En la opinión de Buenos Días…

PARA LOS QUE TUVIMOS ABUELA… MADRE, TIAS O HERMANAS MAYORES
Un muy grato amigo me envía esta narrativa, que de algún lado la tuvo que obtener, pero, se me hace un tanto notable, sobre todo (como lo digo en el título) para aquellos que tuvimos abuela o ¡Tías!, que cuando estaban en los menesteres de la cocina siempre usaban delantal. Más aun si estos gratísimos ancestros se desempeñaron en algún rancho (como podría ser el caso de mi abuela paterna, allá en su natal Tamaulipas). O también, en el caso de alguna madrina, porque, en nuestra generación, todas las mujeres de la anterior generación usaban delantal ¿A poco no? Prenda también conocida como “mandil”, aunque, este último podría ser más breve y hasta con encajes. Y de ahí entonces vendría el calificativo “mandilón” para los hombres sometidos a la voluntad de la mujer. Que, en lo absoluto es mi intención proyectarme misógino ¡Para nada! Yo no tengo nada en contra de las mujeres, al contrario ¡Todo en y a favor de ellas! Pero, cabe recordar que los caballeros dedicados a la cuestión culinaria (la cocina), usan obligadamente también mandil, que no delantal.

CUMPLO REENVIANDOLA
Esa prenda, el delantal, era algo personalísimo que no solo era parte de la personalidad de quien lo usaba, sino que prácticamente ¡No se prestaba!, porque cada mujer en la casa tenía el suyo y poseía hasta el olor personal de cada una de ellas. No recuerdo haber leído antes nada al respecto por lo que ignoro si tenga autor, pero, me lo enviaron y lo comparto con ustedes, por lo qué… “qué esto y que lo otro”, ahí les voy:
“Historia del delantal de la abuela”.

El primer propósito del delantal de la abuela era proteger la ropa debajo, pero, además… sirvió como un guante para quitar la sartén del horno. Fue maravilloso secar las lágrimas de los niños y, en ocasiones, limpiar las caras sucias. Desde el gallinero, el delantal se usó para transportar los huevos y, a veces, lo polluelos. Cuando llegaron los visitantes, el delantal sirvió para proteger a los niños tímidos. Cuando hacía frío, su abuela lo abrazo. Este viejo delantal era un fuelle, agitado sobre un fuego de leña. Fuera él quien llevó las papas y la madera seca a la cocina. Desde el jardín, sirvió como una cesta para muchas verduras después de que se cosecharon los guisantes, fue el turno de las coles. Y al final de la temporada, se usaba para recolectar manzanas caídas. Cuando los visitantes llegaron inesperadamente, fue sorprendente ver qué tan rápido este viejo delantal podía despejar el polvo. Cuando llegó el momento de servir las comidas, la abuela fue a la escalera a sacudir su delantal y los hombres en el campo supieron inmediato que tenía que ir a la mesa. La abuela también lo usó para poner la tarta de manzana justo fuera del horno en el alféizar de la ventana para que se enfriara. Pasarán muchos años antes de que algún invento u objeto pueda reemplazar este viejo delantal…

En memoria de nuestras abuelas, envíe esta historia a aquellos que aprecian la “Historia del delantal de la abuela”.
¡MISIÓN REALIZADA!
Transmitiéndoles a ustedes amables lectores esta misiva, cumplo con la petición de quien me la reenvió.

http://losbuenosdias.blogspot.com
correo: [email protected]

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.