Veracruz es un estado con una riqueza natural impresionante, especialmente cuando se trata de recursos energéticos. Sin embargo, mientras puertos similares, como Manzanillo, en Colima, y próximamente Puerto Libertad, en Sonora, se preparan para exportar gas natural, nuestro estado parece estar quedándose atrás. ¿Por qué?
Como ejemplo, está el caso de Gato Negro Permitium Uno, un promotor energético mexicano, quienes recientemente solicitaron al Departamento de Energía de Estados Unidos una autorización para importar gas natural a México y luego exportarlo como gas natural licuado (GNL) hacia otros países. Esta solicitud de permiso por 20 años incluye el desarrollo de una terminal de licuefacción en el puerto de Manzanillo, Colima, que tendrá una capacidad de producción de hasta 4 millones de toneladas al año.
¿Y Veracruz?
El sur-sureste de México, incluyendo nuestro estado, tiene un enorme potencial de producción de gas natural. Los campos terrestres de Ixachi y Quesqui, ubicados en Veracruz y Tabasco, concentran una cuarta parte de las reservas totales de gas natural del país. Sin embargo, la falta de infraestructura adecuada, como gasoductos y plantas de licuefacción, ha frenado nuestro desarrollo y competitividad.
Para que Veracruz pueda competir en el mercado global de gas natural, es crucial desarrollar más infraestructura energética. Esta industria puede atraer grandes inversiones de empresas globales y dinamizar la economía local, crear empleos y mejorar la calidad de vida de los veracruzanos. Empresas como Gato Negro también pueden prosperar en tierras jarochas.
Un futuro prometedor
Imaginemos un Veracruz donde nuestras riquezas naturales se aprovechen al máximo, donde nuestras reservas de gas natural se conviertan en una fuente de prosperidad para todos. Para lograrlo, necesitamos un compromiso firme de las autoridades y el sector privado para invertir en infraestructura energética.
Veracruz, incluso, podría convertirse en un líder en la exportación de gas natural, si quisiera y se invirtiera en ello. Con el desarrollo adecuado, nuestro estado puede dejar de ser un gigante dormido y convertirse en una potencia energética.
Si otros estados ya están avanzando en este camino, ¿por qué no Veracruz? La respuesta está en nuestras manos: inversión, infraestructura y visión a largo plazo.
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