La Costumbre del Poder: Desapariciones de ayer y hoy

Vivimos una guerra económica civil, en la que lo que está en disputa es el control del dinero negro para la privanza personal y la operación política.

Ahora resulta que todo lo pasado fue peor; la guerra sucia en México causó tanta muerte y dolor, que los sobrevivientes no se lo acaban, y los historiadores están desesperados por encontrar las pruebas documentales de las villanías cometidas por nuestros gobernantes, equiparables a las que instrumentaron los generales argentinos, o el chileno Pinochet.

Adolfo Gilly, avecindado en México, bien podría contarnos las diferencias, o narrarnos las similitudes entre uno y otro modelo de represión. De todas formas, imposible matizar. La tortura duele igual en el Cono Sur que en México. Las desapariciones producen el mismo vacío allá que acá… y no se olvidan.

Si se decidieran a ser honestos en la evaluación, pudiera constatarse que durante los últimos 13 años ha habido más muertes, desapariciones, secuestros, ejecuciones y diversos delitos, que durante todos los años del horroroso autoritarismo del PRI.

En ambos casos ha sido por decisiones políticas, pues si durante los años de la guerrilla la cusa fue ideológica, y pudiera considerarse cierto idealismo, una dosis de heroísmo… las ejecuciones de hoy son viles, cruentas y a la luz del día, y sólo por dinero, ese maldito dinero negro que quiere ser administrado por todos.

Escribe sobre el tema el ineludible Lorenzo Meyer, y anotó: “En los últimos años los estudios sobre la maquinaria de la represión política en el México del PRI han ido en aumento en calidad y cantidad. Uno muy reciente es el de Camilo Vicente Ovalle, apropiadamente titulado Tiempo suspendido. Una historia de la desaparición forzada en México, 1940-1980”.

Imposible establecer diferencias entre las villanías de antes y las de hoy, salvo en lo que apunta el doctor Meyer con referencia a los estudios sobre la represión: es de cantidad y calidad. Nada equiparable a los cuerpos cercenados, las fosas clandestinas, la obligación mortal de convertirse en sicario, para de todas maneras morir en medio de una guerra que no es nuestra.

Porque lo que sucede en este aterido país nuestro, es una guerra económica civil, en la que lo que está en disputa es el control del dinero negro para la privanza personal y la operación política. Pero, además, están inmersos en la disputa internacional por la posesión de esa fuente de riqueza ilegal, que no deja sano de la cabeza a nadie, porque a todos enloquece el ansia de poseer.

Camilo Vicente Ovalle tiene razón, vivimos en un tiempo suspendido en el que las soluciones no llegan, y cuando creen haberlas encontrado, se estrellan en Culiacán, Iguala, Michoacán.

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