Crítica: VENCEDOR


⭐️⭐️⭐️
Por: Mario E. Durán/Cinéfilos

De una fecha para acá, la presencia de películas esperanzadoras se ha hecho notar en las salas de cine, en específico hablando de trabajos de temática cristiana en la que el tema central sin duda siempre será el enorme amor que se le debe tener a Dios y las bendiciones que este nos brinda cuando somos responsables y atendemos lo que dice su palabra.

Puede que sepamos ya lo que iremos a ver, tramas meramente dramáticas en las que la esperanza siempre brillará por sobre cualquier problema o situación que enfrenten los protagonistas, a quienes por lo regular les ocurren tremendas desgracias que gracias al poder de la oración los hace salir victoriosos de retos y enfermedades, dejando de lado la maldad y experimentando el perdón.

Ahora es el turno de “Vencedor”, un drama cristiano producido por los hermanos Kendrick, que ahonda en los temas de “búsqueda de la identidad”, una pregunta interna que todos nos hacemos en la vida, girando en torno a John Harrison, el entrenador de un equipo de baloncesto de instituto cuya vida da un vuelco inesperado cuando conoce a una atleta que busca superarse así misma mientras vive una lucha interna en su búsqueda del autodescubrimiento. Inspirado por las palabras y oraciones de un ser con el que se topa por casualidades de la vida en un hospital, John se convierte en el improbable entrenador de la atleta con menos posibilidades de ganar la carrera más importante del año, recibiendo apoyo de su propia familia más de lo que él podría imaginar.

Hablando de actuación todos cumplen con sus papeles (al menos en nuestro país estos actores son desconocidos), pero aquí lo que destacamos es que nos recuerda mucho a películas deportivas de los ochentas en las que el empeño y la dedicación nos llevan al éxito, pasando por varios momentos de drama en donde sucesos inesperados tomarán por sorpresa a los protagonistas, quienes conforme avanza la cinta, van aprendiendo y entrando en razón de cada una de las cosas que la vida les pone como pruebas.

Puede que peque de demasiado predecible, a veces hasta ya sabemos cuál será el final, pero esta película al menos te hace salir con una sonrisa de la sala de cine, más que nada porque de vez en cuando es bueno ver trabajos que le apuesten más a los mensajes positivos, no importando aquí la religión o creencias personales, experimentando a pasos agigantados la redención.

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