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Por: Mario E. Durán/Cinéfilos
¿Quién no recuerda su época de estudiante? Aquella en la que debíamos despertarnos a temprana hora para estar en clase, en aquel lugar en el que nuestra principal preocupación era cumplir con cada una de nuestras actividades para lograr las mejores notas, por lo que entregar las tareas, cumplir con los trabajos y estudiar para los exámenes era el pan nuestro de cada día, por el miedo a reprobar, lo cual a veces nos llevaba a no dormir las horas que requeríamos o estar estresados y agotados de un lugar a otro, moviéndonos de nuestra habitación a la biblioteca o los salones de clase, o al menos tratando de estar alejados por completo del mundo exterior para no distraernos y estar concentrados en lo que nos permitirá llegar a cumplir ese sueño deseado: culminar exitosamente para dar inicio al resto de nuestras vidas; pero aquí, un par de jóvenes, como otros más, no solo viven el estrés de acudir a un día normal de clases, no, aquí primeramente deberán luchar por ganar un lugar dentro de esa carrera que se encuentra saturada, de la que para uno es su sueño, mientras que para otro es una especie de cumplimiento para obtener la atención y aceptación de un personaje muy importante en su vida.

Ambos se conocen un día, inician una amistad sincera que va más allá de momentos de diversión, ya que estos se conectan con las horas interminables de estudios que les permite, además de aprender, entender la importancia de existir coordinados, programados para que todo les rinda y no sientan que pierden el tiempo en actividades innecesarias, dejando de pronto de lado su vida personal para dedicarse enteramente a vivir entre una montaña enorme de libros, sea en su casa o en algún lugar exterior en compañía de otros jóvenes que de igual forma quieren buscar el mismo sueño, sea sentados en un parque, dentro de un autobús o en los propios sueños, porque lo único que desean es prepararse para ver que ese sacrificio y entrega ha valido la pena.
Antoine decide prepararse para las pruebas de acceso a Medicina… por tercera vez. En cambio, para Benjamin es su primer intento y pronto se dará cuenta de que esto no es pan comido. En un mundo tan competitivo y caracterizado por noches de estudio intenso en lugar de fiestas universitarias, los dos amigos tendrán que encontrar un término medio entre el sacrificio del presente y la esperanza de un brillante futuro.

De esto va la cinta francesa de Thomas Lilti, “Primer año”, aquella que desde los primeros minutos es disfrutable por el amor enorme que nos muestra en pantalla: un país en el que el estudio no solamente es una especie de obligación como comúnmente lo vemos en algunos países con sus jóvenes de hoy en día, ya que hablamos de un deseo nato, una sed de aprendizaje por parte de varios de aquellos que tienen las ansias de aprender, de formar parte de una carrera que el día de mañana será de la que vivan, mostrando con amor la entrega que dedican, bañados de una desesperación total que por instante los hace entrar en un estrés, explotar en llanto por la desesperación ante la angustia de sentirse derrotados, dándonos con dos excelentes interpretaciones por parte de los actores Vincent Lacoste y William Lebghil en sus protagónicos; el primero de ellos misterioso, desesperado por sentirse fracasado por los intentos en los que ha dejado el alma y no ha tenido suerte; mientras que el segundo, no tan enamorado de su profesión, pero que traerá consigo esa conexión que tanto necesita con su padre; ambos se conocen, se conectan de forma sincera y despreocupada, al grado de convivir durante el día y la noche, momentos de entera preocupación, pasando por el disgusto y la envidia, ante la necesidad de sentirse plenos en la vida.
Teniendo como fondo aulas de clase, bibliotecas, avenidas transitadas, una peculiar panadería y una habitación abarrotada de notas, es lo que “Primer año” nos da con gran complicidad entre sus protagonistas, que te cautiva por sí sola al sentir su honestidad en cuanto al guión, un retrato de los momentos esclavizantes que pasamos todos aquellos que somos y fuimos cumplidos en nuestra época de estudiantes, dejándola como una cinta conmovedora, en especial, por ese sacrificio que verdaderamente muestra lo que es una amistad sana llena de entendimiento, además de una escena que destaca ante el abrazo fraterno que recibe uno de los jóvenes por una fuerte decepción después de un gran éxito.
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