En la opinión de Buenos Días…

LA FELICIDADA, UN CONCEPTO POR DEMÁS SUBJETIVO
Ayer, unos gratísimos amigos de la infancia (o sea ¡Ya llovió!), hablaban entre ellos en el único grupo al que pertenezco en WhatsApp y tocaron el tema de la “felicidad” en nuestras vidas. Hablo en segunda persona del plural porque estoy muy identificado con ellos y me llamó de sobremanera los conceptos que dan de “felicidad” que se alcanzaron en la familia de ellos, de la que participamos muchos de los que estuvieron y otros que seguimos unidos a ellos por esos lazos nacidos a través de los años entre personas que se han dicho todo, han compartido todo y se han apoyado en todo y además ¡Siempre nos hemos respetado! A nuestra manera, pero así lo hemos hecho, pues en ocasiones nos hemos gastado bromas muy, pero muy pesadas y la condición es que nadie se debería y mucho menos se debe de ofender ¡Y así ha sido! Varios seguimos caminando junto a ellos y viceversa, habiendo llegado a desarrollar una identidad prácticamente a prueba de bombas.

LA FELICIDAD ES UN FACTOR MÁS DE LA VIDA
Pero, regresando al concepto “felicidad” y por lo que se citó en ese intercambio epistolar de lo que fue “nuestra vida” en tan maravilloso conglomerado, creo la felicidad en sí que hemos obtenido de esa unión entre todos los involucrados, se debe a que hemos caminado juntos y entre todos hemos compartido en forma sincera nuestras alegrías, nuestros fracasos, nuestras penas extremas, sobre todo las extremas. Por lo que el conjunto de todos estos últimos factores son lo que han convertido en “felicidad” el hecho de que hemos prevalecidos juntos de una forma u otra desde hace (para efectos de mi persona, desde hace 61 años).

LAS SIEMPRE DETERMINANTES INFLUENCIAS EXTERNAS
La muy buena relación con estos amigos, se ha visto enriquecida por contribuciones de otros que han llegado a nuestras vidas y han salido de ellas, como en mi caso lo fuera el Dr. Alejandro Córdova (QEPD), y que de él aprendí a que la vida está llena de muchas cosas, entre ellas la felicidad (que no es duradera), así como otro tipo de estados de ánimo que debe uno de saber sortear. Pero a los cuales no puede uno, por más que se quiera, renunciar.

CREI PARA BIEN, CAMBIÉ VARIOS DE MIS CONCEPTOS
Como se los he platicado en otras ocasiones, el Dr. Córdova era un convencido practicante del budismo Zen. Y ahí con él aprendí algunas cosas, como por ejemplo, algo sobre la vida de Buda (el despierto o el iluminado), que era en príncipe en un reino en las estribaciones del Himalaya. Su padre se preocupó porque Siddaharta Gautama no supiera de la pobreza, el dolor, la vejez, las enfermedades, el sufrimiento, pero sobre todo ¡La muerte! Y, en una ocasión, de más edad, salió del palacio y por mera casualidad no llevó “protección” y atestiguó todo eso que se le había ocultado y quedó muy impactado durante bastante tiempo, hasta que decidió escapar de su vida muelle e irse a conocer al verdadero mundo y enfrentó: dolor, pobreza, vejez, enfermedades y sufrimiento y vio como moría la gente. Por lo que trató de ver cómo solucionarlo. Finalmente cayendo en la cuenta de que todo eso que quería evitar y enseñar a evitarlo ¡Era inevitable! Pero, desarrolló entonces la práctica de la meditación (de la que también les he hablado), viendo que a través de ella se podía alcanzar el entendimiento y la aceptación de todos esos factores que son parte ineludible de la vida.

NO SIEMPRE ESTUVIMOS DE ACUERDO, PERO QUÉ BIEN DISCUTÍA CON ÉL
Mi gran amigo, el Dr. Córdova me convenció de que efectivamente practicaba lo que creía y por eso le di credibilidad a lo él decía, amén de que él, el médico, era poseedor de una vasta cultura y lo mejor, de que había renunciado a todos sus bienes materiales. No fue un asceta, pero siempre tuvo lo mínimo (fui testigo de ello, incluso llegué a decirle que él no era budista, sino un faquir). Pelear amistosamente con él era muy divertido ¡Porque jamás se enojaba, siempre reía!, tenía un muy buen sentido del humor. ¡Lo peor: tenía fe en el ser humano! Y además, me tocó ver y vivir con él la forma tan, no estoica, sino muy natural de cómo iba a morir y así murió. Sin miedo, sin temores, sin aprensiones ¡Sin apegos! Y manteniendo la fe en la humanidad. Esto si fue una enorme lección para ser analizada.

LA VIDA ES UN TODO
Por eso, ahora que de manera sorprendente leí los conceptos de felicidad de mis entrañables amigos, confirmo lo que me decía el Dr. Córdova, de que la vida es un todo, no podemos hacer a un lado lo que consideremos “malo”, sino, aprender a vivir con tales factores y ver que son parte de la vida.

¡TODOS ESTAMOS DE PASO!
Luego entonces, concluyo que me falta entonces meditar y meditar en serio, no para alcanzar la iluminación, sino para entrar un poco a esa notable experiencia de encontrar la vida tal y como lo es: una experiencia notable, a la que venimos a dar lo mejor de nosotros y que jamás nos llevaremos nada, tal y como dice al adagio aborigen australiano: “Todos estamos de visita en este momento y lugar. Sólo estamos de paso. Hemos venido a observar, aprender, crecer, amar y volver a casa”.

PRIMUM NON NOCERE (LO PRIMERO ES NO HACER DAÑO)
Y saber que no somos más que nadie, como tampoco menos que nadie y a nadie le debemos pedir permiso para vivir, haciéndolo como dijera Hipócrates: “Si no puedes hacer el bien, por lo menos no hagas daño”.

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