El robo en la tormenta

La llegada del siglo XXI no solo presentó el advenimiento de una nueva centuria en donde la vida navegara sin altibajos una transición sutil de aguas calmas, las tormentas no eran más que formas de acomodamiento de los procesos sociales y económicos en el mundo.

Foto: Agencias

La llegada del siglo XXI no solo presentó el advenimiento de una nueva centuria en donde la vida navegara sin altibajos una transición sutil de aguas calmas, las tormentas no eran más que formas de acomodamiento de los procesos sociales y económicos en el mundo.
Con el rodar de los años transcurrieron los primeros signos de la crisis de los sistemas de un orden económico global, los estados nacionales dieron libre tránsito a los capitales internacionales, productores de todo bien y servicio inimaginable, para que circularan por las venas de las economías nacionales, extrayendo nuestra sabia y desechando lo que no les interesa, migajas para que los gobiernos ejerzan las producciones primarias que sirven de subsistencia en estos países. Las empresas transnacionales y compañías siguen echando raíces: imponiendo productos, tecnologías, gustos y formas de adaptarse a este nuevo modelo de penetración y consumo, en donde ha estado jugando un papel decisivo en la aceptación de actos innovadores de lo que venga, con la ilusión de vivir mejor o estar mejor comunicados y tener al alcance de un botón, decisiones y gustos de lo que se usa o tiene todo el mundo de lo que vemos alrededor, sin saber que ahora los seres insertos en esta realidad tienen menos formas de libertad en el amplio sentido.
Nosotros, los pobres mortales tratamos de conseguir el más moderno y sofisticado modelo de un bien tecnológico, que nos permita un mayor estatus en una escala de valores, donde los bienes materiales cuentan más que los logros del conocimiento, de la capacidad de servir, del esfuerzo para lograr metas. Nos volvemos insensibles ante el robo.
La tecnología desde sus inicios en el campo de la computación nos enseñó a robar la información, modificarla, hacerla pasar como propia, para un sin numero de tareas, estudiantiles o profesionales, el apropiarnos de la música en forma gratuita sin pagarla a partir de diversos programas, en esta cadena de apropiarse de las cosas, parte de ello son las empresas.
En estos primeros veinte años del nuevo siglo sentimos que estamos en igualdad con todos los ciudadanos del orbe, en otro nivel se da una lucha encarnizada por apropiarse de los consumidores del mundo, una lucha que nos puede llevar a una tormenta que puede acabar con la humanidad, los nubarrones cada momento parecen oscurecer más el ambiente.
El crecimiento del conservadurismo más arcaico y el fascismo que piensa en la supremacía aria. Los modelos populistas conservadores, la cada vez más evidente forma de gobernar con estados de excepción de forma directa, dura extrayendo al máximo las riquezas abriendo la inmensa boca sin fondo de la acumulación de capital.
Otros populismos inducen a la población para que acepte y defienda el cercano autoritarismo hoy manifiesto, nuestro país ha sufrido en los últimos tiempos de ese pisoteo a sus valores, la violación a nuestras leyes, se aleja el equilibrio democrático, las vejaciones nos golpean, otra arista se da con la violencia, el conseguir a cualquier precio la acumulación de dinero y poder por la vía de la desposesión. El estado está siendo rebasado, no se ve en donde los derechos fundamentales de la gente sean reintegrados, nos sentimos vulnerables ante la tormenta que crece, esto tiene que cambiar.
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Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores

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