Aferrarse a la fe

Era agosto de 2018 cuando, en este mismo espacio aplaudí la llegada de Ricardo Peláez a Cruz Azul; la máquina celeste se encontraba en seria crisis de credibilidad, y justo ese punto fue el que atacó la directiva en esa época. A falta de la mencionada credibilidad, se invirtió en acrecentarla incorporando a Ricardo Peláez, un directivo percibido como capaz y ganador, y llevando al mínimo la presencia mediática de Guillermo Álvarez. Peláez dio muestra de su experiencia para “matar” de inmediato la primera crisis mediática al ser identificado con el máximo rival, el Club América; el directivo siempre antepuso el profesionalismo, ese profesionalismo que tanta falta le ha hecho a Cruz Azul ante los ojos de la afición. En la presentación de este directivo siguieron los mensajes positivos; el clima en la conferencia de prensa dio la sensación de que Guillermo Álvarez le estaba pasando la estafeta a “la mancuerna Peláez-Caixinha”, y estos a su vez, con el lenguaje corporal y la semiótica del vestuario, reforzaron el discurso de institucionalidad y trabajo en equipo.

Como mencioné, Guillermo Álvarez llevó su presencia mediática al mínimo, pero aún había que lidiar con otro tema que contribuyó para la mala percepción de Cruz Azul: el promotor Carlos Hurtado. A dicho personaje se le atribuyó que los refuerzos del club no dieran resultados, la percepción era que él decidía qué entrenador y qué jugadores conformarían el plantel; para colmo, los refuerzos no llegaban a tiempo y se les veía debutar alrededor de la jornada 3, como mínimo. Con Peláez la prensa no hablaba de Hurtado, y sí destacaba que Cruz Azul anunciaba, uno tras otro, fichajes de jugadores de calidad probada en la liga mexicana. El tema de que los refuerzos llegaran tarde, también parecía queda atrás ante la opinión pública, anunciándolos antes de la Copa del Mundo e incorporándolos a la pre temporada, dando pie a trabajar el sentido de pertenencia; reforzaban la identidad con la afición empezando por llevar a los jugadores a conocer las raíces del club en Ciudad Cooperativa.

Cruz Azul parecía ir en serio con los esfuerzos para mejorar su reputación, los líderes de opinión hablaban bien de la institución, sin embargo estos esfuerzos resultaron insuficientes; la reputación se forma con estímulos sostenidos a lo largo del tiempo y lo que estamos viendo va en el sentido opuesto con constantes mensajes de inestabilidad e incoherencias que nos refuerzan la percepción de una desafortunada lucha de poder en la Directiva de Cruz Azul.

Podemos decir que desde que Víctor Garcés regresó al reflector mediático, con lamentables espectáculos y declaraciones, la imagen pública de Cruz Azul va en picada; se ha perdido el terreno ganado con Peláez, en donde había argumentos para creer en un proyecto; hoy, como venía siendo costumbre, Cruz Azul nuevamente es un acto de fe. Solo ese sentimiento sostiene pensar que “este torneo es el bueno” con Víctor Garcés involucrado.

Twitter: @angelpalma1

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