TANATOLOGIA Y VIDA

Bad boy arguing with his couple breakup concept with the city in the background

Aprender a aceptar es dejar de sufrir

Por: Mariana Osorio

Terminaba de dar la charla “Cuantos vivos estamos muertos”, una reflexión sobre la manera en que decidimos vivir, un día buscando razones para seguir y otro muriendo lento por lo que pensamos que nos han hecho o nos ha quitado la vida. Ella estaba ahí, una mujer rubia con mirada desconsolada, se acercó y me dijo: entiendo todo lo que dices pero… ¿Cómo lo hago?, ¿Por dónde empiezo?, ¿Cómo lidiar con este dolor que llevo dentro? Muchas preguntas y yo solo tenía una respuesta: aceptación.

Aceptar ese constante cambio donde nada de lo que estaba ayer va a estar hoy, porque todo tiene un principio y un fin, nada es estático estamos en constante evolución: nacemos, crecemos, envejecemos y morimos; es en el caso de muerte que la aceptación nos viene del duelo superado donde al final del proceso acomodamos una nueva realidad en un presente al que poco a poco me voy a adaptar para seguir la vida, en donde saco lo que ya no uso, tiro lo que ya no sirve, borro fotos, regalo ropa, rompo papeles, me despido de eso que tengo en una caja con la etiqueta polvosa que dice “por si lo necesito”, acéptalo, ya no lo necesitarás. Nada va a poder entrar a tu nueva vida si no hay espacio.

“Hay que vaciarse para poder llenarse. Una taza, dice Krishnamurti, sólo sirve cuando está vacía. No sirve una taza llena, no hay nada que se pueda agregar en ella. Para crecer entonces voy a tener que aceptar el vacío. El espacio donde por decisión, azar o naturaleza ya no está lo que antes podía encontrar” Jorge Bucay, El camino de las lágrimas.

La aceptación está ligada a la autoayuda, es decir, aprender a vivir con los errores, con lo vivido, con lo que soy, con mi cuerpo, con lo que tengo y también con lo que ya no tengo o quizá nunca he tenido.

Aceptar que hay preguntas sin respuestas, que los hijos son prestados, que el amor se acaba y que la muerte existe. El espacio entre la vida que quiero y la vida que tengo se llama dolor, un dolor que nace del sufrimiento porque vivo en la resignación y no en la aceptación.

No confundamos la aceptación con la resignación, él que se resigna no sale de su zona de confort y él que acepta es valiente al enfrentan lo que viene, dice sí a la vida se empodera y entiende que el dolor jamás dejara de existir, pero no lo transformará jamás en sufrimiento.

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