Crítica: MAMÁ SE FUE DE VIAJE


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Por: Mario E. Durán/Cinéfilos

El cine mexicano se encuentra haciendo su mejor esfuerzo por traernos cintas que de alguna forma llamen la atención del público. Si bien estamos acostumbrados a ver trabajos que aborden temas de violencia o comedias sencillamente grotescas o subidas de tono, el toque familiar se ha hecho a un lado, es por eso que trabajos como “Mamá se fue de viaje” de alguna forma se agradecen, aunque estos en su totalidad no sean del todo originales, ya que se trata de un remake de la cinta argentina de 2017 dirigida por Daniel Winograd y que ahora se hace su versión mexicana que peca de estar totalmente sobreactuada.

La cinta gira en torno a una familia que entra en dificultades cuando Cassandra (Andrea Legarreta) decide tomar unos días de descanso y dejar a Gabriel (Martín Altomaro) como responsable de sus hijos, una situación que sale de control por la subestimación que el padre tiene sobre el trabajo en el hogar de la madre.

No puedo negar que se respira fresca y cuando se mostraron los trailers publicitarios llamó mi atención, pero aún cuando en estética luce bien (la ambientación de la casa es bonita junto a su colorido), es lo forzado de su guión y la poca química que existe entre sus actores, lo que la hace restarle muchos puntos, por lo que ese sería el principal defecto en la cinta dirigida por Fernando Sariñana, quien para no variar utiliza una canción de Timbiriche como fondo en la voz de su hija Ximena (algo ya muy característico en él).

Escapadas que pretenden ser divertidas, situaciones familiares que van de lo monótonas a lo cursis y una moraleja ya muy abordada (el valor y la importancia de la familia), son algunas de las situaciones que viven los protagonistas, donde si bien tenemos a un siempre excelente y carismático Martín Altomaro, no es suficiente para una acartonada Andrea Legarreta (que no aparece mucho en la cinta) y unos hijos que de gracia tienen lo que yo podría tener de cantante de ópera, entre ellos Nina Rubín Legarreta y su hermano adolescente, destacando solo el par de infantes que sí gozan de chispa; además de contar con la participación igualmente desangelada de Jorge Poza y Mayrin Villanueva.

Este tipo de películas son solo disfrutables en una sola ocasión, porque es más lo que esperamos a que algo nos tome por sorpresa y nos haga reír con naturalidad, que lo que en realidad nos lleva a darnos cuenta que la película terminó y no vale el precio de nuestro boleto.

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