veracruz (Remufever). Una red que unió y sigue uniendo voces en una sola fuerza.
A pesar de los logros, los desafíos son enormes. La violencia contra las mujeres en Veracruz no ha cesado: los feminicidios, las desapariciones y la criminalización del aborto siguen siendo las principales problemáticas detectadas por el movimiento feminista en la entidad. A esto se suma la presencia del narcotráfico, estructuras estatales que no responden y grupos conservadores que intentan revertir los derechos conquistados. También persiste la invisibilidad histórica: décadas de lucha feminista en Veracruz siguen sin ser documentadas ni reconocidas formalmente. Las mujeres que han construido este movimiento desde 1980 merecen que su historia sea contada, analizada y transmitida a las nuevas generaciones.
Por ello, cada 8 de marzo recordamos que los derechos de las mujeres no se otorgan: se conquistan. Lo que hoy existe —las leyes, los mecanismos, los espacios— es resultado del trabajo incansable de colectivas, asociaciones y redes feministas que salieron a las calles, que documentaron la violencia, que exigieron justicia y que no se rindieron. En Veracruz, ese movimiento sigue vivo, sigue creciendo, sigue siendo necesario.
Conocer nuestra historia feminista es también una forma de resistencia. Porque saber de dónde venimos nos da fuerza para seguir.
