Crítica: OLIMPIA


⭐️⭐️
Por: Mario E. Durán/Cinéfilos

Mucho es lo que ya se ha escrito y dicho sobre el Movimiento Estudiantil de 1968, del cual existe poca información oficial; con el andar del tiempo, y con los documentos existentes, hemos podido conocer lo ocurrido gracias a fotografías, videos y charlas de aquellos que en su momento lo vivieron. En ocasiones, ya puede resultar muy difícil escribir sobre ello. Todo ha sido parte de un hecho que se convirtió en historia y en el cine también ha estado presente para aportar algo más, a manera de homenaje, a todas aquellas personas que dejaron el mundo terrenal en aquella época.

Lo vimos en “Rojo Amanecer” y no hace mucho en “Tlatelolco”, ambas cintas, además de contar sobre la situación (la primera de ellas de forma cruda y la segunda con una historia de amor), integraron historias de vida para dar más empuje a la trama, es por eso que presentar una nueva cinta debía ser un reto total, y eso se logra, discretamente, con “Olimpia”, una novedosa producción de JM Cravioto y la cual formó parte de la Selección Oficial del Festival Internacional de Cine de Morelia 2018, y ahora tiene una distribución discreta por los cines de la República Mexicana, misma que para su realización se involucró a profesores y alumnos de la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la UNAM, quienes lograron un buen resultado visual al utilizar por primera vez la “rotoscopía”, técnica que acompaña a esta cinta que fue concebida con altos sentidos de pertenencia hacia la comunidad estudiantil, acto por el que entre profesores y estudiantes (alrededor de 100) trabajaron durante ocho meses en la animación.

En esta película se cuenta la historia de Raquel (Nicolasa Ortiz), Rodolfo (Luis Curiel) y Hernán (Daniel Mandoki), tres jóvenes que participaron en las brigadas estudiantiles de 1968. Contrastados entre ellos mismos por sus condiciones socioeconómicas, emprenden una lucha por la libertad que muchas veces creen perdida. Una batalla que, claramente, tiene un enemigo identificado: la autoridad. A veces ésta es representada por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, el ejército o el cuerpo de granaderos, y otras por los maestros o los padres de familia. De manera sentimental, conocemos la vida de estos tres estudiantes, que son llevados hasta el mismo punto, el detonante desagradable, gracias a sus ideas, y que se encuentran y desencuentran a partir de los movimientos juveniles que los motiva a generar asambleas, dando paso a las movilizaciones civiles y pasando por los preparativos de los Juegos Olímpicos, hasta el entorno familiar más íntimo (las prohibiciones, la propia soledad o el alejamiento), por lo que estos chicos van a dejar clara su postura y sus decisiones.

Si bien a la trama central se le suma el factor sentimental para hacernos tener una conexión más a fondo, el acabado que hasta ahora es inédito en un largometraje mexicano, es lo que llama por completo nuestra atención, y es que aun cuando el registro en acción real (para después ilustrarla cuadro a cuadro) no se muestra del todo bien logrado, se valora por completo el esfuerzo y la dedicación realizada para dar un trabajo de calidad, llevándonos a una reflexión sobre lo que significa ser joven y soñar con un mundo mejor (todos de alguna forma vivimos con esa utopía en la que nos imaginamos que no existen los problemas, que todos tenemos las mismas oportunidades y que el gobierno nunca será nuestro peor enemigo).

No todos los actores, al menos los principales, están en un punto fuerte, ya que si bien Luis Curiel y Daniel Mandoki lucen intensos y entregados a sus papeles, es Nicolasa Ortiz la que queda un poco a deber, no por su interpretación, sino por su dicción al momento de realizar las grabaciones de audios que posteriormente presenta para dar a conocer su punto de vista, faltándole fuerza y garra en los momentos que son necesarios, más al ocurrir el golpe (que ella lo vive encerrada en un cuarto de baño). También el lado adulto está presente con los padres de estos jóvenes y su forma de pensar y actuar tan distinto a ellos.

Puede que sintamos que 85 minutos fueron cortos, porque la historia no va más allá de momentos básicos, y es que aun sintiendo el dolor de saber sobre lo ocurrido, esta película da una nueva perspectiva y se siente necesaria hoy que se conmemora en México el trágico final.

Para más noticias y reseñas en CinéfilosMD