Crítica: RAMBO: LAST BLOOD

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Por: Mario E. Durán/Cinéfilos

Con el paso del tiempo, más si hablamos de personajes que fueron todo un icono en los años 80, son aquellos que lograron ser queridos y reconocidos por sus ahora fans, aquellos a los que se debe tratar de consentir y dejar satisfechos. Pero, ¿qué ocurre cuando todos los comentarios son en contra por parte de ellos mismos?… Es lo que nos invita a tratar de sacar el lado bueno de las cosas, es decir, de la reciente entrega de Rambo que para muchos va a resultar una decepción, mientras que para otros será un goce por el grado de violencia que presenta a comparación de sus anteriores entregas.

Como cinta que marca la supuesta despedida del personaje le hace falta mucho, pero si la miras solamente para pasar el rato, gracias a su humor involuntario (porque si te ríes de nervios), te puede resultar atractiva. Hoy ya es muy difícil creernos eso de hombres súper entrenados que siempre logran todo en bandeja de plata, reciben golpes y heridas en cantidad inimaginable, pero ellos siguen firmes después de su rápida recuperación y logran todo su cometido, partirle la mandarina en gajos a todos los que se pongan frente a ellos por saciar su sed de venganza, pero bueno, ese es el chiste en las películas de acción que en lo personal nunca han sido mis favoritas.

Sabemos que “Rambo” pertenece a una popular saga de películas que han sido protagonizadas por Sylvester Stallone, basada en los personajes creados por el novelista David Morrell; “First Blood” es el título original de la primera película de 1982, donde este veterano de la guerra de Vietnam, John James Rambo, es un experto en todas las técnicas de supervivencia; debido a su éxito, le continuaron “Rambo: First Blood Part II” en 1985, “Rambo III” de 1988 y “John Rambo” de 2008, y pues bien, como sabemos que las ideas están escasas en Hollywood, este 2019 tenemos “Rambo: Last Blood” la cual ha generado toda una serie de polémica ante las declaraciones de personajes que formaron parte de la misma, esto al sentirse defraudados por la esperanza que tenían de que este nuevo aire resultara efectivo, apostando más por la violencia cruda  y lo desagradable, en lugar de dar algo más allá de una historia muy similar a lo ya visto en varias como en “Búsqueda Implacable” y, sin querer, “Mi pobre angelito” (por la preparación que realiza este personaje dentro de su granja ante el inminente ataque de una banda mexicana cual duelo de mutua venganza).

Cuatro décadas después, el veterano de Vietnam y paciente con trastorno de estrés postraumático regresa a su rancho familiar de Arizona. John Rambo (Sylvester Stallone) deberá enfrentarse a su pasado y desenterrar sus despiadadas habilidades de combate para vengarse en una misión final, emprendiendo así un viaje mortal, justiciero y sin retorno, esto mientras realiza trabajos esporádicos donde puede. Cuando su nieta toma la decisión de conocer a su verdadero padre (el cual la abandono desde niña), es secuestrada tras cruzar la frontera con México cortesía una dudosa amiga, motivo por el que Rambo acudirá a su búsqueda, comenzando un descenso a los infiernos donde se enfrentará con uno de los carteles más salvajes de toda la zona al descubrir el negocio de trata de blancas en el que quieren incluir a su nieta. En México, el veterano de guerra formará equipo con una periodista cuya hermana también ha sido secuestrada por estos traficantes de personas.

La primera mitad de la película se limita a presentarnos la actual vida de Rambo, la cinta va funcionando bien, ya que incluye a su actual familia integrada por Adriana Barraza y la joven Yvette Monreal; una vez ocurrido el enfrentamiento de este con el cartel, que se dedica a la trata de blancas comandada por los hermanos Martínes, Hugo (Sergio Peris-Mencheta) y Víctor (Oscar Jaenada), la cinta de un giro desenfrenado que nos va llevando por una fuerte dosis de actos violentos en los que hasta la propia pantalla se ve salpicada de sangre y lo que se puede agradecer es la velocidad que sin querer también genera las risas del público, teniendo personajes que pasan sin pena ni gloria como el de Paz Vega como la reportera Carmen Delgado (que no hace  nada).

Carente de sentimiento en las escenas donde debería de existir, esto más que nada por el abrupto corte entre sus escenas, solo resulta entretenida para aquellos amantes de la sangre y eso sí, el reconocer que Stallone se mantiene en forma para sacar a flote su personaje que en los créditos finales nos hace un recuento de sus entregas pasadas, pero que como final no es el ideal.

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