Cuidador Primario ¿labor que se elige o imposición que se vive?

Por: Mariana Osorio
Sin saberlo, vamos teniendo el perfil perfecto de quien pudiera estar al lado de nuestros seres queridos cuando estos enfermen, envejezcan o necesiten ayuda porque dejaron de ser autosuficientes: mujer, dependiente económica, nunca se fue de casa o vive relativamente cerca, la hija menor, hija única, divorciada, soltera o viuda… “Lotería” usted muy probablemente será el cuidador primario, rol que muchas veces no se elige pero se tiene que ejercer.
Se dice que detrás de cada enfermo existe un cuidador invisible (que poco a poco va dejando de ser él y que también sufre deterioro de su salud, pero tiene como prioridad el cuidado del enfermo), que se hace cargo de la mayor parte del cuidado y apoyo, prepara los alimentos, ayuda con la higiene personal, acude a las consultas médicas, compra medicamentos y se encarga de suministrarlos aprendiendo en ocasiones a realizar curaciones y procedimientos, es la compañía y quien ayuda a alcanzar las metas de los tratamientos de los que viven con enfermedades crónicas.

El cuidador primario es quien soporta la mayor parte de la carga de la asistencia del enfermo y su desgaste va en proporción a la enfermedad que asiste ya sea de tipo permanente (para la cual se puede elaborar un duelo anticipado) o temporal y de esto dependerá el tamaño de la renuncia a su propio proyecto de vida pues tiene poco tiempo para sus actividades y crecimiento personal, ya que ser el cuidador le exige tiempo, dinero, responsabilidad y una gran desgaste físico y emocional. No tiene edad ni sexo definido aunque las estadísticas apuntan que un 80% de quien ejerce este rol somos las mujeres aunque los hombres no quedan exentos.
Son tantos los factores que se mezclan que aunque resulta gratificante el poder apoyar a un ser querido en un momento de vulnerabilidad llega el momento en que se suplica por dentro que esto termine, lo cual lleva a generar sentimiento de culpa ¿cómo puede querer que se muera mi ser querido? Y no porque ya no quiera cuidarlo lo que ya no se soporta es vivir cuidando la enfermedad.

Es muy importante que tanto el cuidador como los familiares reconozcan que se tiene derecho a tener sentimientos y emociones como: enojo, ansiedad, irritabilidad, frustración, tristeza, sentirse con poca tolerancia y con justa razón pues todo lo anterior está vinculado con la actividad del cuidador.
Se vive en duelo cuando se tiene el pensamiento de que ser cuidador primario es dejar de hacer mi vida para ser quien brinde calidad de vida a alguien más un caso muy concreto, el de las madres de hijos con alguna discapacidad motriz o cognitiva quienes se saben destinadas a ejercer el rol de madre y cuidadora para siempre.
La carga en este viaje es más ligera cuando me identifico como cuidador primario, establezco mis límites, me veo como una prioridad por encima del enfermo (si no estoy bien yo nada a mí alrededor podrá estar bien), creo una red de apoyo y acepto que no soy indispensable.
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