“Esa alma buena”

“Y se fue para las tiendas y compró un cinco de cintas; vino y se bañó, se empolvó, se peinó de pelo suelto, se puso un lazo en la cabeza y se fue a pasear a la Calle de la Estación. Allí buscó asiento, pensando en cómo sería su vida con él” (Fragmento de “La Cucarachita mondinga y el Ratón Pérez”) Carmen Lyra

Aquél día decidiste dormir. Ya no era tiempo de levantarte antes de la alborada, ni de que buscaras afanosamente el teléfono para hacer las llamadas cotidianas.

No era tiempo tampoco de tomar las estampas repletas de oraciones que por tantos años acompañaron tu inquebrantable fe. No te fuiste Maquito, tan solo caminas un poquito más allá, aún siento tu mano tibia regalando bendición, hablaremos sin escucharnos y sin saberlo quizá nos respondamos.

No alcancé a decirte adiós aunque ya nos habíamos despedido. Aún circulan por los pasillos de mi memoria algunos recuerdos prístinos de mi niñez, muchos son de esas tardes, en lo que entonces me parecía un enorme espacio, donde con una dulzura que resulta difícil describir, me llevabas por los terrenos de la fantasía luchando contra el propósito melindroso que tienen los párvulos traviesos.

Fue en esos espacios donde conocí historias que hoy en tu ausencia comienzan a tomar sentido. Gracias también, por todas esas navidades llenas de turrón e ilusión, por vestirte de segunda abuela, y muchas veces convertirte en la línea donde quien sentía angustia encontraba reconfortante paz.

Debo decirte que al final ese niño de cabellos dorados que correteabas para que comiera terminó haciéndolo más y mejor de lo que pensabas, ahora me toca a mi hacer que mi nuevo comienzo conozca esa “cucarachita mondinga”.

Vuela ya alma buena, porque tu luz iluminará aún más las estrellas y allí sabré donde volverte a encontrar.

-En memoria de Maquito Llorente González-

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.