La Costumbre del Poder: Jaime Bonilla

La autoridad política y moral está amarrada a la capacidad de respuesta económica a lo ofrecido. También lo consigna la historia de Roma. La lealtad se pagó con denarios.

Hay problemas políticos que no deben asumirse como resueltos. La actitud del gobernador de Baja California, Jaime Bonilla, y las consecuencias de la falta de respuesta de las autoridades que lo debieron contener y sancionar, dejan un vacío en el estómago y en la legalidad. Nadie desea hacerse responsable de una tragedia electoral y constitucional. El dilema PERVIVIRÁ para siempre jamás… como en los cuentos.

  1. ¿Puede conculcarse el voto?
  2. ¿Está facultado el congreso de Baja California para modificar, sin más, la voluntad ciudadana?
  3. ¿Por qué decidieron no escuchar la voz de alarma del INE?
  4. Sabemos que la SCJN tiene sus propios tiempos, pero en un caso en que se propicia la habladuría, el rumor, el vocerío sobre la posibilidad de estar preparando el camino de la reelección de AMLO, a través de la maña de la prolongación del mandato, ¿no debió abrir la boca y emitir una opinión?
  5. ¿No debió, la SCJN, trabajar a marchas forzadas, para dar respuestas a las controversias constitucionales presentadas?
  6. Si fue electo por dos años, y protestó para gobernar cinco, ¿no hay un delito adicional?
  7. Ahora que se inicia el estudio para una reforma al Poder Judicial de la Federación, ¿no es oportuno puntualizar las facultades de la SCJN en la defensa de los intereses de la sociedad, ante los abusos de poder? ¿Cuándo el delito se comete a la vista de todo mundo, no es obligación de los ministros levantar la voz y detener el desaguisado constitucional y legal?

El mundo de ayer dejó de existir. El futuro está abierto, tan grande es el boquete, que puede perderse como el agua de una presa que se desfoga. El cambio no incluye las violaciones a la ley y a la Constitución, pero a nadie parece preocupar que para que la institución presidencial PERVIVA sobre los otros Poderes, México entra a un retroceso imparable y de consecuencias desastrosas.

Es cierto, no todo pasado fue mejor, pero la incertidumbre en que nos colocan por la falta de proyecto, favorece la suspicacia y permite suponer que no habrá reelección, pero sí una prolongación de mandato, si el México bueno y sabio así lo pide.

Stefan Zweig lo vio a tiempo: “Las masas, que durante decenios habían cedido, calladas y dóciles, el dominio a la burguesía liberal, de repente se agitaron, se organizaron y exigieron sus derechos. Precisamente en la última década, la política irrumpió con ráfagas bruscas y violentas en la calma de la vida plácida y holgada. El nuevo siglo exigía un nuevo orden, una nueva era”.

Pero en estos casos la autoridad política y moral está amarrada a la capacidad de respuesta económica a lo ofrecido. También lo consigna la historia de Roma. La lealtad se pagó con denarios.

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