TANATOLOGIA Y VIDA

¡Doctor me siento muy mal!… Intente perdonar, se va a sentir mejor

Por: Mariana Osorio

Mi abuela solía quejarse de los “achaques de la edad” y me decía “como me ves, te verás” y yo por dentro pensaba ¡ojalá que Dios no la oiga! para que no llegue yo a su edad con todas esas enfermedades… Y tenía razón; a medida que pasaron los años, yo ya no era la misma, me empezó a doler por aquí, por acá y por acullá. Al primer síntoma me fui con el especialista de toda mi confianza, el doctor Google (estoy segura que ustedes lo conocen y también lo han consultado), ahí estaba yo frente a él, me sinceré preguntando: ¿qué me tomo si me duele la espalda de cargar con tanta culpa?, ¿es el insomnio el que me produce los remordimientos que no me dejan dormir?, ¿qué enfermedad me provoca tanta amargura?… Y él me contestó con un artículo titulado “dime qué te duele y te diré que tienes que PERDONAR”. Nos empeñamos en estar enfermos y acudimos al médico sin darnos cuenta que la razón que causa nuestra enfermedad, no es otra que el odio o el rencor. Se nos olvida que en esta vida, todos somos actores y en ese actuar hubo quien me hizo daño y hubo a quien dañe.

Nadie nos enseña a perdonar, en la infancia cuando tienes un conflicto nos dicen “sabemos que te acaban de pegar, pero”… tú eres bueno y le vas a decir que todo está bien, dale la mano, anda PERDÓNALO y ahí vamos sintiéndonos humillados agachando la cabeza haciendo caso a papá. Crecemos pensando que el PERDÓN es un acto, cuando en realidad es un proceso, nos hacen tener que pasar de una  emoción a otra sin antes haber sanado la herida.

Y nos quedamos en nuestros adentros con un cúmulo de sentimientos y emociones: furia, ira, desesperación, impotencia, frustración, rabia, venganza, arrepentimiento, tristeza, odio, amargura, culpabilidad, remordimiento e indignación. Y así con todo eso que en algún momento hemos sentido, vamos alimentando al monstruo que vive dentro de nosotros y se nos olvida alimentar el alma, la que también vive ahí dentro de nosotros.

Nuestra limitada visión de la realidad nos apega tanto a las personas y los bienes, así como vivir en el pasado no nos permiten vivir en el hoy disfrutando de la paz y el amor. Estamos todo el tiempo viviendo en función de lo material olvidando que nada de lo que poseemos nos lo vamos a llevar al morir, ¿por qué me preocupa si no me lo voy a llevar? Somos el resultado de nuestros propios pensamientos, aquello en lo que fijo mi atención es lo que se prolifera. Si odio, vivo en el odio – si amo, vivo en el amor; no puedo vivir en el pasado sintiendo culpas o resentimientos de lo que me hicieron o yo dejé de hacer.

Perdonar es liberar a un prisionero y darnos cuenta que ese prisionero éramos nosotros, condenados a cadena perpetua por rencor. Nos alejamos de nuestros padres o en ocasiones de nuestros hijos, de parientes o amigos, porque no podemos PERDONAR, pensamos que la respuesta está en alejarnos de quien nos hizo daño, pero somos nosotros los que nos alejamos de la vida. Yo sé, se lee fácil, liberar, dejar ir, pero en la práctica es un acto de valentía que pocos se permiten. Preferimos andar por ahí muriendo lento por la rabia que nos provoca  recordar: ¿cómo me corrió después de tantos años de trabajo?, ¡desgraciado, me engañó!, ¡jamás perdonaré tus malos tratos hacia mamá!, ¡abusaste de tu poder y yo no pude hacer nada! Nuestra felicidad no debe estar comprometida ni con nada ni con nadie, depende de nosotros.

Nos negamos el derecho a amar, el que no PERDONA no ama, creemos que si no perdamos  somos nosotros los que tenemos el control sobre el otro y nos reconforta hacerle  recordar lo que nos hizo con los chantajes y reclamos. Mi razón dice que sí, pero mis sentimientos dicen no puedo, el dolor se ha vuelto  sufrimiento… me duele, lo tengo que sacar, lo llevo dentro. Perdonar no es olvidar, perdonar no es aceptar lo que hice o me hicieron, perdonar no es el permiso que le das a alguien para que se siga equivocando o haciendo daño, el PERDÓN es “No tener un sentimiento sobre esa situación”, PERDONAR es curar la herida… “El resentimiento es como beber veneno y esperar que éste mate a tus enemigos” -Nelson Mandela.

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