Amén de resentido social, se ve enseguida la “calidá” de la visita

Instituto Nacional de Estudios Históricos Revolucionarios

Foto: Agencias

Cuando se es funcionario público se es las 24 horas del día y durante todo el tiempo que dura la gestión, por lo que como tales se deben de cuidar las formas, pues tal como lo dijera hace ya algún tiempo gran tuxpeño, Don Jesús Reyes Heroles, conocido por su gran cultura, tremendo intelecto y siempre humanista, que fuera conocido como “el último ideólogo de la Revolución”: “La forma es fondo”.

Por lo tanto, el director del Instituto Nacional de Estudios Históricos Revolucionarios (yo no sabía que existía esta institución –puras ganas de gastar el dinero de los impuestos a lo puro wey, basado en la política de austeridad, debería AMLO cerrar dicho sitio tan insulso cuanto improductivo-, porque oficialmente, desde la “Revolución Mexicana”, en México no ha habido ninguna otro movimiento armado, salvo el de puro papel de la rebelión zapatista, el primero de enero de 1994) su director, Pedro Salmerón debe de renunciar o ser “invitado” a hacerlo en función a que nadie le solicitó su opinión sobre le grupo terrorista “Liga Comunista 23 de Septiembre” y porque se ve no sabe la “o” por lo redondo y menos de historia.

FUE UN CIUDADANO ILUSTRE DE MÉXICO EN TODA LA EXTENSIÓN DE LA PALABRA
Don Eugenio Garza Sada fue un gran mexicano, el cual es reconocido en todo el país, incluso en la actualidad, a 46 años de su asesinato por tal grupo “comunista”, “grupo” que se disolvió y desapareció del mapa nacional una vez terminado el sexenio de Luis Echeverría. Por lo que sus integrantes no eran ningunos “héroes” como este torpe funcionario declarara. Y, reitero, Don Eugenio Garza Sada fue un gran mexicano, que no saqueo al país, sino al contrario, se esmeró en la creación de empleos y en la capacitación profesional de los trabajadores para mejorarles su porvenir. Y entre otras obras trascendentes para el país, fundó el Tecnológico de Monterrey, que tanto, cuanto buen futuro le ha dado al país con la formación de innumerables generaciones de profesionales preparados en las áreas del saber.

TUVE EL PRIVILEGIO DE TRABAJAR CON PERSONAS QUE FUERON MUY ALLEGADAS A ÉL
Yo no lo conocí personalmente, pero, tuve la gran fortuna de trabajar con gentes que sí estuvieron y se formaron a su lado, como lo fuera Don Guillermo de Zamacona, cuando fuera él el titular del corporativo del Grupo Visa, cuando estaba la oficina en el piso 17 de un edificio a una cuadra de la glorieta de Colón, en el Paseo de la Reforma en la Ciudad de México.

CATÓN TAMBIÉN CUENTA MUY BUENAS ANÉCDOTAS DEL HUMANISMO DE DON EUGENIO
Por voz de mis hermanos, Carlos (QEPD) y Gerardo, ambos trabajadores de la cervecería Cuauhtémoc desde mucho antes que yo fuera al entonces D. F., hablar de la sencillez de Don Eugenio. La cervecería forma parte del Grupo Visa. Mi hermano Carlos, me contaba que en fábrica de Monterrey, le era luego imposible de entenderse con los “paileros” antiguos (así llamaban a los encargados de las calderas), porque ya eran gente de edad que deberían de estar jubilados, pero, como eran cuates de Don Eugenio, no los podían mandar a su casa. Por lo que cuando trataba de hablarles de las nuevas técnicas a aplicar, el pailero antiguo le decía: “Mire ingeniero, entiendo perfectamente lo que usted me dice, pero, yo vengo haciendo mi trabajo desde siempre en la forma como lo hago y usted tiene razón, pero, si usted creen que ya no encajo en la empresa, pues le voy a ir a dar las gracias a Eugenio (resulta que eran conocidos desde la primaria) y entonces me decía mi hermano mejor dejaba en paz al viejito y le se entendía con uno más joven porque sabía que Don Eugenio no iba a permitir el ya anciano trabajador se fuera a descansar y morir a casa. Como este trabajador había muchos en toda la república.

Mi hermano Gerardo, de profesión químico y encargado del control de calidad de la cerveza en la fábrica en la CDM, me cuenta que en una ocasión estaba el revisando el funcionamiento de la infraestructura de la fabricación de cerveza, cuando en eso se le acercó una persona ya de edad (les estoy hablando de finales de 1969) y él se extrañó de verlo dentro de las instalaciones, pero, no dijo nada. Y en eso el señor de edad se le acercó y le comenzó a preguntar sobre el funcionamiento de la maquinaria, a lo que mi hermano, pensando se trataba de algún visitante que se había extraviado en la planta, y educadamente le respondió a todas sus preguntas al señor.

Al rato, en el comedor del sitio, le preguntó a uno de sus compañeros porqué permitían el acceso a gente del público a lugares de tan especiales como era el de la fabricación misma de la cerveza. Su interlocutor le pidió las características de la persona y con ojos de tecolote le dijo: “¡No jodas, Ingram, era Don Eugenio Garza Sada! ¡El dueño de la cervecería!”. Dice mi hermano él rompió a reír porque solo conocía al señor por fotografía y jamás pensó fuese alguien tan sencillo (el martes les recuerdo el motivo de la existencia de la fachosa “Liga” y el más seguro “sopechosismo” del asesinato de Don Eugenio).

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