TANATOLOGIA Y VIDA

Duelo del nido vacío

Por: Mariana Osorio

“El padre es el arco y el hijo es la flecha se tiene que lanzar lo más lejos posible, a su  independencia…” se lee en un verso de los poemas de Khalil Gibran, pero en la vida real la independencia de los hijos carece de un carácter poético, más bien está cargado de un gran vacío  y tristeza.

Es un hecho que nos llena de satisfacción verlos conseguir sus propios logros en la etapa de la independencia, cursar una carrera universitaria, conseguir un mejor trabajo y hasta entregarlos en el altar, pero con esto consiguen hacer que tengamos sentimientos encontrados.  -“estoy feliz por él, pero me siento triste por mí”-.

Nos dedicamos solo a ser padres que cuando vuelan del nido, lo único que nos queda es la interrogante ¿ahora qué voy hacer?, el sentimiento de pertenencia se vuelve más agudo porque cuidar a sus hijos fue su proyecto vida. Comenzamos a experimentar el sentimiento de pérdida y comienza el duelo, el duelo porque los hijos ya no están. “El duelo es el precio por amar a alguien” precio que bien vale pena pagar por un hijo.

En muchos casos el dolor viene de la culpa, – ¿en qué momento creció? ¿Trabajaba yo tanto que me quedé corto con el tiempo que le di?-, piensa un padre que como muchos, ha trabajado toda su vida para ser el sostén de la casa. Nos dedicamos tantos años a ser padres, ahora tenemos que volver a ser pareja, se dice un matrimonio que tiene mucho ya no se miraba, ya no se escuchaba, ya no se tocaba. Y no nada más se manifiesta en los padres, hay hijos con sentimiento de culpa al partir porque piensan -¿cómo voy a dejar a mi mamá si siempre vio por mí?-.

El vínculo tiene que evolucionar con la edad, ahora se establece una relación adulto-adulto, ya no es un niño ni un adolescente, ya es un adulto capaz e independiente y eso es gracias a mí, es lo que debemos de pensar los padres, pensamientos maduros, no –“que nos quita el sueño saber si comió su sopita caliente, si lleva suéter por si hace frío, lo tratará bien su mujer, le alcanzará para pagar las cuentas y si se enferma”… Nos entra la ansiedad y un vacío interior.

Y es que cuando se fue, a la casa llegó la menopausia, la jubilación y una que otra enfermedad, como dicen por ahí “ahora sí todo se nos juntó”. Vivir el duelo del vuelo de los hijos es parte del proceso de ser padres, pero al final serán mis creencias las que determinen cuanto voy a sufrir. Puede comenzar por pensar que la distancia solo impide abrazar pero no impide seguir amando, llenarse de orgullo y satisfacción porque su sana independencia  es gracias a usted. En lugar de andar pensando que la relación se terminará, ya no tendrá tiempo para mí, seguro me va a dejar de querer.

Deje de pensar que nunca va a volver a ser feliz, es momento de hacer lo que en años no pudo, agarre a su pareja de la mano y emprendan nuevos proyectos juntos y si no tiene marido… ¡Mejor! (se nota que la escritora no tiene), es momento de reinventarse, ponerse nuevas metas y objetivos, cultive sus intereses deportivos, sociales, religiosos o culturales.

No olvide que la misión en la vida de los padres, es que los hijos también tengan una vida.

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