Devastación de selvas en la península yucateca es revelada por geovisualizador

De acuerdo con organizaciones, es un primer paso para exhibir el nivel de depredación de áreas naturales que ha afectado la calidad de vida y la sostenibilidad de la región peninsular.

NOTIMEX

Grupos conformados en una asociación civil desarrollaron un geovisualizador que muestra la depredación de selvas, montes y manglares que han generado los sectores inmobiliario, turístico, agroindustrial, industrial y energético en la Península de Yucatán en la última década.

Se trata de tierras que antes eran recursos naturales de un territorio predominantemente maya, según lo expusieron los desarrolladores durante la presentación de su trabajo cartográfico.

Esa herramienta digital fue presentada este día por los integrantes del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, A. C. (CCMSS), Articulación Yucatán y GeoComunes en las instalaciones de un conocido hotel de la capital yucateca.

Según las organizaciones que conforman ese Consejo, es un primer paso para exhibir el nivel de depredación de áreas naturales que ha afectado la calidad de vida y la sostenibilidad de la región peninsular.

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La herramienta cartográfica se puede consular en línea y según dicen, muestra claramente la situación que enfrentan los territorios de la Península y sus habitantes ante el avance de los grandes “megaproyectos” económicos.

Explicaron que el geovisualizador evidencia las interacciones entre megaproyectos y su avance sobre ecosistemas y territorios indígenas.

En la presentación participaron integrantes de comunidades mayas de Muna, Valladolid y Tahdziú, quienes compartieron lo que pasa en sus regiones.

Tomó la palabra Alfonso Hoil, habitante de San José Tipceh, localidad ubicada en el municipio de Muna, y quien coincidió en el daño causado a los recursos naturales por esos sectores, y la ocupación que han hecho de amplias zonas territoriales que “están poniendo en peligro la vida del pueblo maya”.

“Durante décadas, las instituciones gubernamentales otorgaron autorizaciones de uso de suelo sin considerar que se trata de territorios indígenas y esto no puede seguir así. Queremos que el gobierno respete la ley y que los funcionarios comprendan que se están violentando los derechos de los pueblos y las personas”, precisó.

Durante la jornada, también se destacó que anteriormente los impactos socio-ambientales en la Península estuvieron motivados por los polos de desarrollo turístico, como Cancún y la Riviera Maya, en Quintana Roo.

Ahora, los llamados “megaproyectos”, la urbanización y las políticas públicas relacionadas con la propiedad social de la tierra y el fomento a la producción agroindustrial son los ahora provocan un proceso generalizado de des ruralización.

Esa des ruralización pondría en riesgo la permanencia de los pueblos mayas en sus tierras y el mantenimiento de miles de hectáreas que albergan selvas, manglares, dunas costeras y otros ecosistemas que mantienen el agua en el mayor anillo de cenotes del mundo y una enorme biodiversidad que incluye aves migratorias.

Todo eso, es posible corroborarlo con el uso del geovisualizador que fue presentado este día en el marco de la reunión de ese Consejo y al que se puede acceder poniendo en un buscador la dirección https://ccmss.org.mx/VisualizadorPeninsulaYucatan/

La herramienta también ilustra cómo las leyes, instituciones y políticas de Estado han sido modificadas estructuralmente para favorecer las estrategias de este modelo de desarrollo calificado por los participantes como “depredador”.

En Mérida por ejemplo, la urbanización ha avanzado sobre los ejidos de Caucel, Chuburná y Kanasín.

En la Península de Yucatán la superficie urbana pasó de 27 mil hectáreas en 1990 a 75 mil hectáreas en años recientes.

El 30 por ciento de esta urbanización se hizo sobre tierras ejidales. Un tercio de la expansión urbana se concentra en los municipios de Mérida (20.4 por ciento), Yucatán, y Benito Juárez, Quintana Roo, 15.7 por ciento

En 1990 la urbanización sobre tierras ejidales (cinco mil 377 hectáeasa) representaba el 20 por ciento de la urbanización total.

En 2019, la proporción aumentó al 40 por ciento (30 mil hectáreas); es decir, que en 20 años la urbanización de tierras ejidales se multiplicó por seis.

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