Crítica: PLACA DE ACERO


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Por: Mario E. Durán/Cinéfilos

Entiendo que el cine mexicano quiere experimentar con muchas tramas para de alguna forma llamar la atención del público. Si bien las comedias son principalmente las que más generan ingresos en taquilla, es prudente esperar por lo menos algo decente.

Pero ¿qué ocurre cuando una comedia que como tal no es efectiva, y además se le suma acción que es por demás absurda? Tenemos la simplonada llamada “Placa de acero”, de la cual directamente no puedo arremeter sobre los actores, porque en general ellos intentan sacar adelante sus papeles, pero desgraciadamente todo lo que viene de la mano con la trama y lo que ocurre en ella es desastroso.

Aquí nos narran la historia de Roberto, un oficial de policía que, a pesar de que los índices de criminalidad se elevan y los niveles de corrupción pretenden alcanzarlos, se ha mantenido firme y recto en su cruzada por hacer el bien y actuar de manera responsable. Sin embargo, su rectitud y responsabilidad, para el beneficio de los ciudadanos, le ha traído una cantidad de problemas considerables y un gran número de enemigos en la propia corporación. Debido a que en realidad no tiene faltas ni errores en su trayectoria, sus superiores no pueden despedirlo, pero han llegado a una solución: ponerle como nuevo compañero a Vázquez, uno de los oficiales más perezosos y corruptos del departamento, esperando desmotivarlo y obligarlo a partir. Pero cuando la pareja empieza a tener sus conflictos, un grupo criminal está avanzando en su territorio y solo ellos podrán hacerle frente y detenerlo.

Todo parte de la risa que genera el propio apellido de uno de los protagonistas, el oficial Roberto S. Recto (interpretado por un aceptable Alfonso Dosal y situación que nos quedó más que clara en el repetitivo trailer de cine que vimos durante el último par de meses), quien en su afán por ser cumplido, trata de omitir por completo todo el relajo que existe a su alrededor, especialmente aquel que se genera por parte de su compañero Adrián Vázquez, de quien su interpretación por momentos es estresante y puede sacar de quicio hasta el más tranquilo.

Teniendo secuencias de acción que intentan parecerse mucho a las de las cinta gringas de los 80’s revueltas con comedia, palabras altisonantes y doble sentido (algo así cómo “Loca academia de policías”), nada se siente en su lugar y además hay intentos de manejar situaciones como un arquee de zombies que no es más que el uso de una droga que está circulando en el mercado.

Lo curioso es que aquello que nos debe hacer reír, no provoca en nosotros nada, y las escenas de acción que ligeramente están bien armadas en cuanto a coreografía, no despiertan alguna emoción, por lo que la cinta en general, que también cuenta con las participaciones de Lalo España y Regina Blandón, se queda cual lapso perdido que nos encamina hacia lo mismo de siempre: situaciones de narcos, retratando solamente el lado negativo de México.

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