Crítica: CHICOS BUENOS

 

⭐️⭐️⭐️⭐️

Por: Mario E. Durán/Cinéfilos

Si lo que quieres es pasar una hora y media llena de carcajadas, de aquellas que hasta el estómago te duele, “Chicos buenos” es sin duda la mejor opción que podrás encontrar en cartelera, en la que te toparás con tres pequeños protagonistas que tienen una química desbordante aun cuando hablamos que no expresan el lenguaje más fino (abundan en gran cantidad las groserías) y que viven una serie de situaciones “subidas de tono” en las que en ningún momento nos sentimos incómodos como suele ocurrir con las clásicas comedias gringas que son todo un éxito en taquilla.

Max, Lucas y Thor son tres chicos que, a sus 12 años, se encuentran en el final de la niñez y el comienzo de la adolescencia. El trío comienza a sentir una gran curiosidad sobre por qué la gente se besa. En medio de tan importante investigación, los amigos utilizan el dron de uno de sus padres que acaba rompiéndose de forma accidental al tratar de espiar a su vecina, a quien consideran una auténtica ninfómana. Ahora, los ya no tan niños, comenzarán una alocada aventura para reemplazar el aparato por uno nuevo… antes de que los adultos lleguen a casa.

Desde los primeros minutos, que nos recuerda a una escena traviesa estilo “American Pie”, sabemos que no estamos ante la clásica comedia light por el grado de situaciones desenfrenadas que vivirán estos pequeños, quienes precisamente es ahí donde habita el motivo principal por el que disfrutamos esta cinta escrita por Lee Eisenberg y dirigida por Gene Stupintsky, y eso es que cuida a más no poder la inocencia de estos pequeños (muy al estilo de la complicidad de películas como Cuenta Conmigo, Nuestra Pandilla o la fórmula actual que ha funcionado cortesía la serie Stranger Things), que además de aprender de la vida, están conscientes de lo que ocurre a su alrededor y tratan de tomar todo de la mejor manera, experimentando en el camino el despertar sexual (de forma divertida), y los problemas de los adultos (a veces autoritarios, desinteresados o viviendo situación de divorcio), sea de paso la vida dentro de la escuela, ese lugar en el que para algunos la fama lo es todo, mientras que para otros es solamente un lugar en el que quieren pasar desapercibidos. Y es que la química entre Jacob Tremblay, Keith L. Williams y Brady Noon es tremendamente encantadora, dándole a cada uno una personalidad muy marcada que va del clásico líder que quiere cumplir sus deseos y dar su primer beso, el que busca tener otro tipo de actitud para ser aceptado y penoso por su amor a cantar, y el centrado y noble de corazón que trata siempre de hacer lo correcto motivando a los demás.

Sí hay alcohol, sí hay drogas, vaya, hasta juguetes sexuales en su máxima expresión, pero lo que Max, Lucas y Thor nos enseñan, es ese valor importante que le debemos dar a la amistad, el saber trabajar en equipo y el luchar por hacer tus sueños realidad, claro, aunque te cueste vivir experiencias tan descontroladas.

Disparatada y totalmente divertida, esta comedia es una exquisitez que se agradece por su humor fresco que va dirigido principalmente para los adultos, porque esta película como tal no es meramente para el público infantil.

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