Las rutas de Veracruz, pesadilla para usuarios

Trasladarse en camión en Veracruz es toda una aventura para los usuarios, una experiencia que va hasta lo más desagradable pero que no queda más que vivirla.

Asientos y ventanas rotas, interiores sucios, llantas en mal estado, restos de comida, unidades con más de 30 años circulando, es a lo que se tienen que enfrentar día a día usuarios del transporte público urbano en la ciudad de Veracruz, obligados a economizar, ya que, aún con el paupérrimo servicio de los camiones, sigue siendo más barato pagar nueve pesos que una carrera de taxi, que por mínimo, oscila cerca de los cincuenta pesos.

Trasladarse en camión en Veracruz es toda una aventura para los usuarios, una experiencia que va hasta lo más desagradable pero que no queda más que vivirla. Los camiones avanzan destartalándose poco a poco, producto de su antigüedad, en algunos se pueden apreciar los tubos de las agarraderas amarrados con algún lazo o incluso con cinta y los respaldos de los asientos ya sin firmeza. Subir y bajar de los camiones es una experiencia para contar, se debe hacerlo con rapidez, pagar al operador para después buscar asiento en el mejor de los casos, o de lo contrario ir parado agarrado de donde se pueda, en muchas ocasiones con un mundo de gente al interior, que hace más extenuante el calor que se vive durante casi todo el año en Veracruz.

Durante la revista vehicular realizada en el 2017, por órdenes del gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, la Dirección General de Transporte Público del Estado contabilizó más de 15 mil urbanos en el puerto de Veracruz. En aquel entonces, menos del 20 por ciento realizó el trámite y un 8 por ciento no pasó las pruebas.

Uno de los puntos más álgidos de aquella revista vehicular era el establecimiento de que los concesionarios debían renovar sus unidades si estas tenían ya más de 15 años de antigüedad, sin embargo, en las calles de Veracruz aún se puede observar a muchos camiones que datan de los años setenta, es decir, que tienen más de 30 años prestando el servicio.

Al mal estado de los camiones, se suma el servicio de los conductores, considerado como fatal por los usuarios, algunos que incluso ya han sufrido accidentes al arribar a las unidades, debido a que el conductor no espera a que estos puedan acomodarse en un asiento o por mínimo, sujetarse de alguna agarradera.

Poco les importa la integridad de quienes van a bordo, pues la mayoría maneja a una velocidad imprudente, muchas veces haciendo “carreritas” con otros choferes, para ver quién llega más rápido o quién sube más pasajeros. Otra de las situaciones que observan las personas día a día en el transporte urbano es ver a los choferes conduciendo mientras van escribiendo o hablando por el celular.

“Tienen choferes que no saben manejar, la verdad, que van tan rápido que una vez me caí del camión, de que brincó muy fuerte, caí sentada en el piso”, comentó una pasajera.

A pesar de la situación, tanto concesionarios como choferes del transporte público urbano han buscado en varias ocasiones poder incrementar la tarifa del servicio hasta a once pesos y que actualmente se mantiene en nueve pesos para el público general y en siete para estudiantes y adultos mayores.

No obstante, es la misma ciudadanía la que se ha opuesto a esta alza a la tarifa, pues los usuarios no ven factible el incremento debido a que piensan que el estado y servicio de los camiones es de baja calidad e incluso hasta le da un mal aspecto a la ciudad.

“Las unidades no están en buen estado, tiene uno que andar batallando cuando se sube, porque los choferes deben de respetarnos a nosotros, que somos las personas que nos transportamos en estos vehículo, pues esperar a que se suba uno para que ellos puedan arrancar, pero se sube uno y ya casi nos tiran, no tienen agarraderas, asientos en mal estado, muy sucios, vidrios rotos, con ese aspecto, muy pésimos, para esta que es una ciudad turística la verdad dan muy mal aspecto”, afirmó una usuaria.

Tomar un taxi para llegar al destino deseado es impensable para algunas personas, que día a día subsisten en Veracruz-Boca del Río, considerada una de las zonas más caras del país y en donde a pesar de la cara del desarrollo, existe otra, la de la marginación, por lo que la población no tiene más remedio que conformarse con la precariedad del servicio urbano.

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