Crítica: DOCTOR SUEÑO


⭐️⭐️⭐️
Por: Mario E. Durán/Cinéfilos

Puede que en su momento a la cinta “El Resplandor” le lloviera una enorme cantidad de críticas en contra por no ser una buena adaptación de la novela del gran Stephen King, esto enfocándose en especial a que su director Stanley Kubrick no logró capturar la esencia de la historia, además de que según consideraban que las interpretaciones, es especial la de la actriz Shelley Duvall, no eran las mejores de todas.

Algo tenemos muy claro: esta película es y siempre será considerada como un clásico y con el paso del tiempo se convirtió en una cinta de culto gracias a todo lo que representó para muchos de nosotros (aún recuerdo el pánico que me generaba solamente ver la carátula de esta película en el videocentro en el que rentaba junto a mi familia cada fin de semana, situación que me llevó a poder apreciarla hasta mi adolescencia porque representaba un enorme miedo para mi); pero lo cierto es que forma parte de nuestros recuerdos principalmente por la brutal interpretación de Jack Nicholson en su papel de Jack Torrance, aquel que se convertía en cuidador de invierno en el Hotel Overlook, en Colorado, con la esperanza de vencer su bloqueo con la escritura; instalado en el lugar, junto con su esposa Wendy y su hijo Danny, que está plagado de premoniciones psíquicas, da inicio a una de las más grandes historias de horror cortesía los oscuros secretos del hotel, hasta el grado de ver a este hombre transformado en un maníaco homicida, empeñado en aterrorizar a su familia (la escena de la puerta y el hacha es de aplausos de pie).

No es un secreto a voces que el autor del libro odia por completo la versión fílmica, y aún teniendo su libro “Doctor sueño” que es la continuación de esta historia, se tomó la decisión de llevarlo al cine partiendo de lo visto en 1980, lo que obligó a King a pedir ciertos detalles para tratar que esta, dirigida por Mike Flanagan, no fuera una catástrofe; el detalle aquí es que el esfuerzo por dar una digna continuación se nota, pero el resultado no cumple con las expectativas y está muy por debajo de su antecesora.

Vamos de lleno con Danny Torrace, ahora traumatizado y con problemas de ira y alcoholismo, los cuales reflejan los de su propio padre. Cuando tiene sus habilidades psíquicas, contacta ahora con una niña, Abra Stone, a la que debe de rescatar de un grupo de viajeros que se alimentan del vapor de niños, sus miedos.

Se dice que siempre es bueno cerrar ciclos y aquí es un claro ejemplo que el motivo principal de su existencia sea ese, concluir algo que parte de un trabajo del que aún hoy en día tenemos muy marcadas sus escenas, las cuales además de ser un impacto visual por aquellos años, se le reconoció toda la entrega que se tuvo para lograr excelentes efectos visuales orgánicos, de lo cual se trata de retomar en esta en la que además tenemos prácticamente varias de las escenas recreadas (salvo por la de la cascada de sangre del elevador), esto a especie de homenaje y para lograr el enlace con la historia (es agradable volver a ver a varios personajes).

La trama es aceptable pero no tiene la fuerza que hubiéramos esperado, no tanto porque sus actores actuales sean malos, Ewan McGregor cumple en su papel de hombre descompuesto y consumido, mientras que Rebecca Ferguson hace gala de su belleza y maldad, pero en general todo se respira plano, siendo aquí ese su principal problema, la cinta se alarga demasiado, aún cuando tiene buenas secuencias (principalmente donde dan muerte a un niño), pero principalmente su inicio es lento, cansado y demora bastante en llegar a lo que sabemos que ocurrirá y que esperábamos ver.

Aquí es donde me atrevo a decir que desgraciadamente segundas partes nunca fueron buenas, pero para aquellos que sean fans de la original les resultará agradable saber que fue de aquella historia con la que crecieron.

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