Crítica: JOKER

⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️
Por: Mario E. Durán

Como seres humanos tenemos un cierto grado de locura, el cual se va generando por nuestra propia naturaleza o por las situaciones que vivamos a lo largo de la vida. La diferencia siempre ha sido mal vista por la sociedad, es algo que se señala y se juzga, principalmente por la falta de información; con esto viene un cierto grado de crueldad, ese que habita dentro de las personas y que se dispara a cantidades insospechadas al momento de experimentar algún acto que puede dejarte marcado el resto de tu vida.

Los villanos siempre han sido los personajes favoritos de todos, en especial en el mundo del cómic, ya que precisamente ahí habitan las situaciones con las que muchos nos podemos sentir identificados, permitiéndonos una conexión tan fuerte que es el motivo por el que nace nuestro amor hacia esos héroes o antihéroes, que lejos de llevar un disfraz o tener cualidades especiales, son seres que también sufren las desfortunas de la vida.

A Joker lo amas o lo odias, es uno de los villanos más reconocidos que con el tiempo, además de ser el eterno enemigo de Batman, es de armas tomar; lejos de lo pintoresco y caricaturesco que en su momento fue, en cines tuvo reconocimiento gracias a ser interpretado por Jack Nicholson; tiempo después llegaría a impactos insospechados con la actuación que diera el fallecido Heath Ledger, motivo por el que fue acreedor de enorme reconocimiento; seguiría una decepcionante y poco seria interpretación de Jared Leto; hasta que sin imaginarnos, aparecería un Joaquin Phoenix totalmente brutal, quien además de realizar un cambio físico demasiado notorio (por su delgadez no podía grabar muchas horas al día) es sin duda, para mi gusto, el mejor Joker hasta el momento, y eso no por aplaudir el grado de violencia y odio que trae consigo, sino por el fuerte dolor que proyecta en pantalla, donde sus actos son reprochables pero justificados, donde sus carcajadas (que taladran nuestro cerebro) nos contagian su desesperación y angustia, donde su hablar pausado nos refleja la sed de venganza que poco a poco se va generando en su interior.
Arthur Fleck es un hombre ignorado por la sociedad, cuya motivación en la vida es hacer reír. Pero una serie de trágicos acontecimientos, en su mayoría de índole familiar, le llevarán a ver el mundo de otra forma…

El popular personaje de DC Comics es presentado más real, y es que los productores apostaron más por irse hacia las cintas de menor presupuesto para dejar de lado el mal sabor de boca por el poco éxito logrado en sus trabajos recientes; olvidándose se su afán de querer conectar a todos sus personajes, estos ahora son presentados de manera individual y con ello han logrado buenos resultados como es el caso de Wonder Woman y Aquaman, lo que dio banderazo de salida para que el director Todd Phillips nos envolviera en una ciudad donde reina el caos por medio de la crueldad, donde la burla ajena es el pan de cada día para dañar, donde la sociedad no le importa nada más que sobrevivir dañando sin piedad.

Además de Phoenix, tenemos a un Robert De Niro y Frances Conroy como piezas importantes dentro de la historia (ambos también sobresalientes en sus respectivos papeles), pero sin duda lo que más impacto nos causa es esa mirada del protagonista, esa risa que va tomando fuerza de destrucción interna para llegar a un punto en el que el rey surge de entre tanta maldad.

Con escenas de violencia gráfica y explícita (que son mínimas), vestuario, fotografía y música bien lograda, la película apuesta por una historia que se toma ciertas libertades (ya que en sí el origen del Joker nunca ha sido bien definido), teniendo ciertos fragmentos que proyectan Bullying y un intento de amor, además de historias paralelas como un Bruce joven con su pérdida que todos conocemos, dejando el plato fuerte hacia esas enormes ganas de pertenecer de un protagonista que gracias a las injusticias que vive, se convierte en un auténtico demonio del caos, un ser que entre tanto, es justo.

Para más noticias y reseñas en CinéfilosMD