Crítica: AL RITMO DEL CORAZÓN


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Por: Mario E. Durán/Cinéfilos

La vida de cada uno de nosotros es especial, no importando nuestra nacionalidad, color de piel o género, todos tenemos la posibilidad de demostrar de qué estamos hechos, de la forma en que queremos que nos recuerden, pero principalmente es nuestra lucha y dedicación la que nos va marcando la pauta para ser mejores en el ámbito en el que nos desarrollemos. Una película biográfica siempre tendrá mi atención, no solamente por permitirnos conocer más a fondo a un personaje, sino saber el motivo de algunos de los capítulos de su vida, del sufrimiento que pasaron para ser hoy por hoy reconocidos a nivel mundial, andando entre esos fragmentos de un crecimiento que va desde lo personal hasta lo artístico.

Terco, necio, inseguro, con miedo al qué dirán y de inicio sin una pasión bien definida… así es como podemos catalogar los inicios de Carlos Acosta, el niño talentoso que se convirtió en un joven destacado y que hoy es un adulto que está agradecido con todo lo que ha logrado, aun con las enormes diferencias que tenía con su propio padre. Estudió ballet en la Escuela Nacional de Ballet de Cuba, donde tuvo enorme apoyo de sus maestros, y que en junio de 1991 se licenció con máximas calificaciones, recibiendo una medalla de oro, ha bailado con numerosas compañías, entre ellas English National Ballet, Ballet de Houston y American Ballet Theatre, miembro permanente de Royal Ballet de Londres desde 1998 y en 2003 fue promovido a principal bailarín invitado; aquel que para 2014 recibió de la reina Isabel II de Inglaterra la medalla de Comendador de la Excelentísima Orden del Imperio Británico, y al año siguiente se retiró del Royal Ballet y desde entonces ha manteniendo una intensa agenda de presentaciones, dedicándose principalmente a impulsar su fundación en apoyo a jóvenes talentos, potenciando su academia y su cuerpo de baile, Acosta Danza, con sede en Cuba, y que actualmente está casado y es padre de tres hijas.

Su vida, sus problemas, sus sombras y su entrega se ven ahora plasmados en la cinta de producción española titulada “Yuli” y que este fin de semana llega a las carteleras mexicanas bajo el título “Al ritmo del corazón”, en donde “Yuli”, como lo llamó su padre, es un niño enérgico e hiperactivo que reside en Cuba, y del que su padre Pedro, descubre que tiene el talento innato para bailar ballet. Contra su voluntad, Pedro lo lleva a la Escuela Nacional de Danza Cubana, y a pesar de resistirse, Yuli termina cautivándose por la belleza del ballet hasta convertirse en uno de los más talentosos internacionalmente, dándole la posibilidad de salir de Cuba y bailar en unos de los escenarios más importantes del mundo.
Es impresionante la forma en que esta película va desarrollando su historia, porque vamos de momentos felices a muy tristes, de pequeñas travesuras a situaciones que serán el detonante de un futuro en donde un pequeño niño simplemente tiene el deseo de estar en casa, de jugar con sus amigos y de pertenecer a su familia, que de principio está descompuesta por el fuerte carácter de su padre, por su propio pasado, aquel al que ama incondicionalmente y que de inicio critica por querer meterlo en una actividad que a él no le apasiona, aún cuando las personas a su alrededor, en especial sus profesoras, le dan a entender que es un talento nato y como pocos, por lo que no dudan en guiarlo y apoyarlo.

Por el temor de ser criticado y acusado de ser homosexual, él no le da la importancia que merece, hasta que es el momento de abrir los ojos, de descubrir su pasión y entender que su destino es el éxito, es el tener una serie de sacrificios en el camino, al igual que pérdidas, pero que bien valen la pena, porque además durante la película podremos ver impresionantes coreografías en donde la entrega y pasión nos harán estremecer y por derrabar algún par de lágrimas ante el crecimiento de este personaje, del cual en su edad adulta es interpretado por el propio bailarín, mientras que en su infancia y adolescencia también es bien interpretado, además de una serie de diálogos entre padre e hijo que sin duda son el motor de un trabajo bien armado y sentimental, y es que aquí el baile nos muestra el buen oficio realizado por Acosta, quien brilla totalmente ante un camino en el que principalmente aprende la importancia de la buena educación., en el que muy en el fondo desea con todas sus fuerzas ser una persona sencilla viviendo en su Cuba natal.

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